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Nº 779 - 17 de marzo de 2008
Primeras conclusiones

por Santiago Carrillo

L a acentuación del bipartidismo que resulta de las elecciones generales tiene, a mi entender, una razón fundamental: la mayoría del electorado, con un olfato político certero, percibe al Partido Popular como un bloque de derechas, todavía con ataduras al pasado franquista –una de ellas su estrecha relación con las jerarquías integristas de la Iglesia– cuya victoria hubiera abierto un proceso de involución, de revisión de los avances democráticos inaugurados con la Transición. Uno de los retrocesos posibles en tal caso amenazaba directamente a las libertades autonómicas de Cataluña y Euskadi, lo que explica probablemente la singularidad del voto en estas dos Comunidades.

Frente al bloque derechista no existía formalmente un bloque de fuerzas democráticas y progresistas. Pero el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero había actuado, al tener una mayoría relativa, estableciendo lazos con partidos y grupos políticos de izquierda y del nacionalismo periférico democrático. Y, de hecho, el partido del presidente ha aparecido no sólo ante el elector socialista, sino ante el elector de izquierda y progresista como el único baluarte real frente a una derecha dudosamente democrática. La victoria electoral, de hecho, está muy vinculada a la persona de Rodríguez Zapatero y no es tanto un éxito del PSOE, que en bastantes Comunidades ha dado pruebas de serias carencias, como de un movimiento más amplio suscitado por actitudes que han caracterizado la personalidad de Zapatero.

Los retrocesos de IU –acentuados por una ley electoral injusta, que debería ser modificada– estaban contados. La fuga adelante reivindicando la República para diferenciarse estaba hecha mirando a equilibrios internos del partido más que a los auténticos problemas actuales y el electorado ha pasado, considerándola irrelevante en el momento presente. Lo mismo le ha sucedido a Esquerra de Cataluña. No se hace política mirándose al ombligo. Comprendo el estado de ánimo de Llamazares al asumir la responsabilidad de un fracaso, que sin él y sin su actuación hubiera podido ser todavía más grave.

Pero, no obstante su victoria, el PSOE no debería dormirse en los laureles. Esta no es sólo su victoria, sino la de un electorado más diverso. Y aunque hoy la celebremos pensando que nos hemos librado de un peligro serio de involución, debemos ser conscientes de que las derechas siguen siendo muy fuertes y que hay Comunidades –las más visibles, pero no las únicas, Madrid yel País Valenciano– en las que el PSOE padece de descomposición orgánica, de desunión política y de debilidad de liderazgo. Cualquier euforia exagerada, que oculte esta realidad e impida superarla, puede poner a Zapatero en dificultad para hacer la política que ahora se impone: una política de avance democrático y social a la que habría que incorporar a todos los grupos democráticos, incluyendo al nacionalismo periférico.

En cuanto al PP... La noche electoral un conservador "de lo que merece ser conservado", me hacía este curioso comentario: "Los capitalistas españoles carecen de conciencia de clase". En efecto, ¿cómo se explica que el partido de la derecha, en un país con el desarrollo de España, siga fundido a una jerarquía religiosa integrista, con una ideología que puede considerarse precapitalista? ¿Hasta cuándo la derecha española va a seguir con la tara de no condenar el pasado franquista y, por tanto, de no romper con él? Mientras el PP no cambie, muchos españoles seguiremos viéndole como un peligro para la democracia. Quizá lo más negativo del resultado de estas elecciones sea que el PP actual sale derrotado, pero no debilitado, lo que dificulta que de su interior surja un movimiento de renovación.•

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