Nº 782 - 7 de abril de 2008
 
Hemeroteca Esta semana

De Burgos, el chistoso, muy chistoso, sin duda alguna

Antonio Burgos va de chistoso por la vida. Su gracejo dicen algunos que es andaluz, lo que no deja ser un topicazo, pero a él esto le debe recordar los tiempos en los que jugaba a andalucista y hasta escribió, si no recuerdo mal, algún libro contra el centralismo madrileño. ¡Qué paradoja! Burgos ahora ejerce sobre todo de bufón de la corte; corte que, como es sabido, reside en la capital del Reino. Claro que hace años iba de progre o, mejor dicho, de juanista un poco rojo,  ligeramente a la izquierda al menos de José María Pemán y de Don Juan de Borbón, vamos. Estaba adscrito al diario Madrid, el que cerró el Generalísimo con la valiosa cooperación de Fraga Iribarne en un principio y posteriormente de Alfredo Sánchez Bella. Que fuera el hermano del otro Sánchez Bella, entonces jerarca relevante del Opus, el que enviara a freír espárragos a sus cofrades Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán constituye una especie de sainete, que es un género teatral muy andaluz que cultivaron, entre otros, los hermanos Álvarez Quintero.  Carlos Arniches también lo hizo, pero desde una óptica de madrileño castizo y un punto chulesco. Calvo Serer, que era un converso a la democracia, pues practicó el fundamentalismo religioso y franquista durante varias décadas, murió aún relativamente joven, con la Transición casi acabada. También Calvo Serer era juanista, pero se hizo en París muy amigo de Santiago Carrillo y montaron la plataforma democrática. En cambio, Fontán, otro juanista vinculado a la orden de Escrivá de Balaguer, quien llegó a santo con celeridad inaudita tras haber sido efímeramente marqués de Peralta, ha terminado en el PP y hasta fue el instigador del clan de Valladolid, tan apreciado por Aznar, donde estaban los autoproclamados liberales y algunos más bien  exentos de vergüenza.

El gracioso Burgos se ingenió el otro día un título tenebroso para solazar a los lectores de ABC: “Caso Mari Luz, Gobierno de España”. Su artículo se adentraba en el terrible suceso en el que perdió la vida, tras ser presuntamente objeto de los abusos sexuales de un pederasta, la niña onubense Mari Luz. Repasemos hasta qué punto llega Burgos en cuanto a regocijo o demagogia a la hora de abordar asunto tan estremecedor. Verbigracia: “Hay que mirar el almanaque para explicarse esta maniobra en que se carga todo el peso de la opinión pública contra la parte profesional de la Justicia, como si no hubiera un Ministerio del ramo, con su ministro al frente, sí, Bermejo, el que mientras todos estos hechos ocurrían estaba poniendo de dulce su Villa Pascuezo del piso oficial, “echa vino, montañés, que lo paga Luís de Vargas” (y Luís de Varga es usted, señor contribuyente). Hay que mirar al almanaque. El pederasta de Huelva tenía que haber estado en la cárcel desde hacía dos años por una sentencia de abusos a una menor, que era, qué horror, su propia hija. Y ahí está el quid de la cuestión. Hace dos años ya estaba en el poder el PSOE; ya eran los nuestros los responsables políticos de esta inmensa descoordinación entre los poderes del Estado con resultado de muerte, de muerte de una inocente niña”.

Adviértase el giro que toman los razonamientos que distribuye este insigne gacetillero de las letras españolas. La culpa de lo acontecido a Mari Luz la achaca Burgos al Gobierno que preside Zapatero. Igual que hizo el PP en general con las escasas víctimas mortales de ETA durante la legislatura anterior. La responsabilidad de la barbarie de ETA más reciente fue de Zapatero por haber negociado con los terroristas, ejercicio que, fíjense bien, hizo sin sufrir quebranto alguno el Gobierno de Aznar. La capacidad de introducir confusiones perversas en el debate político resulta inconmensurable. He aquí la prosa de Burgos al respecto: “Tomo la moviola y echo a volar la imaginación. Pongamos que a Mari Luz la hubieran asesinado en el 2003, y que su matador hubiese tenido que estar en la cárcel desde 2001. Es que los estoy viendo. Estoy viendo a los tiririmundis de la mangoleta protestando en la entrega de los Goya, poniendo a la gente el corazón en un puño con sus consignas: “Tu hija puede ser la próxima Mari Luz. España no se merece un Gobierno que deja a los asesinos sueltos. Aznar es responsable. ¡Asesinos!”. Y esos teléfonos móviles echando humo con los SMS: “El Gobierno es el asesino político de Mari Luz. Pásalo”. Y esas terminales mediáticas del PSOE, pegando editorialazos en toda la boca al PP por la descoordinación entre jueces, carceleros y policías. Y ya con el personal calentito, la manifestación “espontánea”. Las turbas defensoras de la vida ante el aborto y la eutanasia (¡por aquí!), preocupadísimas ahora por la muerte de Mari Luz y los pederastas sueltos. Y todos, casualmente, autoconvocados, llegando en tropel ante Génova 13, pertrechados con una pancartería absolutamente improvisada, en la que llevan miles de cartelones con dos fotos iguales, la de Aznar y la de Santiago del Valle, unidos por un lema: “Los dos mataron a Mari Luz”. Y el clamor habitual de la concentración (…)”.

Así construye sus historietas Antonio Burgos, mezclando  basura y una dosis desbordante de poco discutible infamia. Debe ser divertidísimo elucubrar sobre un crimen tan vil como el de Mari Luz con el fin de presentar a la izquierda como si estuviera constituida por una pandilla de mal nacidos. Sí, ciertamente, Burgos es un chistoso; muy chistoso, sin duda alguna.

Luis G. del Cañuelo

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