De Burgos, el chistoso, muy chistoso, sin
duda alguna
Antonio Burgos va de chistoso por la
vida. Su gracejo dicen algunos que es andaluz, lo que no deja ser un topicazo,
pero a él esto le debe recordar los tiempos en los que jugaba a andalucista y
hasta escribió, si no recuerdo mal, algún libro contra el centralismo
madrileño. ¡Qué paradoja! Burgos ahora ejerce sobre todo de bufón de la corte;
corte que, como es sabido, reside en la capital del Reino. Claro que hace años
iba de progre o, mejor dicho, de juanista un poco rojo, ligeramente a la
izquierda al menos de José María Pemán y de Don Juan de Borbón, vamos. Estaba
adscrito al diario Madrid, el que cerró el Generalísimo con la valiosa
cooperación de Fraga Iribarne en un principio y posteriormente de Alfredo
Sánchez Bella. Que fuera el hermano del otro Sánchez Bella, entonces jerarca
relevante del Opus, el que enviara a freír espárragos a sus cofrades Rafael
Calvo Serer y Antonio Fontán constituye una especie de sainete, que es un
género teatral muy andaluz que cultivaron, entre otros, los hermanos Álvarez
Quintero. Carlos Arniches también lo hizo, pero desde una óptica de madrileño
castizo y un punto chulesco. Calvo Serer, que era un converso a la democracia,
pues practicó el fundamentalismo religioso y franquista durante varias décadas,
murió aún relativamente joven, con la Transición casi acabada. También Calvo
Serer era juanista, pero se hizo en París muy amigo de Santiago Carrillo y
montaron la plataforma democrática. En cambio, Fontán, otro juanista vinculado
a la orden de Escrivá de Balaguer, quien llegó a santo con celeridad inaudita
tras haber sido efímeramente marqués de Peralta, ha terminado en el PP y hasta
fue el instigador del clan de Valladolid, tan apreciado por Aznar, donde
estaban los autoproclamados liberales y algunos más bien exentos de vergüenza.
El gracioso Burgos se ingenió el otro día
un título tenebroso para solazar a los lectores de ABC: “Caso Mari Luz, Gobierno
de España”. Su artículo se adentraba en el terrible suceso en el que perdió la
vida, tras ser presuntamente objeto de los abusos sexuales de un pederasta, la
niña onubense Mari Luz. Repasemos hasta qué punto llega Burgos en cuanto a
regocijo o demagogia a la hora de abordar asunto tan estremecedor. Verbigracia:
“Hay que mirar el almanaque para explicarse esta maniobra en que se carga todo
el peso de la opinión pública contra la parte profesional de la Justicia, como
si no hubiera un Ministerio del ramo, con su ministro al frente, sí, Bermejo,
el que mientras todos estos hechos ocurrían estaba poniendo de dulce su Villa
Pascuezo del piso oficial, “echa vino, montañés, que lo paga Luís de Vargas” (y
Luís de Varga es usted, señor contribuyente). Hay que mirar al almanaque. El
pederasta de Huelva tenía que haber estado en la cárcel desde hacía dos años
por una sentencia de abusos a una menor, que era, qué horror, su propia hija. Y
ahí está el quid de la cuestión. Hace dos años ya estaba en el poder el PSOE; ya
eran los nuestros los responsables políticos de esta inmensa descoordinación
entre los poderes del Estado con resultado de muerte, de muerte de una inocente
niña”.
Adviértase el giro que toman los
razonamientos que distribuye este insigne gacetillero de las letras españolas.
La culpa de lo acontecido a Mari Luz la achaca Burgos al Gobierno que preside
Zapatero. Igual que hizo el PP en general con las escasas víctimas mortales de
ETA durante la legislatura anterior. La responsabilidad de la barbarie de ETA
más reciente fue de Zapatero por haber negociado con los terroristas, ejercicio
que, fíjense bien, hizo sin sufrir quebranto alguno el Gobierno de Aznar. La
capacidad de introducir confusiones perversas en el debate político resulta
inconmensurable. He aquí la prosa de Burgos al respecto: “Tomo la moviola y
echo a volar la imaginación. Pongamos que a Mari Luz la hubieran asesinado en
el 2003, y que su matador hubiese tenido que estar en la cárcel desde 2001. Es
que los estoy viendo. Estoy viendo a los tiririmundis de la mangoleta
protestando en la entrega de los Goya, poniendo a la gente el corazón en un
puño con sus consignas: “Tu hija puede ser la próxima Mari Luz. España no se
merece un Gobierno que deja a los asesinos sueltos. Aznar es responsable. ¡Asesinos!”.
Y esos teléfonos móviles echando humo con los SMS: “El Gobierno es el asesino
político de Mari Luz. Pásalo”. Y esas terminales mediáticas del PSOE, pegando
editorialazos en toda la boca al PP por la descoordinación entre jueces,
carceleros y policías. Y ya con el personal calentito, la manifestación
“espontánea”. Las turbas defensoras de la vida ante el aborto y la eutanasia
(¡por aquí!), preocupadísimas ahora por la muerte de Mari Luz y los pederastas
sueltos. Y todos, casualmente, autoconvocados, llegando en tropel ante Génova
13, pertrechados con una pancartería absolutamente improvisada, en la que
llevan miles de cartelones con dos fotos iguales, la de Aznar y la de Santiago
del Valle, unidos por un lema: “Los dos mataron a Mari Luz”. Y el clamor
habitual de la concentración (…)”.
Así construye sus historietas Antonio
Burgos, mezclando basura y una dosis desbordante de poco discutible infamia.
Debe ser divertidísimo elucubrar sobre un crimen tan vil como el de Mari Luz
con el fin de presentar a la izquierda como si estuviera constituida por una
pandilla de mal nacidos. Sí, ciertamente, Burgos es un chistoso; muy chistoso,
sin duda alguna.
Luis G. del Cañuelo |