Nº 783 - 14 de abril de 2008
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El Principio Esperanza

por Miguel Ángel Aguilar

A la segunda fue la vencida y quedó investido como presidente del Gobierno el candidato José Luis Rodríguez Zapatero. La Cámara le ha otorgado la confianza que solicitaba por mayoría simple, sin que se articularan compromisos previos con otras fuerzas políticas como sucedió, por ejemplo, en 2004 o en 1996 con las consecuencias que derivan para toda la legislatura. Zapatero pasó de la España plural a la España diversa. Exhibió talante, se hizo campeón del diálogo con todos y esforzado partidario del consenso con el PP de Mariano Rajoy. Defendió su gestión de la pasada legislatura. Apuntó las prioridades de la que ahora comienza. Mostró convicción renovada y agotamiento en las últimas horas del martes.

Tuvo enfrente un PP que por primera vez reconocía la derrota después de cuatro años de intentar ganar las elecciones perdidas en 2004 que, en términos futbolísticos, consideraron un partido robado, cuyo resultado nunca quisieron aceptar. Mariano Rajoy aceptó con la desconfianza propia del adversario la mano tendida. Quedó clara la influencia decisiva que el vencedor tiene en el comportamiento del vencido. Parafraseando a Jorge Wagensberg en su libro de aforismos Si la naturaleza, es la respuesta cuál era la pregunta el dilema de qué es antes si el huevo o la gallina se resolvió a favor del huevo, aunque naturalmente no era de gallina. Es siempre el poder quien tiene el poder básico de inducción sobre las actitudes de la oposición.

Desde luego que en la anterior legislatura la lidia de los peperos, envenenados por sus tutores mediáticos –encabezados por Jotapredro en el diario El mundo y Federico Jiménez Losantos en las benditas antenas episcopales–, presentaba graves dificultades. Pero Rodríguez Zapatero y sus asesores áulicos decidieron que la exasperación del PP sería un factor de máxima utilidad para crear un vértigo favorable de gran rentabilidad electoral. ZP aplicó el lema de que el miedo guarda la viña y así quedó plasmado también en los carteles de la campaña electoral en Cataluña: "Si tú no vas, ellos vuelven". El pánico al regreso del PP resultaba tanto más eficaz cuanto más visible fuera la amenaza derivada de comportamientos energuménicos del PP y sus prescriptores periodísticos, que se consideraban muy de agradecer.

Ese recorrido parece agotado. Mariano Rajoy ha optado por formar su propio equipo sin rehuir el combate que desde el primer momento le han presentado quienes figuraban como valedores en el área de los medios de comunicación.

La derrota ha provocado una reflexión. Ahora se trata de situarse en el centro y un PP centrado, ajeno al seguidismo de la conspiración paranoica del 11-M y de la instrumentación de la AVT de Alcaraz, perderá su condición de espantajo aterrador para ser enarbolado por los socialistas. En un ambiente de recuperada concordia, que tampoco requiere el adormecimiento pastelero de un consenso oceánico propenso a otras corrupciones, el presidente ZP tendrá que ensayar otros comportamientos a petición del público.

Ernst Blóch en su libro El principio esperanza escribe que "la razón no puede prosperar sin esperanza, ni la esperanza expresarse sin razón". Esos deberían ser las coordenadas de la nueva legislatura que ahora comienza bajo parámetros económicos muy distintos de la bonanza pasada. Veremos.

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