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AGUA VA...
Ramón O'Pina
Nº 781- 31 de marzo de 2008
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Naranjas de la China

Llevo tiempo diciéndolo (y no quiero ser gafe): los Juegos Olímpicos de Pekín están tocados del ala. Un saldo de medallas. Un fracaso. En el peor de los casos ocurrirá algún desastre natural, y lo más natural que ocurra es que entre unos y otros (tibetanos; atletas individualmente y/o políticos con exigencias morales que rechacen participar; boicots mediáticos; riesgos de contaminación atmosférica...) se carguen el juguete. Claro que, para juegos ya tenemos bastante con el juego de las bolsas y mercados financieros (hipotecas caca; malabarismos de los bancos centrales; precio del petróleo; desplome del dólar...) en caótico desmadre, a rastras de una pandemia económica mundial que amenaza con llevarse por delante Estados del Bienestar, atracones de consumo, dinero fácil, lujo, y montes de orégano. Y la mayor parte de la culpa la tienen los chinos. Bueno, esos cuantos nuevos millonarios chinos que exprimen a esos muchos millones de chinitos que se dejan la piel fabricando, a precio de ganga, todos los trapos y cachivaches, de poner y tirar, imprescindibles (sic) para que podamos disfrutar de nuestra avanzada forma de vida occidental. He conocido algunas de las mayores mega metrópolis de esos mundos de dios (millones y millones de vecinos de una misma ciudad) pero la sensación de densidad humana, de laboriosa colmena, de trepidante hormiguero que sientes en Hong-Kong es única e incomparable (y ya las hay peores en la nueva China olímpica). De mi infancia recuerdo las huchas del Domund con forma de cara de un chinito, al tiempo que se cantaba aquello de: "Los chinitos, de la China, cuando no tienen que hacer: tiran piedras a lo alto, y dicen que va a llover". Pues va a ser que acabaron con todas las piedras y hoy día no paran de trabajar y hacer cosas. Si continúan así, mal: mandan al paro hasta a los mismísimos sindicatos occidentales. Y si paran, peor: sólo nos quedaría la India como fuente de esclavitud laboral (sic) a nuestro servicio. En fin, que con lo que está cayendo por esos mundos y pedanías, el que no se consuela es porque no quiere. Mira tú nuestro bien amado Rouco. Un exitazo de procesiones de Semana Santa en Madrid (al paso del Medinaceli), y el sigue tan desconsolado como antes de las elecciones. Será que le llevan los diablos ver (oír) que los santos de su COPE asustan menos que un coco de plastilina. Y en tanto, los diputados van recogiendo sus nuevas actas y se anuncian los primeros y segundos nombramientos de ZP, a la espera del momento procesal para la foto del nuevo Gobierno al completo y la liturgia de investidura. La oposición: missing. Ni está, ni se la espera hasta la víspera del verano, tras la batalla de su congreso re-fundacional. Sí, así como suena. Rajoy presentará su candidatura y cohorte de leales en el último momento. Igualmente harán los otros: sus rivales. ¿Que quiénes son los otros? Los de siempre. Las esencias del parido aznarista, imperante en la sombra. Un tormento, chino. •

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