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Nº 782 - 7 de abril de 2008 |
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La fragilidad de la economía de EE UU (1) por Carlos Berzosa La caída del dólar en los mercados de cambios, la crisis financiera y la amenaza de una recesión en los Estados Unidos cuestionan la supremacía mundial del billete verde. El descenso del tipo de cambio del dólar disminuye el valor de las reservas monetarias de los países exportadores de Asia y Medio Oriente y amenaza la estabilidad de la economía mundial. La crisis económica de Estados Unidos se propaga al conjunto de la economía mundial a través de la pérdida del valor de las reservas de estos países y de la disminución del poder de compra del mercado interior de Estados Unidos, lo que también afectará a las exportaciones en términos cuantitativos, con menos ventas y a menores precios. Todos los indicadores hacen suponer que las cosas irán peor de lo que en principio parecía, aunque los países de la Unión Europea se encuentran en mejor situación que Estados Unidos para afrontar la progresiva desaceleración, y los datos muestran que la situación aquí tiene menos gravedad. El euro, por su parte, tiene cada vez más una mayor presencia en los intercambios internacionales, aunque esto no haya conducido aún a la sustitución del dólar como la moneda principal en las relaciones internacionales, algo que no puede producirse en un periodo de tiempo corto. Los problemas de la economía de Estados Unidos, los de ahora y los de antes, nos deben conducir a hacer unas reflexiones sobre el comportamiento de la economía más poderosa del mundo. Desde los años ochenta, numerosos economistas, ejecutivos y políticos han puesto el modelo de la economía americana como un ejemplo a imitar y a seguir. La creciente liberalización, una mayor flexibilidad, la capacidad de innovación, la creación de puestos de trabajo, contrastaban, según ellos, con lo que se ha considerado la esclerosis del modelo europeo del estado del bienestar y de la rigidez de los mercados. La economía norteamericana cuenta con fuertes y grandes empresas multinacionales, que son las más poderosas del mundo, y otro tanto se puede decir de sus universidades y de su importante contribución a la investigación y al avance del conocimiento. Esa aparente robustez de su sistema productivo y la poderosa capacidad de innovación se han puesto, sin embargo, en entredicho por las numerosas recesiones sufridas desde esos años ochenta hasta ahora. La crisis de los setenta, con las dos recesiones que tuvieron lugar, provocada por la subida de los precios del petróleo, por la creciente competitividad y la disminución de las tasas de beneficio, como consecuencia, entre otras cosas por la pre- Sión salarial, supuso el agotamiento de un modelo de crecimiento de posguerra basado en el pleno empleo, bajas tasas de inflación y mejoras en la distribución de la renta. El final del sistema monetario internacional instaurado en Bretón Woods fue también consecuencia de aquella crisis, que supuso el debilitamiento de la hegemonía de Estados Unidos. La política económica aplicada en Estados Unidos en los años ochenta, basada en supuestos neoliberales, trataba de combatir la crisis intentando restablecer la hegemonía perdida y las tasas de beneficio empresariales, basándose en bajadas de salarios o congelación de los mismos y favoreciendo empleos peor retribuidos que los que se perdían. La expansión habida a partir de 1982 y la disminución del paro es lo que favoreció tanta apología acerca del modelo de Estados Unidos, que daba la impresión de ser más dinámico que el agarrotado sistema europeo. No obstante, este aparente dinamismo y los avances en innovación tecnológica, que restablecían mejoras en la productividad, se vino abajo con la recesión que tuvo lugar al inicio de la década de los noventa, y cuya causa principal fue el excesivo endeudamiento de las familias y las empresas, que condujo a la quiebra a numerosas cajas de ahorro y bancos locales. A su vez la economía de Estados Unidos padecía dos grandes déficit, el de la balanza comercial y el del sector público. Los dos grandes déficit que generaban inestabilidad a escala global y eran el reflejo, por un lado, de la pérdida de competitividad de Estados Unidos frente a Europa, pero sobre todo frente a Japón y los países emergentes de Asia, y por otro, de un crecimiento sustentado en el endeudamiento, privado y público. Así pues, la economía de Estados Unidos no fue tan robusta en estos años 80, sino que el crecimiento desigual que tuvo lugar fue posible no por el sistema productivo, sino por el financiero, que en gran parte se viene abajo, y por el papel hegemónico del dólar que le permite endeudarse con el exterior sin que ello le suponga excesivos problemas por su papel de banquero del mundo a través del dólar. Esta fue la primera recesión vivida con el modelo neoliberal de Reagan y Bush padre. Luego han venido dos más, de las que hablaremos en el próximo artículo. • *Rector de la Universidad Complutense de Madrid. |
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