Hemeroteca Esta semana
 
Nº 782 - 7/4/2008

Carmela Silva, portavoz del Grupo Socialista en el Senado

"ESPERO QUE ESTA LEGISLATURA TENGA

MENOS CRISPACIÓN"

Ha sido una de las sorpresas que contenía el cuaderno de José Luis Rodríguez Zapatero. La que fuera diputada en el Congreso y delegada de Urbanismo en el Ayuntamiento de Vigo sustituirá esta legislatura al valenciano Joan Lerma. Su militancia política se iniciaba en el Partido Comunista y ha continuado en política
para "conseguir la igualdad". Considera una prioridad la reforma del Senado para convertirlo en Cámara de representación territorial, aunque es consciente de las dificultades para conseguir un amplio consenso que lo permita.

Por Pedro Antonio Navarro
Una sorpresa para usted este nombramiento?
—Pues sí, agradable, pero una sorpresa. Ser la voz de todos los socialistas en una Cámara es algo que no te imaginas. Te satisface mucho.

—¿Cómo se siente con esta nueva responsabilidad?
—Muy ilusionada, muy agradecida a este partido, y no es un tópico. Tengo muy claro que todos los que militamos en el PSOE somos un militante más. Que un día, el Partido Socialista –por tu trayectoria política, por tu capacidad, por la confianza que puedan tener en ti- decide que lo representes. No me siento ni más ni menos que una representante del partido. Me da una enorme satisfacción; a mí me gusta mucho la política, yo creo profundamente en la política. Es loúnico que es capaz de cambiar la vida de la gente. Soy una persona que se considera de izquierdas, y creo que si estás situado políticamente en la izquierda, en el progresismo, sabes que es la política lo único que hace que todos podamos ser iguales.

—¿Cree que vamos a una legislatura con menos crispación?
—Más que creer, espero, y esperar tambiénes bueno; la esperanza, no desde un punto de vista religioso, sino humano. Espero que sí, que esta legislatura tenga menos crispación, que sea una etapa en la que podamos llegar a acuerdos en los temas fundamentales. Creo que a los políticos hay que exigirles muchas cosas, y la primera de ellas es responsabilidad ante la toma de decisiones. Nosotros vamos a hacer esfuerzos, pero la tranquilidad, romper con la confrontación que ha habido en la anterior legislatura depende de otros, en particular, del Partido Popular. Será el PP quien deba tomar la decisión de cambiar ese modelo de hacer oposición que no favorece en nada.

—¿Tenía usted relación previa con Pío García Escudero?
—Lo conocía de venir todos los miércoles a las sesiones de control en el Senado. Es alguien que lleva, se puede decir, toda la vida en política, y lo conocemos todos los que-nos movemos en este ámbito. Personalmente nunca había tenido relación con él.

—¿Piensa que será fácil la relación a partir de ahora?
—Yoespero que sí, que sea cordial. A Pío García Escudero hay que reconocerle que en las formas es amable –lo mínimo exigible a las personas es que seamos amables-, otra cosa es que tengamos convicciones distintas, que las defendamos y que no renunciemos a ellas. Hemos tenido una primera toma de contacto, pero sin ningún tipo de contenido, sólo para conocernos. García Escudero ha sido duro en el contenido, a veces, muy duro, pero en las formas siempre ha medido más, no ha llegado a los extremos que han alcanzado otros portavoces del PP en el Congreso. Aunque esto no depende de Pío García Escudero; depende de una posición del Partido Popular, que tiene que definir una estrategia de oposición De momento, hemos tenido un inicio de legislatura más tranquilo; no ha habido una rudeza como veíamos hace solamente dos meses. Hay que esperar.

—¿Qué ha sucedido para que los nacionalistas periféricos hayan dado su voto a un presidente socialista en el Senado y no hayan hecho lo mismo en el Congreso?
—Ellos mismos lo han dicho. Han planteado que el candidato que el PSOE ha presentado en el Congreso no les convencía, que entendían que estaba enfrentado con los nacionalistas. De todos modos, me parece que el Partido Socialista ha sido muy valiente en mantener lo que defendía. Incluso en campaña electoral, dijimos que si gobernábamos y tuviéramos capacidad para nombrar presidente del Congreso, éste sería José Bono. Le hemos dicho la verdad a la gente, que sabía que íbamos a hacer esto.
No pasa nada por ir a una segunda votación; los procedimientos lo recogen. ¿Por qué ha de salir todo en primera votación y por mayoría absoluta? Eso no hace que sea mejor.

—¿Qué estrategia piensan seguir para conseguir una reforma de la Constitución que lleve a que el Senado, por fin, se convierta en una Cámara de Representación Territorial?
—Creo que está claro que para poder ir hacia esa reforma tenemos que contar con el partido mayoritario de la oposición. Coincido con el presidente del Gobierno en qu es necesario partir del acuerdo y del diálogo, que nos tenemos que sentar sin llevar ninguna mochila. Tenemos nuestra forma de entender cómo hay que hacer las cosas y para qué las queremos hacer. Hay que sentarse, en principio, con la mente abierta a dialogar, y ver hasta dónde estamos dispuestos todos a llegar, qué defendemos y qué cesiones, qué acuerdos se pueden llegar a hacer para, sin renunciar a lo que queremos, intentar llegar a esa reforma constitucional.
No hay legislatura en la que no se plantee que lo prioritario es la reforma del Senado, pero nunca se ha logrado. Creo que en muchas ocasiones ha sido porque ya estaba muy definido y muy perfilado el discurso e incluso el modelo. Creo que nos tenemos que sentar a hablar, y si estamos de acuerdo en que es necesario –yo creo que sí; no hay partido en España que no diga que es necesaria la reforma del Senado-, pasemos del discurso a la acción, y para eso, acuerdo, diálogo y también dosis de generosidad. El PSOE está dispuesto. ¿Qué quiero decir con esto? Que no es tanto quién ha hecho posible –gobernando que se reformara el Senado, sino que es un proyecto de todos, porque es la única forma de que se pudiera llevar a cabo.

