Más dura será su caída
Le pasó, Mariano Rajoy, la legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero encendiendo la mecha
de la crispación y anunciando en cada esquina que España se nos podía hacer añicos en cualquier momento. Ahora resulta que la crispación la tiene Rajoy inoculada en el interior de su partido y lo que puede romperse es precisamente el PP. El deporte de moda en los medios afines la derecha consiste en ir descuartizando, sin apenas pausa, a Rajoy.
Pocas horas después de su derrota, supo
Rajoy que Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos iban a por él como apoderados de Esperanza Aguirre. Replicó el presidente popular anunciando su voluntad de continuidad y entonces empezó a verse que el supuesto remedio podía ser peor que la enfermedad. Esta primavera –que para el PP culminará en el Congreso de la pretendida consagración de Rajoy como gran líder– el aroma predominante, en el jardín de la derecha, recuerda aquel que impregnó el hundimiento de la UCD hasta su defunción. Y es que el PP corre –tras el 9-M-- ese mismo peligro, aunque pueda tildarse de exagerada la comparación.
En el jardín genovés ha crecido el floripondio del desencanto. "Así, cada día que pasa se pone más de manifiesto el daño que la derrota electoral ha causado al PP, seriamente afligido bajo el aparente maquillaje de sus aceptables resultados", diagnosticaba, hace unos días, Ignacio Camacho en ABC. Y remachaba la gravedad de la situación con esta frase: "Envuelta en querellas internas y pulsos de influencia, con el liderazgo de Rajoy cuestionado desde dentro y desde fuera del partido, la derecha española presenta una importante avería estructural que ha hecho crisis en una batalla fulanista (...)".
Hasta el presente, las deficiencias de Rajoy para ejercer de líder y de candidato a la Moncloa quedaban en cierto modo difuminadas gracias a la tutela de Aznar y al protagonismo de Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, entre otros. Pero actualmente Rajoy –como le ocurría al Rey de la leyenda– está desnudo. Sus defectos emergen con mayor facilidad. Sus miserias las contempla media España y buena parte de la otra media.
En La Razón incluso –que es su diario amigo, al menos porque el director, Francisco Marhuenda, fue estrecho colaborador suyo durante la primera legislatura de Aznar– se habla sin rodeos de que una lista de notables del PP, irritados por las nombramientos internos que ya ha hecho Mariano, puede competir con la de Rajoy. "Ya no se descarta una sorpresa en el Congreso de junio pese a lo arriesgado de la jugada", afirma ese diario.
No parece que ninguno de los nombres elegidos por Rajoy pueda darle la vuelta al marcador, de manera que su imagen de perdedor cambie de sesgo. A Soraya Sáenz de Santamaría le adornan no pocas virtudes. Sin embargo, su fragilidad dialéctica y su escaso olfato político son demasiado elocuentes como para que Rajoy llegue a junio como triunfador indiscutible. Lucia Méndez, que tiene buen ojo clínico, advierte en El Mundo: "No hay espacio en esta columna para describir con adjetivos el cabreo nada sordo ni mudo que existe dentro del Grupo Popular. Rajoy ha logrado toda una proeza. Ha dejado descontentos a diputados de todas las familias, sectores y sensibilidades, edades y procedencia".
Y es que el peor enemigo de Rajoy es el propio Rajoy. Cada uno ha nacido para lo que ha nacido. Y Rajoy, desde luego, no nació para esto. Cuanto más se enroque, más dura será su caída. •
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