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Nº 781 - 31 de marzo de 2008

Alonso lidera la nueva corte de ZP

 

Querido Toño


Es su segunda legislatura. Su segundo Gobierno. Y ya no es ningún novato. Esta vez Zapatero va a elegir con total soltura a los miembros de su nueva corte. Y, tal vez para demostrarlo, ha escogido al mejor amigo que tiene entre su actual equipo como abanderado del que lo acompañará hasta 2012. Aunque José Antonio Alonso tendrá que dar un vuelco a la fría imagen que hasta ahora ha proyectado y transformarse en brillante portavoz y eficaz negociador, su designación ha sido la primera señal del presidente sobre qué tipo de dirigentes quiere a su lado. Para controlar economía y terrorismo tiene señalados algunos nombres de la casi extinta vieja guardia, pero casi todo el nuevo mapa de poder del PSOE aparece cubierto por genuinos zapateristas. Rondan su edad, están preparados y ya no tienen ningún complejo.

Por Inmaculada Sánchez

Es muy comunicativo, aunque no lo parezca”. Verdaderamente, José Antonio Alonso, flamante portavoz parlamentario del PSOE en el Congreso, habrá de convencer a la mayoría de que esta apreciación, realizada a El Siglo por un diputado socialista que ha convivido muy cerca del todavía ministro de Defensa en funciones durante la anterior legislatura, es cierta.

En verdad, la decisión de José Luis Rodríguez Zapatero de recurrir a su amigo de la infancia y juventud para un puesto que requiere grandes dosis de carisma mediático y cintura política ha sorprendido a más de uno dentro del PSOE.

“Aunque públicamente se conozcan poco sus debates, en la pelea política puede sorprender”, añade la citada fuente, convencida de que el presidente ha hecho una gran elección. Quienes aplauden, como este parlamentario, la decisión de Zapatero se encuentran dentro de lo que en el PSOE comienza a percibirse como el nuevo poder emergente en el partido. Esto es, los zapateristas “con carné”, como algunos ya los llaman, aludiendo a su antigüedad en la fidelidad al líder. La reciente victoria del 9-M los ha consagrado.

Que el presidente quiera contar en primera línea del delicado frente parlamentario con alguien tan cercano, prescindiendo de conocidos veteranos en estas labores está resultando altamente significativo para quienes analizan la forma de gobernar de Zapatero. Según sus conclusiones debemos prepararnos para la eclosión, ya sin rémora interna alguna, de la gente de auténtica confianza del presidente. Y José Antonio Alonso, Toño, sería el paradigma de este nuevo ejército.

“Juntos, lo que hacen es reirse. El presidente le hace reir mucho a Alonso”, desvela un privilegiado testigo de los encuentros de ambos, para pasmo de más de uno. Desde que el líder socialista decidiera embarcar en su asalto al poder a su compañero de correrías –políticas y sociales– de los entusiastas años de facultad en la universidad de León, Zapatero ha encontrado un imprescindible interlocutor para sus análisis políticos en el ex magistrado.

Discreto –”sus carteras de Interior, primero, y Defensa, después, así lo requerían”, aseguran quienes saben de su versatilidad–, y conocedor de la primera línea polìtica –también por sus destinos ministeriales– ha aceptado esta “bajada de escalafón” porque el presidente le ha dado responsabilidad en materias de primer orden en la legislatura.

Aunque todo parece indicar que al frente del Ministerio de Justicia continuará Mariano Fernández Bermejo, será responsabilidad de Alonso tejer el acuerdo que haga posible la renovación del Consejo General del Poder Judicial o el desbloqueo del Tribunal Constitucional, frentes institucionales que pueden resultar cruciales para dibujar el ambiente y el mapa del nuevo curso parlamentario.