—Con el nuevo mapa parlamentario, y la evidente aproximación negociadora a los partidos nacionalistas, ¿seguirá el PSOE haciendo políticas sociales de izquierdas?
—Estoy totalmente convencida de que sí. Las afirmaciones hay que hacerlas siempre basadas en los hechos. En 2004, José Luis Rodríguez Zapatero se presentó con un programa que mucha gente decía que no creía que se fuera a cumplir porque había un enorme gasto en políticas sociales, que se iba a avanzar en derechos y libertades, que se iba a invertir en innovación y en desarrollo; que las políticas de igualdad iban a jugar un papel fundamental en la actuación del Gobierno, y eso fue un compromiso formulado antes de ganar las elecciones, antes de tener que llegar a acuerdos con las otras formaciones de izquierda o con partidos nacionalistas periféricos. Ese compromiso, que es anterior, se cumple, absolutamente todo.
Y hubo que hacer cesiones; en política no es que sea normal, es que es sanísimo hacer concesiones. Hay que dialogar, hay que acordar, incluso teniendo mayoría absoluta. La democracia es participación, y participar no es sólo ir a votar cada cuatro años. Las minorías juegan un papel en democracia. Ahora llevamos un programa todavía más ambicioso, que es continuidad de aquél, pero mucho más ambicioso, y estoy segura de que lo vamos a cumplir. Además, creo que ha quedado otra cosa clara que no es menor, y es que el PSOE dice que tiene que llegar a acuerdos, sacar adelante proyectos, y para eso, tendremos que pactarlos, pero no vamos a renunciar, y se ha visto con la votación del presidente del Congreso. No vamos a acordar solamente con los partidos nacionalistas periféricos (con CiU y con PNV), vamos a acordar con todos los partidos que tienen representación en la Cámara.
Y hemos hecho un guiño muy importante al PP. Les hemos dicho, "queremos acordar con ustedes los grandes temas del Estado"; por tanto, creo que vamos a seguir haciendo una política progresista, de izquierdas, penada para las personas y, además, vamos a dar participación a todos los grupos con representación parlamentaria. Eso sí, desde nuestras convicciones y desde la necesidad de que los proyectos hay que aprobarlos.

—La Ley Electoral ha dado un Parlamento con una exagerada tendencia bipartidista que no se corresponde exactamente con la realidad social, y ha perjudicado, muy especialmente, a la tercera fuerza política del país, Izquierda Unida, ¿estaría dispuesto su partido a poner en marcha una reforma de esa ley que garantizara una mayor proporcionalidad, como están reclamando muchas voces?
—Creo que tenemos que partir en esto de la misma posición que cuando hablábamos de la reforma del Senado. La reforma electoral, no solamente para cambiar el sistema de elección de los representantes, sino, otras muchas cosas que deberíamos reformar en el sistema electoral. Creo que tenemos que partir de un punto sin cerrar ninguna posibilidad.
Es muy difícil entender que vayamos a cambiar el sistema electoral español sin contar con el mayor partido de la oposición, no es posible, al margen de que tuvieras apoyos suficientes; no parece sensato hacerlo.
Todo el arco parlamentario debería tener un cierto acuerdo. Es cierto que cuando elegimos este sistema electoral partíamos de una situación muy complicada. En este país siempre ha existido una situación complejísima con las comunidades autónomas, sobre todo con las históricas, y eso había que tenerlo en cuenta, porque teníamos que pasar de una dictadura a una democracia, y había muchos peligros. Uno de ellos era no acertar con darle el peso a esas comunidades autónomas, y que eso también se reflejara en su representación en el Estado. Aquélla no fue una mala idea. Ahora hay que hacer una valoración, aparte de que ya han pasado 30 años desde que se aprobó aquella constitución; las constituciones no pueden cambiarse cada día, pero tampoco pueden ser unas normas que no se cambien nunca. En lo que se refiere al sistema electoral, hay que darle algunas vueltas, creo que ese debate hay que abrirlo, y estoy segura de que se va a abrir.
Pero no me gustaría que empezáramos ya todos con grandes titulares, con grandes posiciones ya desde el inicio, que luego hacen tan difícil llegar a acuerdos. Porque no son temas menores, son temas para la reflexión, para el rigor, para la tranquilidad. En la política hemos perdido la tranquilidad, decimos grandes frases y ya está; debajo de eso, ¿dónde está la reflexión? Muchas veces nos quedamos en la palabra rápida y en el discurso fácil. Yo tampoco quiero fijar la posición de hacia dónde habría que cambiar el sistema electoral y cómo se elige a los representantes.
Hay muchos temas, por ejemplo las listas abiertas, hay muchas demandas que estudiar, y hay que hacerlo con sensatez y darle reflexión conjunta. •


Hemeroteca Esta semana
© El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril, 37 duplicado 280045 Madrid.
Tfno: 34 91 516 08 14/15/08        E-mail: siglo@elsiglo-eu.com