F abián
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Nº 781

31/3/2008

Interculturalidad y federalismo

Esta semana inicia sus colaboraciones en las páginas de EL SIGLO José Antonio Pérez Tapias, diputado del PSOE por Granada y portavoz de la corriente de opinión Izquierda Socialista. El también escritor de ensayos filosóficos y de pensamiento político acudirá a su cita con los lectores una vez al mes. Bienvenido.

Constitución de las Cortes, discurso de investidura, formación del Gobierno: arranca la IX Legislatura de nuestra democracia. Es la hora en que José Luis Rodríguez Zapatero, como candidato a la Presidencia del Ejecutivo, ha de proceder a traducir a medidas de gobierno el programa con el que el PSOE ha alcanzado la victoria electoral. Previsiblemente, buena parte del discurso del candidato lo ocuparán las políticas sociales y el compromiso por seguir avanzando en igualdad entre varones y mujeres. Cabe pensar que eso vendrá precedido de medidas de política económica y que se verá seguido por la invitación al PP para buscar acuerdos que permitan resolver los bloqueos en el terreno de la justicia y recuperar la unidad frente al terrorismo. Los puntos fuertes, en un orden u otro, vienen exigidos por las cuestiones candentes de nuestra realidad. Interesa saber cuáles van a ser los acentos con los que se va a modular una acción de gobierno dispuesta a cumplir un programa, defendido como el que necesita hoy una España plural. Es en lo relativo al tratamiento de esa pluralidad donde se concentran cuestiones del máximo interés.

Los avatares de la campaña y el mismo programa socialista volvieron a traer a los discursos del PSOE las referencias a la España plural, venciendo resistencias al respecto en la última etapa de la legislatura anterior. Ahora no debe retrocederse de nuevo, pues es plural nuestra realidad y toca tomarse en serio esa pluralidad, sabiendo que cuanto me-jor sea tratada, más calidad ética y política alcanzará nuestra convivencia democrática. Quizá sea momento de recordar con Hannah Arendt que la política "se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres" y trata del "estar juntos los diversos". ¿Qué podemos esperar de esta Legislatura en cuanto a convivencia entre los diferentes?

La sociedad española presenta una pluralidad más intensa que antes. Novedad de nuestro tiempo es su diversidad cultural, acrecentada por la inmigración. Eso obliga a adaptar nuestras instituciones, a modular con mayor sensibilidad nuestras leyes, a intensificar el aprendizaje del reconocimiento, a generar condiciones económicas, sociales y políticas para el diálogo entre culturas... Una vez que ya ha perdido vigencia la equiparación entre una sociedad y una cultura con la que habíamos venido funcionando, la pluralidad compleja de nuestra sociedad reclama "políticas de la interculturalidad" en todos los terrenos para que nuestra democracia sea de verdad inclusiva. El camino de la interculturalidad empieza con el desmontaje de prejuicios anclados en el imaginario social, a los que hay que hacer frente en dirección opuesta a la que desde la derecha se ha apuntado cuando se ha pretendido activar, buscando réditos electorales, la xenofobia contra los inmigrantes. El "nosotros" social ya no puede construirse contra los "otros". La alianza de civilizaciones debe empezar en casa.

La otra vertiente de la pluralidad que en España debe cultivarse es lapluralidad de nacionalidades y regiones, dicho sea con fórmula constitucionalmente ortodoxa. El Estado de las autonomías es la respuesta que se ha ido construyendo, desde la Constitución de 1978, a la cuestión nacional –¡de las naciones!– que atraviesa la historia de España: respuesta bien articulada, mejorada a través de las reformas de los Estatutos de autonomía, unas aprobadas y otras pendientes. ¿Respuesta suficiente? Quedan cosas por hacer. No sólo lo dicen los partidos nacionalistas. También se propone en el programa del PSOE ir hacia un autonomismo cooperativo –trasunto del "federalismo cooperativo"– y acometer la reforma del Senado como cámara territorial. Son tareas de contenido federalista y para transitar en esa dirección es necesario esclarecer más hacia dónde se va. Los logros del Estado de las autonomías se ven trabados por la indefinición del modelo y con eso tiene que ver la insatisfacción crónica que los nacionalismos –y detrás los regionalismos– real i mentan. ¿Por qué no liberarnos del tabú que pesa sobre la política española a ese respecto, para clarificar el modelo federal por el que apostamos, con lo que todo federalismo supone de lealtad constitucional? Muchas voces insisten en ello como camino para afianzar la unidad del Estado desde la pluralidad nacional de nuestro país, de la misma manera que reconocer su diversidad cultural lo es hacia una ciudadanía intercultural que hará más justa nuestra democracia.•

Por José Antonio Pérez Tapias*

*Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso

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