El hecho de que Alonso haya pasado por Interior, cuando su primer destino “natural” era el Ministerio de Justicia, y haya estado presente en la gestación de las conversaciones con ETA le dota, además, de una pátina de “iniciado” que pocos pueden arrogarse en estos momentos de “recambio” de figuras en el PSOE. Su bagaje, pues, ya puede equipararse al de algunos “veteranos”, como Alfredo Pérez Rubalcaba o José Enrique Serrano, dos de los que, en su día, cuando un Zapatero impelido a formar gobierno tras su inesperada victoria de 2004 buscaba nombres para los puestos clave de la nueva Administración, le fueron sugeridos por el “experto” Felipe González.

El presidente ya no necesita consejos “paternos” y, al tiempo que intenta retener a Rubalcaba, sin ascenderle, y a Serrano, pero alejado de Moncloa, parece querer dar renovado juego a aquellos de los que más se fía –y que le han demostrado fidelidad estos últimos cuatro años– pero sin proclamar ningún “campeón” por encima de los demás.

En esta lógica se inscribiría, también, la posible reducción de competencias de la vicepresidenta. De la Vega ha logrado retener la portavocía del Gobierno pero el nombramiento de Alonso podría llegar a hacerla sombra, dada la sensible cercanía del ex ministro al presidente, y, si se confirman recientes especulaciones sobre el futuro del actual Jefe del Gabinete de Presidencia, el citado Serrano, también podría ver limitadas sus actuales funciones de coordinación ministerial.

Zapatero no da puntada sin hilo y, a la vera de Alonso, ha querido mantener a otro dirigente que, pese a su origen felipista, ha logrado “colarse” en la nueva corte socialista gracias a su conocimiento del País Vasco y su abierto análisis del problema territorial. Se trata de Ramón Jáuregui, que repetirá en la legislatura que arranca esta semana como número dos del grupo parlamentario socialista, cargo que ocupó durante toda la anterior legislatura, primero con Rubalcaba y, después, con López Garrido.

Junto a ambos se mantiene la genuína zapaterista Mamen Sánchez, diputada gaditana y eficaz adjunta desde 2004 al tiempo que ascienden el catalán Daniel Fernández, hombre de confianza de José Montilla, de quien fuera jefe de gabinete en sus tiempos de alcalde, y la asturiana Mariví Monteseirín, dentro de la “cuota feminista” que tanto cuida el presidente.

Un cuarteto con impecable expediente zapaterista y cuidada representatividad territorial: el “amigo Toño” estará apoyado por un vasco, una gaditana y un catalán, además de una asturiana. El Senado lo ha dejado para José Blanco, el otro gran reforzado tras el 9-M.  Suya es claramente la elección de la senadora gallega Carmen Silva, hasta ahora poco conocida fuera de Vigo, donde ejerce de concejala, como primera portavoz femenina de los socialistas en la Cámara Alta pero también parece dejarse ver su mano  en la designación de su número dos.

Se trata de Ruth Porta, quien fuera mujer de confianza de Rafael Simancas,  el ex secretario general de los socialistas madrileños que dimitió tras los nefastos resultados de su partido en las elecciones municipales y autonómicas de 2007.

El tamayazo –la traición de los diputados autonómicos Tamayo y Sáez, que habían sido elegidos en las listas del PSOE a la asamblea madrileña–, que impidió a Simancas ser presidente de la Comunidad de Madrid, generó una complicidad entre Blanco y los simanquiscas, como parte perjudicada del escándalo, que algunos perciben aún viva a pesar a la renovación de líderes en el socialistmo madrileño. La sorprendente elección de Porta parece darles la razón y, confirmar, por otro lado, que cada vez queda menos sitio para quienes no comulguen con Zapatero y sus más cercanos.

