Mucho ruido y pocas nueces
E
n el equipo de Mariano Rajoy se ha colado Esperanza Aguirre. "Yo formo parte del equipo de Rajoy", dijo la presidenta de Madrid hace unos días, con su habitual desparpajo, después de que el líder del PP hubiera frenado como pudo la crisis que le había montado precisamente ella, la lideresa, a través del frente mediático. O sea, a través del dúo de los gurús, compuesto por Pedro J. Ramírez y Federico Jiménez Losantos.
La operación desestabilizadora se puso en marcha minutos después de que el recuento de votos sentenciara que el PSOE había ganado los comicios con cierta holgura, mientras que el PP había perdido por muchos paliativos que intentara suministrarse tratando de amortiguar el dolor de la derrota. Ramírez incluso anunció crípticamente la tangana que se avecinaba, lo que hizo por TVE durante el programa especial de elecciones, aprovechando la ronda de conexiones con los periódicos de Madrid y Barcelona para que sus directores explicaran las portadas del día siguiente.
Aparentemente, el frenesí conspiratorio está contenido, pero no dejan de sonar los tambores –más cercanos que lejanos– advirtiendo que la guerra en el PP continúa abierta. Aguirre no renunciará fácilmente a su sueño de ser la primera mujer en llegar a La Moncloa. Su eterno rival, Alberto Ruiz-Gallardón, ha decidido seguir de alcalde. Es decir, ha lanzado el mensaje de que no abandona la política y se enroca en el Ayuntamiento tras cubrir de alabanzas a Rajoy.
En el equipo de Rajoy quieren estar como sea tanto Aguirre como Gal lardón. Pero, atención, que en Valencia emerge triunfante Francisco Camps, al que Rajoy le lanzó guiños de complicidad entre fallas, falleras, toros, toreros, la aparatosa mascletá y también lacremó, de la que todos procuran huir, naturalmente. El primer quemado ha sido Eduardo Zaplana.
El fondo sur ruge con ira. Ni Ramírez ni Losantos quieren perder su estatus de mandarines del PP o su dimensión gloriosa de king makers, de hacedores de reyes, quitando y poniendo reyes o, al menos, herederos. Hay resentimiento y pesimismo. En los reductos del aznarismo –como es Libertad Digital–, José María Marco, personaje secundario aunque influyente, ha escrito: "Parece que sobre la derecha española hubieran caído de pronto las siete plagas de Egipto, multiplicadas por el Apocalipsis y el libro tibetano de los muertos".
Se oyen las alarmas. Emilio Campmany, hijo del difunto Jaime Campmany, integrante de GEES –que es un grupo de presión de carácter neocon en la órbita de FAES– ha escrito: "Si se van a dejar seducir por la tentación de emprender una especie de nuevo viaje al centro, no deberían olvidar que no hay un caso en la Historia de que la oposición haya ganado las elecciones defendiendo las mismas ideas que el Gobierno".
De momento, controla la situación Rajoy. Dispone teóricamente de dos años; no de cuatro. Su próximo examen, tras el Congreso de junio de 2008, será en 2010, cuando el PP deberá celebrar otro Congreso ordinario. De aquí a entonces, si es que llega Rajoy a 2010 como máximo dirigente de la derecha, necesitará éxitos. Todo lo contrario de lo que le ha pasado en esta última legislatura. Mucho ruido y pocas nueces. Su única victoria fue la de las municipales pero perdiendo abundante poder territorial. Para semejante viaje no se necesitaban, pues, tantas alforjas, repletas por lo demás de sapos, culebras, crispación, insultos y falsedades. En fin, que Rajoy está en la cuerda floja y corre el riesgo de despeñarse. Tiempo al tiempo.•
Enric Sopena |