Nº 779 - 17 de marzo de 2008
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Efectos colaterales

por Miguel Ángel Aguilar

Estamos saturados de análisis sobre los resultados electorales del 9 de marzo. Ha quedado claro que el PP venía renunciando a la victoria al alinearse en posiciones maximalistas. Queda por ver cuál de las dos escuelas de pensamiento prevalecerá en su seno. Si será la de quienes sostienen que hubiera bastado incrementar la dosis del disparate para obtener el triunfo y que la timidez de maricomplejines le ha impedido alzarse como ganador. O si se impondrá la idea de que alimentar sólo a los afines e incondicionales es una deserción del centro donde reside la única posibilidad, salvo en casos de desastre del contendiente principal.
En todo caso el derrumbe de los nacionalismos exacerbados tiene el máximo interés porque demuestra que una cosa son las pujas de la clase política y otra el seguimiento que merezcan sus dibujos independentistas por parte de los electores. El líder de IU, Gaspar Llamazares, ha tenido la honradez de proclamar su fracaso pero se observan resistencias para que se pronuncien con la misma claridad los colegas de ERC en Cataluña y los del PNV en el País Vasco. La reflexión es obligada después de observar cuál fue la participación electoral en el referéndum sobre el Estatut y la que se ha producido en las generales del 9 de marzo. Lo mismo cabe decir una vez que el escrutinio refleja por primera vez el triunfo del PSOE por encima del PNV en los tres territorios –Vizcaya, Guipúzcoa y Álava– respecto del raca-raca del Iehendakari, Juan José lbarretxe, con su proyecto de referéndum para octubre.

Pero además del registro de las ventajas y carencias que las urnas han deparado a cada una de las fuerzas políticas contendientes, se impone una primera evaluación de los efectos colaterales sobre los medios de comunicación. Porque además de quienes se sometieron al veredicto de las urnas conviene atender a sus séquitosmediáticos respectivos. En primer lugar, figura la bendita cadena COPE de Federico Jiménez Losantos, donde el encaje de la derrota se ha hecho con muchas dificultades y solicitud de dimisión de Mariano Rajoy. Una solicitud que han suscrito también tanto el diario El Mundo y sus columnistas como los mariachis de Esperanza Aguirre en Telemadrid. Se ha cumplido el principio de que no hay piedad para el vencido. Una derrota de la que todos los del cortejo se han eximido para residenciarla exclusivamente en Mariano Rajoy.

El descoloque ha sido monumental cuando el vencido ha declarado que convoca el Congreso del PP para el mes de junio, que se presentará a la reelección como presidente con un equipo sorpresa a revelar la víspera de la votación y que aspira a ser de nuevo candidato a la Presidencia del Gobierno en las elecciones generales de 2012. Se han clareado las filas, la propia Esperanza Aguirre se ha apresurado a renunciar mientras declaraba formar parte del equipo de Rajoy, no sin advertir que la mayor aportación a los históricos resultados del 9 de marzo procede del PP de Madrid, aunque ella estuviera fuera de la competición y las papeletas fueran encabezadas por Mariano y quienes tuvo a bien enlistar.

Rajoy en su comparecencia ante los periodistas precisó su autonomía frente a las prescripciones de quienes en ciertos medios y televisiones públicas –en clara alusión a Telemadrid– le exigían dimitir. Así las cosas, un buen amigo periodista sugería en su sección En voz baja del informativo Hora 14 de la cadena SER que podríamos ver al cardenal Rouco, nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, ejerciendo de decapitador del radiofonista que acaba de llamar hijo de Satanás al alcalde Alberto Ruiz-Gallardón por haberle llevado a los tribunales en una querella por injurias y calumnias. Atentos. •

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