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Nº 779
17/3/2008

Putin o la rotundidad del poder

A ntes de ser de nuevo primer ministro, actuando como presidente en funciones tras haberlo sido efectivo al frente de la Federación Rusa, Putin vuelve a hablar con claridad en Moscú, reunido en rueda de prensa con la canciller Angela Merkel. Nadie lo va a tener más fácil con Dmitri Mevdevev, ha dicho, algo innecesario porque al menos por ahora no parecen detectarse discrepancias entre ambos personajes. Una vez más ha condenado la política de expansión hacia la Europa del Este de la OTAN, que considera inoportuna, perjudicial y contraproducente, que sólo incrementará el potencial de conflictos, como si la OTAN quisiera suplantar a la ONU. Después de las elecciones de diciembre de 2007 las preguntas se amontonan, tanto sobre el futuro de Rusia como sobre el porvenir de Putin y la profundidad de su influencia. A la vista de los resultados electora les, la coyuntura energética y la per sonalidad de Putin, no es probable que su era haya acabado ya. Por su continuidad al frente del país o de su Gobierno ese constante plebiscito sobre Putin hace indagar sobre la solidez y la permanencia de la red de poder que representa, así como por la virtualidad de la democracia en Rusia. La euforia por los altos precios del petróleo y el gas, la ilusión de la coyuntura, no ayuda en los análisis.

La Rusia de Putin tiene una imagen aceptable, indudablemente mejor en Rusia que en Occidente. Que sus capitales traten de no irritar a los dirigentes rusos para no dañar relaciones con Moscú contribuye a fortalecer la idea de una Rusia más poderosa, inevitable relacionarse de manera amigable con ella aun olvidando los déficits en la libertad y la democracia y las eventuales tentaciones de reencarnar una especie de nueva Guerra Fría. A Rusia le hacía falta el líder que se identificara con la recuperación nacional, y ese líder es Putin, tanto un estilo como una persona; Putin en la posición que sea, dejando de lado o para más adelante que tal recuperación del país se base o no en datos sólidos y duraderos, que sea o no sostenible, genere reformas o las aparque por la misma ilusión del momento. La verdad oficial es que con Putin se ha restablecido el orden y resucitado la economía, con un nivel de vida incomparablemente mejor para la mayoría de la población. Por supuesto ha descendido la libertad, pero lo ha hecho a cambio del crecimiento económico, y las ganancias democráticas se han amortizado por las celebraciones en el altar de la estabilidad y la riqueza, que permitirán a Rusia reaparecer como superpotencia.

El control y la concentración del poder, se habrían hecho en contra de y en conflicto con la expansión y el desarrollo de los medios de comunicación, los partidos y la actividad económica, cuyos signos de vida no habrían dejado de aflorar desde 1991 y que desde el año 2000 han sido objeto de lo que ha podido denominarse como una nueva reacción termidoriana contra los excesos jacobinos y la euforia libertaria. La reducción es evidente en el progresivo control y la domesticación tenaz de las emisoras de televisión, así como en las constantes incidencias que se registran en el ejercicio de la profesión periodística en Rusia. Se le considera el tercer país más peligroso para los periodistas, después de Iraq y de Colombia. Según se contabiliza en Reporteros sin fronteras, desde el año 2000 han sido asesinados 21 periodistas en el país, entre ellos la muy llorada Anna Politkovskaya en Octubre de 2006. Les recomiendo vivamente leer su libro, y honrar su memoria, La Rusia de Putin, publicado en español en 2005por la Editorial Debate. La mala suerte de las emisoras de televisión se corresponde con la de los magnates de cada una de ellas, Berezovsky, Gussinsky y Chubais, con supuestas ambiciones políticas además, que han resultado molestas en otros ámbitos. Como las de Jordorkovsky en el mundo del petróleo. Putin se refirió a su eventual indulto.

Rusia tiene crecimiento pero no desarrollo, y la bonanza económica lograda en el ciclo alcista de los precios del petróleo y el gas podría verse bruscamente alterada. A la larga es posible que las limitaciones del modelo ruso acarreen graves perjuicios en un país donde precisamente los ingresos energéticos habrían arrinconado la expansión de las reformas económicas y del desarrollo humano. Datos sobre la esperanza de vida en la población, sobre su misma disminución, hacen dudar sobre la entidad y el calado de los niveles de bienestar y seguridad alcanzados en la era Putin, sobre la verdadera distribución de la riqueza. A estas alturas Rusia no habría diversificado su economía, el petróleo y el gas suponen más del 63% de la exportación y el 49% del presupuesto federal. Como todo petroestado Rusia corre el riesgo de que el petróleo pueda acabar siendo su maldición, con la superposición confusa del poder y los negocios, una clase dirigente enloquecida por el consumo ostentoso, proteccionismo e intervencionismo en la economía y corrupción aceptada como forma de comportamiento. Toda una burbuja de beneficios cristalizada en la era Putin, hasta ahora apenas canalizados y reinvertidos con sensatez. Al estallar podría poner de manifiesto que no se hizo lo debido para obtener de ellos resultados duraderos, que la rotundidad del poder no estaba acompañada por la intendencia.-•

Ignacio Rupérez

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