El día en que José Antonio Alonso iba a ser designado oficialmente nuevo portavoz en la primera reunión de diputados y senadores socialistas, el miércoles pasado, el todavía ministro en funciones no tuvo reparo alguno en llegar al Palacio de la Carrera de San Jerónimo en el coche oficial del Presidente acompañando a su amigo, José Luis Rodríguez Zapatero. Juntos se bajaron del vehículo entre sonrisas y a la vista de todos. La confianza es la clave de la nueva etapa. El presidente ya no tiene que justificarse con nadie. Los suyos son los suyos. Y los demás, no se sabe.

LA FUERZA EMERGENTE DEL PSOE

Por Antonio Sarrión

T odo el mundo sabe que si tengo oportunidad de formar gobierno otra vez contaría con Teresa Fernández de la Vega y con Pedro Solbes en las responsabilidades que tienen ahora”, confesaba el presidente del Gobierno en funciones, José Luis Rodríguez Zapatero, al diario Público, poco antes de la celebración de las pasadas elecciones generales. Es una de las escasas pistas, junto con su predilección por José Bono para ocupar la presidencia del Congreso, que Zapatero ha ofrecido hasta ahora acerca de la confección de su nuevo equipo de gobierno y de distribución cargos de confianza.

Poco se sabe sobre las intenciones que alberga en este sentido, más allá de la confirmación de que el nuevo Ejecutivo mantendrá la paridad entre hombres y mujeres. Con uno de sus pilares más firmes, y también íntimo amigo personal, José Antonio Alonso, Zapatero daba una sorpresa relativa al colocarlo al frente del grupo parlamentario, tras emplear cinco largas horas en convencerlo de su idoneidad para ese puesto. El propio Alonso siempre ha confesado que donde cree que podría resultar de mayor utilidad, caso de formar parte del Gobierno, sería en el Ministerio de Justicia.

Con Javier Rojo confirmado en su presidencia del Senado, la novedad inesperada ha venido con la propuesta de la diputada gallega Carmela Silva para que ejerza las labores de portavoz del grupo en la Cámara Alta a Joan Lerma, que está presidiendo la Gestora, previa al inminente congreso regional, de una de las federaciones socialistas más conflictivas, la del País Valenciano, donde los socialistas no levantan cabeza desde 1995.

Además de José Antonio Alonso, el papel de los otros hombres fuertes del Gobierno parece asegurado. Alfredo Pérez Rubalcaba, si así lo decide finalmente él mismo, y Jesús Caldera, continuarán, aunque en el caso de Caldera, se especula con que podría dar el salto a una cartera de mayor peso político. Tampoco parece peligrar la situación de los ministros que fueron nombrados al final de la pasada legislatura. Bernat Soria, César Antonio Molina, Mercedes Cabrera, Mariano Fernández Bermejo y Carme Chacón llevan poco tiempo, aunque, tratándose de simple especulación, existen algunos matices, según los casos. Algunas voces analizan que el perfil del ministro de Justicia podría resultar algo duro para desarrollar una estrategia de búsqueda de consenso en materias como la renovación del Consejo General del Poder Judicial, o que la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, pese a haber recogido una herencia con la que poco ha podido hacer en estos meses, está al frente de un departamento que obtiene mala nota.

El caso de Carme Chacón es diferente. Ella ha conseguido dar un impulso imprevisto al Ministerio de Vivienda y, además, se ha consolidado como uno de los valores políticos en alza, tanto en el plano nacional, como en el PSC. A esto hay que unir los históricos resultados electorales cosechados por los socialistas en Cataluña, lo que reforzaría aún más su posición, por lo que la rumorología de estos días la sitúa en un puesto en el Gobierno más lucido y con mayores cuotas de responsabilidad.

Ella es la representante más visible de una nueva estirpe de líderes socialistas cercanos por edad y generación al presidente que llevan tiempo colaborando en primera línea en el diseño de la estrategia del partido y de la acción de gobierno, pero no es la única. Entre estos nuevos valores o, al menos poco conocidos para la mayoría, está surgiendo con insistencia en medios periodísticos la figura de David Vegara, hombre de confianza de Pedro Solbes, secretario de Estado de Economía y número tres del Partido Socialista de Catalunya –circunstancia que también puede reforzar su posición–.

