F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 779

17/3/2008

Después del 9-M, Cataluña

Por Francesc Homs i Molist*

L a contienda electoral se presentó bipolarizada, y el resultado también lo ha sido. Zapatero ha ganado. Y lo ha hecho de forma inapelable, con una mayoría notable. Pero al mismo tiempo con un resultado desigual en el conjunto de España. Demasiado desigual, cosa que le debería de hacer reflexionar. En el otro extremo del campo de batalla, Rajoy ha perdido. Pero ha incrementado su respaldo democrático y además ha obtenido brillantes resultados en muchas provincias. Y lo más relevante: Rajoy sería presidente del Gobierno si no fuera por el comportamiento electoral distinto que se ha producido en Catalunya.

Muchos (demasiados) sostienen en España que los nacionalistas catalanes reivindicamos privilegios, olvidando las diversas y múltiples contribuciones al interés general español en tantas materias. Por ejemplo, en la lucha contra el terrorismo, donde ni PP ni PSOE pueden ofrecer la hoja de servicio que tiene CiU. Les debería dar vergüenza. Pero esta falsa acusación contra el nacionalismo catalán tiene un trasfondo aún más grave: ignorar, cuando no menospreciar, que Catalunya es distinta políticamente, como así lo ha expresado reiteradamente durante los más de 30 años de democracia que llevamos en las espaldas. Y ahora también.

¿Por qué en Cataluña Zapatero ha ganado claramente? ¿Por qué el nacionalismo catalán mantiene sus resultados, a pesar de la indisimulada operación para liquidarlo? ¿Por qué el Partido Popular está enrocado des de los tiempos de la UCD? ¿Somos tan raros los catalanes? Claro que no. La respuesta a todas estas preguntas es sencilla: Catalunya es una nación, con su propia identidad colectiva y referencial. Con una lógica política singular donde confluye el eje clásico del debate derecha-izquierda, con otro eje propio del debate catalán: el eje Catalunya-España. Y esto no nos hace ni mejores, ni peores. Pero sí que explica un comportamiento electoral claramente distinto.

Tener en cuenta esta perspectiva es imprescindible para leer los resultados del 9-M. La brutal campaña socialista en Catalunya de "Si tu no vas, ellos vuelven" ha resultado eficaz no porque el PP sea de derechas, sino fundamentalmente porque los populares han agredido al sentimiento de muchísimos catalanes con su política anti-Estatut y anti-lengua catalana. Es verdad que hay una parte no menospreciable del electorado catalán que se considera de izquierdas. Y otra menor de derechas. Pero la inmensa mayoría del votante catalán es gente de progreso, moderada en las formas y muy"de lo suyo". Si no fuera así no serían explicables tantas cosas que han pasado en Catalunya a lo largo de estos años. Por ejemplo, en 1982 el PSOE sacó también en Catalunya 25 diputados. Y 202 en el conjunto de España. Los socialistas eran entonces la gente de moda, todo ilusión y con una derecha destrozada. En aquellas elecciones CiU sacó doce diputados, muy cerca de los diez que ha sacado ahora. ¿Y? Pues que en 1984, dos años más tarde CiU pasó de 43 diputados (ahora tiene 48) en el Parlament de Catalunya a 72. Vale el ejemplo para analizar con toda la amplitud necesaria el presente que vivimos.

Sería prudente tomar nota de que Cataluña tiene un comportamiento político ingular que siempre se ha expresado con democracia, paz y libertad. Un comportamiento político ni mejor ni peor que el del resto de España. Simplemente singular. Y quien se considere demócrata compartirá conmigo que tratar de la misma manera cosas distintas es una injusticia y un grave error. Y en esto sugiero que presten atención tanto el PSOE como el PP. Y, para hacerlo, pueden atender a los argumentos de CiU, quien en estos momentos interpreta mejor que nadie el sentir del pueblo de Catalunya, no porque le haya votado su totalidad, sino porque no se confunde en el esclerótico, eterno e inútil debate entre la izquierda y la derecha. •


*Diputado al Parlament de Catalunya por CIU.

Hemeroteca Esta semana