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Nº 781 - 31 de marzo de 2008

La guerra de los tres billones de dólares

E I breve suspiro de las vacaciones de Semana Santa pasó mientras el mundo asistía al quinto aniversario del inicio de la invasión de Iraq. El petróleo disparado hacia los 110 dólares/barril, el dólar en caída libre hacia los 1,60 $/Eur., la economía americana sumida en una grave crisis financiera, Bin Laden en paradero desconocido, la amenaza terrorista persistente, el conflicto Israel/Palestina peor que nunca, fracasado el sueño de democratización de Oriente Medio, Irán fortalecido, Iraq descompuesto y la imagen y el prestigio de EE UU gravemente dañados en el mundo.

Ésta es la dura realidad que debe afrontar Bush cinco años después de iniciar una guerra que, según el economista y premio Nobel Stiglitz, habrá costado tres billones de dólares (tres millones de millones de dólares).

Una situación bien distinta de los tres objetivos que se pretendían alcanzar. Dos declarados, derrotar el terrorismo y democratizar Oriente Medio, y uno implícito, garantizar y abaratar el abastecimiento de petróleo. Una mezcla de idealismo y de cinismo que no es una novedad en la historia de la política exterior americana pero que ha alcanzado en Iraq el mayor de sus fracasos.

Y, como si la Historia quisiera poner de relieve ese fracaso, el aniversario del inicio de la guerra ha coincidido con dos acontecimientos que demuestran la falsedad de sus razones y la gravedad de sus consecuencias.
El primero es el informe del Estado Mayor ínter ejércitos de EE UU que reconoce no haber encontrado ninguna relación entre Sadam Hussein y Al Qaeda después de haber analizado mas de 600.000 documentos requisados en Bagdad.

Así pues no había armas de destrucción masiva, ni relación con Bin Laden, las dos razones esgrimidas para justificar la guerra. Entonces convencieron a la opinión pública norteamericana pero ahora la mayoría desea una retirada de Iraq que los candidatos demócratas proponen efectuar entre doce y 16 meses. Pero, aun queriendo, no será nada fácil hacerlo, tanto por razones políticas como logísticas y una retirada apresurada provocaría una segunda catástrofe.

La coalición que EE UU formaron para atacar Iraq al margen de la ONU (esa coalition of the willing, como la bautizaron los neoconservadores americanos) se ha ido reduciendo hasta ser sólo una coalición de dos, EE UU y el Reino Unido, acompañados de un abigarrado grupo de países como Albania, Bulgaria y Mongolia, cuya contribución es tan simbólica como inoperante.

Pero todos pagaremos los costes de esa desgraciada aventura. La estamos pagando ya, porque los costes directos de la guerra de Iraq han contribuido a debilitar la economía norteamericana a través de un petróleo mas caro y mayores déficit públicos.

El segundo acontecimiento al que me refería está conectado con la guerra de Iraq: el hundimiento del dólar en los mercados internacionales empieza a crear unos desequilibrios internacionales importantes.

Pero los que mas directamente han pagado y van a pagar las consecuencias de la guerra, tanto en términos económicos como humanos, son los iraquíes y los americanos.

Unos costes enormes pero difíciles de cuantificar. ¿Cuántos iraquíes han muerto en estos cinco años? Nadie lo sabe. Todos los días se producen sangrientos atentados con decenas de muertos, pero las estimaciones de victimas mortales varían entre las decenas de miles y un millón.

Lo más probable es que nunca sepamos el verdadero coste pagado en vidas humanas por los iraquíes. Debería ser más fácil saber el coste en términos económicos pagado por americanos y británicos. Pero tampoco eso parece fácil.

Antes de empezar la guerra, el entonces secretario de Estado de Defensa D. Rumsfeld estimó su coste en 50.000 millones de dólares (md.). Pero era una estimación tan fantasiosa como las armas de destrucción masiva. La guerra de Iraq es ya la más cara de las guerras de los EE UU, con excepción de la II GuerraMundial.

La estimación más baja de su coste es la que hace la Oficina Presupuestaria del Congreso americano, situándolo en 413.000 md. hasta septiembre pasado. El coste operativo mensual para este año 2008 se estima en 12.000 md. Si a las proyecciones del coste hasta 2017 se suman los intereses de la deuda emitida para pagar esos gastos, la factura se situaría entre 1,3 y 2 billones.

Pero en su reciente libro sobre el coste de la guerra, Stiglitz añade toda una serie de costes directos e indirectos hasta alcanzar los tres billones de dólares. Entre ellos las pensiones a los soldados heridos, que son ya 60.000 directamente repatriados desde el terreno de operaciones.

Stiglitz acaba su libro preguntándose que se hubiese podido hacer con todo ese dinero. Muchas cosas que hubiesen contribuido a que nuestro mundo fuese diferente de cómo es y que la guerra de Iraq ha contribuido mucho a empeorar. Los que la promocionaron y apoyaron, de buena o mala fe, han contraído una enorme responsabilidad ante la Historia. •

José Borrell

*Miembro de la Comisión de Energía (ITRE) del Parlamento Europeo

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