Otro valor en alza es la secretaria de Economía y Empleo, Inmaculada Rodríguez-Piñero, a quien entrevistamos en este número que, a nivel institucional ha dado el salto a la política nacional, obteniendo por primera vez un escaño en el Congreso de los Diputados. Su nombre, al igual que el de Vegara, suena con fuerza en las tradicionales quinielas previas a la formación de un gobierno como firme candidata a una cartera de claro contenido económico.

En este proceso han salido reforzadas también varias figuras secundarias del partido, como la secretaria de Relaciones Internacionales del PSOE, Elena Valenciano, la secretaria de Estado para Inmigración, Consuelo Rumí, la secretaria de Estado para Iberoamérica, Trinidad Jiménez –quien sigue perteneciendo al círculo de los más próximos al presidente- o, el también amigo personal de Zapatero, Miguel Sebastián, a quien se augura un retorno a la primera línea después del favor y del sacrificio que asumió aceptando la patata caliente de encabezar la candidatura socialista al Ayuntamiento de Madrid en las pasadas elecciones municipales, asumiendo el suicidio de enfrentarse a Alberto Ruiz Gallardón.

Leire Pajín, la más joven de las figuras emergentes, también consolida posiciones. Algunos vaticinan que aún es pronto para su entrada en el consejo de Ministros, aunque otros analistas apuestan por un desdoblamiento de la actual estructura del departamento de Moratinos, que podría desgajar Cooperación de Exteriores, y que ese puesto estaría destinado a Pajín.

Nombres como el de Víctor Morlán, que presenta las credenciales de su activo trabajo en la solución de la cuestión de las infraestructuras catalanas, podría cubrir la “cuota aragonesa” de una comunidad que le ha dado al PSOE ocho diputados nacionales y que ha obtenido una victoria nítida sobre el PP en las tres circunscripciones electorales. También de esta comunidad emana con vigor la trayectoria de Eva Almunia que, en alguna ocasión ha sonado como un posible recambio, si se diera el caso, de Mercedes Cabrera, al frente de Educación.

Otro de los nombres que suenan con fuerza estos días, más, si cabe, debido a su condición de “persona de confianza” del nuevo portavoz parlamentario, José Antonio Alonso,  es el de la actual Secretaria de Estado de Defensa en funciones, Soledad López Fernández, primera mujer que llega a ocupar este puesto y que, de ser ciertas las apuestas que circulan sobre ella, podría convertirse en la primera ministra de Defensa de España. En cualquier caso, su generación, trayectoria y estilo de trabajo la sitúan al lado de los nuevos valores del PSOE zapaterista sea en el puesto citado o en otro.

En las apuestas, incluso no falta quien sitúa al secretario de Organización, y número dos del partido, José Blanco, fuera de este trabajo interno para pasar a formar parte del nuevo gabinete de Zapatero, aunque esto generaría un problema logístico de envergadura, ya que no se ve un fácil sustituto para las funciones que está desempeñando en la actualidad. Y aunque no es uno de los personajes mediáticos con mayor capacidad de encantamiento, en la formación hay un alto nivel de satisfacción con su trabajo, por lo que se ha convertido en otro de los grandes beneficiados de este proceso.

También se da por casi seguro el retorno a la política nacional de Juan Fernando López Aguilar. La federación canaria esgrime los buenos resultados obtenidos en el archipiélago, y el argumento de que el ex ministro de Justicia –sacrificado en la batalla autonómica, donde convirtió al PSOE en la fuerza más votada- sería más útil haciendo política en Madrid que siendo el jefe de la oposición en el Parlamento Canario -Coalición Canaria y PP suscribieron un acuerdo de gobierno que dejó al PSOE en la oposición.

El hábito del monje o la monja, por Enric Sopena


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