F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 781

31/3/2008

Josep Benet

Por Francesc Homs i Molist*

A finales de esta Semana Santa nos ha dejado un hombre clave de la Transición, Josep Benet. Catalanista, de izquierdas y católico. Fue, sobre todo, un defensor de las libertades individuales y colectivas. Y un gran luchador antifranquista. Fue el senador más votado de España en las primeras elecciones democráticas de 1977. Abogado, historiador y político, nos ha dejado con 87 años de vida y un sinfín de libros y documentos de gran valor. El mas reciente, su primer volumen de memorias: De l'esperança a la desfeta, 1920-1939.

Al terminar la Guerra Civil, que vivió como perseguido por los revolucionarios de la FAI por haber sido escolanet de Montserrat y también como soldado derrotado y herido de la quinta del Biberón, Josep Benet temía más que nada la voluntad genocida del franquismo contra Catalunya, su lengua y su cultura. Y por ello, tal y como cuenta en su primer volumen de memorias, el 27 de enero de 1939 cuando el ejército rebelde estaba entrando en el barrio de Sant Andreu de Barcelona –donde vivía–, llora desconsoladamente mientras se compromete a dedicar su vida a un único objetivo: "Trabajar para recuperar la libertad nacional de Catalunya y un régimen democrático para mi pueblo", se dice a sí mismo. Y así ha sido.

Entre su extensa bibliografía hay un libro especialmente estremecedor: L'intent franquista de genocidi cultural contra Catalunya. Es un libro extenso i muy bien documentado sobre la persecución lingüística y cultural del catalán y de Catalunya. Contiene datos y citas de anticatalanismo que, por desgracia, son hoy en día vigentes. Por ejemplo, recoge un artículo de don Manuel Aznar –el abuelo del ex-presidente Aznar– escrito en 1940, donde sostiene que el fin de la Segunda Guerra Mundial "ha de nacer bajo signos absolutamente antiwilsonianos son nos trajo la preocupación de las pequeñas nacionalidades, y tanto envenenó esta doctrina las almas europeas, que en ella encontraron alientos y pujos hasta ciertos catalanes, ciertos vascos, no pocos alsacianos, estonianos, ucranianos y demás fauna separatista".

Es un libro que, por ejemplo, don Mariano Rajoy debería de leer. Entonces, como persona inteligente, se le caería la cara de vergüenza por haber dicho en tantas ocasiones que "el castellano está perseguido en Catalunya, como el catalán lo estuvo en época de Franco". Vería lo que vale un peine. Y se percataría, si tiene un mínimo de sentido común y de sentimientos, que el catalán y la cultura catalana necesitan una larga, constante y permanente compensación.

Pero Josep Benet ha sido también un hombre de izquierdas. Comprometido con la justicia social, el progreso colectivo y la modernización de la sociedad, encabezó como independiente las listas del PSUC en las primeras elecciones al Parlament de Catalunya de 1980, sacando unresultado electoral que nunca jamás los herederos del PSUC han conseguido ni soñar. Aun eso, siempre fue visto con gran desconfianza por buena parte de la izquierda oficial catalana v española. Según me contó en una de las varias visitas que le hice, no le perdonaban que durante la Transición y, especialmente, durante la negociación del Estatut de Sau de 1979, antepusiera el interés catalán a lo que la izquierda fijaba en cada momento como prioridad. Me explicó, por ejemplo, cómo se desarrolló la discusión en el Senado para que la competencia sobre cultura fuese "exclusiva" en favor de la Generalitat. Le miraban, me decía, y no le entendían: "¿Cómo podía ser que un hombre de izquierdas hubiese salido tan nacionalista?". Y ahí está otra demostración de tanta incomprensión disfrazada de pluralidad. De tanta retórica hipócrita y vacía de compromiso. De tanta democracia a conveniencia.

Para no desanimarme, me decía el viejo maestro, es necesario conocer la historia de nuestro país. Llena de contradicciones, de traiciones y de frustraciones. Pero también de avances. "Al menos ahora por ser catalanistas no nos matan", me dijo un día con una sonrisa pícara. •

*Diputado al Parlament de Catalunya por CIU.

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