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Nº 781 - 31 de marzo de 2008
¿Y Europa?

por Santiago Carrillo

N o me asombra que Bush y Aznar sigan reivindicando la tragedia de la invasión de Iraq como una hazaña gloriosa, cuando a estas horas deberían estar haciendo penitencia en el desierto, por sus muchas culpas. No me asombra porque no es sólo que sean muy reaccionarios; son estúpidos y ésa es una enfermedad incurable.

Lo que sí me asombra es que haya políticos y periodistas que hablen de Iraq como de un país que se va normalizando, en el que existen libertades y en el que al cabo de unos años puede estabilizarse una democracia. Iraq no es más que un territorio destruido y ocupado militarmente, no sólo por el Ejército regular norteamericano, sino también por los Ejércitos irregulares de empresas privadas, tanto o más numerosos que el regular y que se dedican al saqueo y al expolio de aquel país. En esas condiciones, las elecciones libres son una farsa y el Gobierno instalado sólo es sostenido por las bayonetas extranjeras.

Más pronto o más tarde, los invasores tendrán que abandonar Iraq, dejando tras de sí ruinas y odios que tardarán mucho en olvidarse. Cuanto más se prolongue la ocupación, será peor. La guerra de Iraq ya no es sólo la guerra contra un Estado. Se ha convertido en una guerra contra el Islam, en una guerra sin fronteras. Hay un lazo que une a lo que formalmente parecen conflictos distintos; entre el conflicto palestino, la guerra de Afganistán y la de Iraq y entre éstas y los problemas internos que padecen diversos países isla-mistas –Líbano, Pakistán– y que en potencia afectan al conjunto del mundo islámico, hay una relacióncargada de peligros. Sólo faltaría que Bush consiguiera extender la guerra a Irán, para que nos encontrásemos en plena contienda entre Occidente y el Oriente islámico.

Los EE UU bajo la dirección de Bush han sufrido ya daños considerables. La crisis financiera que atraviesan hoy es seria; pero las consecuencias económicas de la guerra son probablemente más graves todavía y pueden comprometer seriamente su futuro. Esa guerra es una sima sin fondo, por la que ha comenzado a hundirse el liderazgo mundial que se atribuían las elites políticas de EE UU.

Precisamente, en un momento así cabe preguntarse: ¿y Europa? ¿Acaso existe realmente Europa, o sigue siendo un conjunto de Estados, con una moneda común pero carente de algo tan fundamental como una política propia, autónoma, capaz de expresar la experiencia y la sabiduría de un continente cargado de Historia? Hasta ahora Europa no acaba de encontrar su papel. Y no está claro que sea capaz de encontrarlo. Algunos de sus gestos, no unánimes, han parecido querer frenar lo que sería una tremenda catástrofe. Pero al mismo tiempo sigue participando en la aventura de Bush: enviando tropas, aunque escasas, a los territorios en conflicto, invirtiendo medios económicos, sin acabar de diferenciar claramente su posición de la de EE UU.

Y sin embargo sería muy importante que Europa levantara claramente su voz y ajustase su acción para evitar lo que en definitiva puede terminar siendo la guerra entre Civilizaciones que nadie se atreve a defender, pero que insidiosamente, poco a poco, va siendo real.

Hoy muchos europeos, estamos siguiendo con esperanza y simpatía el fenómeno Obama, que vemos como una profunda toma de conciencia del pueblo norteamericano, que trata de atajar un rumbo catastrófico. Pero Europa no puede esperar pasiva a que EE UU cambie, para después seguirle. Debe tener un papel y una iniciativa propia para lograr el cambio en la política mundial capaz de recuperar y asegurar la Paz. Mientras no haya eso cundirá el euroescepticismo.•

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