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AGUA VA...
Ramón O'Pina
Nº 780- 24 de marzo de 2008
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La mona de pascua

Los primeros cristianos, muy romanos ellos, tenían un día para cada cosa y, una vez al año, el sábado de Resurrección, era el día en que se bautizaba a los nuevos fieles nacidos en los últimos doce meses. Aún perdura la tradición y, con un poco de mano y suerte, algunos consiguen bautizar a sus niños la noche del sábado de marras, en una liturgia colectiva memorable que, junto al cirio pascual, celebran en determinadas iglesias. Hay que ver cómo eran los cristianos de entonces: ¡creían en Dios resucitado! Y Dios era, sobre todo, en esencia, amor (se puede traducir por caridad). Yo, si puedo y por amor al espíritu de Manitú, la noche del sábado 22 me hago la caridad de hacer una espera, subido en una encina, e intento apiolar el enorme guarro que tengo localizado entrando a diario a revolcarse en la baña y rascarse luego en los troncos cercanos (las marcas que deja de los navajazos en los troncos están a la altura de un macareno de medalla). Si no, y con mucho gusto, esa noche, mi alternativa de fiesta será la magnifica liturgia del cirio pascual. A ser posible, sin prejuicios, perjuicios, ni mayor consideración sobre los allí enterrados a la espera de la resurrección prejuicio final, asistiré a la liturgia en el Valle de los Caídos, con su espléndido coro gregoriano de protagonista ¡De gozada! Ya puestos a celebrar la Resurrección, y a falta de una de aquellas romerías de antaño por los pueblos castellanos con merienda de hornazo (igual al que aún se come en Salamanca el Lunes de Agua, otro día lo cuento), limonada, rosquillas, mantecadas, garrapiñadas y piñones, me queda la alternativa de la corrida de toros del domingo en Las Ventas. Si el tiempo no lo impide, el ganado cumple y algún torero no se cae del cartel (¿Aparicio?) confío resulte de gloria (y en un tendido bajo de sol, que algo bueno tiene que traer este tiempo de locos que estamos pasando). Claro que para resurrección y puerta grande, Rajoy. No tengo la mas mínima duda de su impotencia para pastorear y poner orden en el rebaño de cabritos que tiene dentro del PP pero, ¡coño!, su arrancada de ultima hora ha puesto muy caro el cotarro. Nos ha salido bravo y no hay suerte de quites, ni cambios en el escalafón, hasta el anunciado festejo (aún por ver si será un mano a mano, y contra quién, o termina encerrándose, el solo, con el desecho de tienta que le suelten). De hecho, si de verdad tuviese lo que hay que tener para ello (para alcanzar el poder y sufrir la soledad del mando), en el anunciado Congreso no solo podría hacerse con los mandos y la investidura de candidato. Podría convertirse en el deseado líder de una derecha moderna y atractiva con el viento a favor para ganar las siguientes elecciones. Podría, sí, pero no sin imponerse; no sin pisar cabezas y hacer sangre. Y eso no lo va a hacer ni en sueños. Es incapaz, sus enemigos lo saben y seguirán puteándole como a un manso maricomplejín, hasta que se raje. Y al resto, haciéndonos la pascua.•

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