Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 780
24/3/2008

Ya la podemos llamar crisis

El miedo a la crisis no ha impedido que se completaran todas las ofertas de viajes en Semana Santa y que no quedara una sola habitación de hotel vacía. Quizás haya sido una reacción ciudadana de huida hacia delante, una especie de desahogo del personal antes de ajustarse el cinturón; como la alegría desbordada del Carnaval que precede a la Cuaresma.

Sin embargo, la crisis está aquí aunque insistamos en llamarla de otra forma: desaceleración, turbulencia, bache o simple precaución. En definitiva, la palabra crisis no se aplica a la catástrofe –la recesión tiene su palabra–, sino a la ruptura de un estatus, de un determinado equilibrio en busca de un nuevo acomodamiento. En todo caso, no deben darnos miedo las palabras y ni siquiera los hechos, sino reaccionar ante los nuevos retos con decisión y con calma. Es el momento de la acción.

La crisis es mundial y, como ha dicho el director del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, el sucesor de Rodrigo Rato tras la espantada de éste, hay que reaccionar globalmente. España ha crecido y ha creado más empleo en 2007 que la media europea pero no podrá sustraerse de lo que pase en Europa y en el mundo.

Según las últimas cifras de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, aunque España ha creado más empleos de la media en la zona euro, también ha sido el país que ha experimentado una baja más acelerada llegando a final del año con un crecimiento cero. El incremento medio alcanzó una buena cifra, el 2,5 por ciento, pero lo que hay que tener en cuenta, más que la media anual,  es la fuerte tendencia a la baja y la caída final. 

Todas las previsiones de crecimiento mundial están sucediéndose a la baja, mientras tanto el FMI como la OCDE llaman la atención sobre los riesgos que nos acechan y prescriben inyectar más dinero al sistema. La crisis ha procedido de Estados Unidos y, como es natural, todos los ojos están puestos en el centro de la economía mundial.  George W. Bush reconoce que “atravesamos por momentos difíciles” pero asegura que “ha tomado medidas decisivas” y que “domina la situación”, pero su palabra no ha tranquilizado a nadie. Lo cierto es que la Reserva Federal ha tenido que salvar a los bancos de su crisis de liquidez sin que les importe mucho mantener los principios más liberales que prescriben el derecho a la quiebra.

La crisis es mundial pero la actuación debe ser local. Así lo ha entendido Zapatero que prepara, como es de ritual  “un plan de choque” cuya necesidad negó durante la campaña electoral pero que será la primera decisión que tome cuando sea investido como presidente dentro de un par de semanas. Pedro Solbes ha aprovechado la Semana Santa para ultimar el plan de choque que deberá dar prioridad al empleo sin olvidarse de la inflación.  Al vicepresidente económico in pectore no le entusiasman los planes ni los choques, pero comprende la utilidad política de hacer una oferta que tenga cierta espectacularidad, tal como le gusta a su presidente. Habrá pues, si no plan de choque o de ataque, al menos paquete en el que se incluirán algunas de las medidas anunciadas en campaña y alguna otra que el vicepresidente meditará en su retiro alicantino.             

En el paquete entrará por supuesto el regalo de los 400 euros, que es una promesa electoral. Todos los contribuyentes recibiremos en junio 200 euros y los otros 200 antes de terminar el año. Su repercusión en la actividad económica será prácticamente inapreciable pero, ¿quién pone reparos a un regalo? Esta será la primera medida que aprobará el primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno, que se celebrará probablemente el 11 de abril. Es de suponer que ese sea el momento de lanzar el Plan de Choque.

Más interesante me parece el programa para recolocar parados que se le ocurrió a Caldera cuando era ministro de Trabajo. El plan Caldera prevé ayudas de 350 euros mensuales durante tres meses para parados sin protección, además de complementos para vivienda, guardería y transporte y la contratación de 1.500 “orientadores de empleo” para reconducir a los parados a un puesto adecuado.

Sin embargo, Zapatero no olvida que, nos guste o no nos guste, el primer productor de empleo es el ladrillo y éste será el sector que recibirá las primeras atenciones compensando con la licitación de infraestructuras el parón de la vivienda. Paro eso está el superávit, que ya Solbes ha advertido que podría convertirse en déficit. Pero bendito sea si el ahorro público cumple su función anticíclica. No obstante, también se tomarán medidas para estimular la construcción de viviendas, aumentando las de protección oficial,  tratando de alargar el plazo de las hipotecas y abaratándolas  en lo posible. En lo que a la inflación se refiere, el Gobierno tratará de que se aumente la competencia y creará un Observatorio de Precios, que es a lo que siempre se recurre cuando no se puede resolver un problema. Las medidas aludidas tendrán una eficacia limitada pero peor es no hacer nada.

José García Abad

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