Nº 779 - 17 de marzo de 2008
 
Hemeroteca Esta semana

De Ramírez, el doctor Montes,  el general Millán Astray y Zapatero

El domingo 9 de marzo Pedro J. Ramírez obsequió a sus lectores de El Mundo con una implacable homilía, una admonición en toda regla, dirigida contra José Luís Rodríguez Zapatero en su calidad de presidente del Gobierno de España, y naturalmente, candidato del PSOE a su reelección. Ni una sola virtud le encontró Ramírez ese día clave a su amigo; el amigo a quien cabría describir desde la lógica del mundo mundial como el socialista bueno a diferencia del socialista malo, malísimo, que fue y sigue siendo Felipe González Márquez, quien en campaña le ha cantado las verdades del barquero tanto a Ramírez como a su compadre Losantos. Con Zapatero, por cierto, compartió Ramírez una entrevista inacabable, de más de ocho horas. Pero había que transmitir claramente a los lectores dominicales, de misa primero y más tarde de homilía a cargo del reverendísimo predicador Fray Ramírez, la última consigna: al enemigo ni agua, no os equivoquéis si pensabais absteneros, a por ellos. Días antes, Ramírez se pronunció editorialmente, mediante un editorial solemne, repicando las campanas, a favor del candidato Mariano Rajoy y asimismo de Rosa Díez. El voto pragmático de Ramírez era para el PP y para Rosa Díez el voto utópico. ¡Fascinante panorama el ofrecido por Ramírez! A la derecha, Rajoy, y a la izquierda, Rosa Díez, flamante diputada, válgame Dios! Algo así como si estuviéramos en la Restauración. A la derecha, Canóvas. A la izquierda Sagasta. Y tiro porque me toca. ¡Menuda izquierda la representada por Díez, a la que apoya, entre otros, Mario Vargas Llosa, que es tan buen escritor como empedernido converso hacia las ideas del neoliberalismo!

Regresemos al artículo de Pedro Jota Ramírez: “Hoy acudiremos a las urnas con la conciencia colectiva doblemente enlutada por la sombría indignación que produce el vil asesinato del viernes y por la frustrante impotencia que genera el rotundo fracaso del Estado a la hora de esclarecer plenamente el 11-M. Mientras el juez instructor ha puesto tierra de por medio y el presidente del Tribunal sigue dando el cante, el ritual de la democracia sin que hayamos averiguado ni quién organizó la masacre, ni quién montó las bombas, ni qué complicidades o negligencias permitieron que una trama en la que había más confidentes policiales que agentes libres culminara su macabro propósito”. Ramírez, erre que erre. Resucita la teoría de la conspiración sobre el 11-M y pontifica que continuamos sin saber, cuatro años después, “quién organizó la masacre”. Los clavos ardiendo únicamente se entienden como último peldaño antes de la derrota, lo que se confirmó a primeras horas de la noche del domingo 9 de marzo. A Ramírez, por lo que se ve, siempre le quedará no ya París, sino su obsesión enfermiza por el 11-M.

A partir de aquí  Ramírez utiliza el totum revolutum para cargar contra Zapatero. Enumera todo tipo de supuestos errores, cometidos por el PSOE en esta legislatura acabada: “Unos cuantos navíos averiados sí que han llegado a puerto durante estos cuatro años. España impulsa la Alianza de Civilizaciones y el “nuevo contrato del hombre con el planeta”, Cataluña cuenta con un Estatuto con mucho menos apoyo político en Madrid, mucho menos respaldo social en Barcelona y mucho menos encaje constitucional que el anteriormente vigente, ETA ha adquirido durante al menos media legislatura la condición de interlocutor político, tenemos dos millones y medio más de inmigrantes y a Zerolo no dejan de “darle” –al menos eso dice él– “orgasmos democráticos”. En aspectos muy emblemáticos el cambio –o mejor dicho, la alteración– ha sido mayor en cuatro años de ceja y buen talante que en 14 de felipismo desorejado”.

Lo más fuerte viene enseguida. Fray Ramírez arremete contra la actitud de Zapatero en relación con el doctor Montes. En este punto, el director de El Mundo exhibe sin escrúpulos su vinculación con Esperanza Aguirre, la mayor culpable de cuanto, para desgracia general, sucedió en el Hospital Severo Ochoa de Leganés. Dice Ramírez: “El público abrazo al doctor Montes es el gesto definitivo que revela la trastienda emocional e ideológica en la que se asienta. Pensé que nunca se atrevería a dar ese paso, pero me equivoqué. Eso demuestra que incluso quienes nos hemos acercado a él profesionalmente acorazados por el escepticismo de unos cuantos trienios de vivencias similares hemos sido a menudo incapaces de detectar la hondura e intensidad del radicalismo que anida tras sus modos cordiales. Literal y metafóricamente ese abrazo a quien ha sido acusado de forma unánime por 11 colegas de la más diversa trayectoria de la “mala práctica” de efectuar hasta 34 sedaciones irregulares sin consentimiento de los pacientes o sus familias equivale al “¡Viva la muerte!” de Millán Astray en Salamanca, y lleva implícito también un “muera la inteligencia” que en este caso son las normas y usos de la deontología médica aceptados por la sociedad”.

En resumen, otro episodio periodístico memorable, lamentablemente memorable, como tantos otros protagonizados por el director de El Mundo. Pidió el voto para Rajoy y Rosa Díez. ¡Qué error, qué inmenso error! Muy similar el acierto de Ramírez a cuando lo pidió, en las generales de 1982, para Landelino Lavilla. Carcajada colectiva, entonces y ahora. Los resultados no avalan ni los pronósticos ni las filias de Ramírez o fray Ramírez.

Luis G. del Cañuelo

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