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 Nº 778 10 demarzo de 2008

El futuro inmediato de la economía española

por Carlos Berzosa

Cuando este artículo vea la luz ya se habrán celebrado las elecciones el 9 de marzo. El futuro más inmediato de la economía española dependerá de quién gane y de las medidas urgentes que hay que tomar. ¿Podemos deducir algo de lo planteado en los diferentes debates? Pues no demasiado, ya que en los mantenidos entre Rajoy y Zapatero el primero se ha dedicado a criticar sin aportar nada, y el segundo hizo propuestas que pueden resultar interesantes, pero que son insuficientes.

En ambos debates pudimos comprobar cómo Rajoy trató de centrarse en la subida de los precios de un modo insistente y nos machacó los dos días con la subida de algunos de los precios básicos. Además, el Partido Popular tiene escasa credibilidad en sus críticas, pues todos sabemos que los problemas que estamos padeciendo son resultado de una desaceleración internacional que también afecta a la economía española, y que la subida de los precios de productos básicos responde a un crecimiento bastante generalizado que tiene lugar en la mayor parte de los países desarrollados, como consecuencia de la fuerte demanda de los países emergentes de Asia, fundamentalmente de China y la India.

Tratan de insistir los populares en el hecho de que los responsables de la economía española no han hecho los deberes en el tiempo de las vacas gordas, y que se ha vivido de la herencia recibida y de la inercia. Pero la realidad es que en estos cuatro años apenas han criticado la evolución de la economía y no han hecho propuestas acerca de lo que habría que haber hecho. Tampoco las pudimos contemplar en el debate de Pizarro y Solbes, así que de lo que se vaya a hacer en economía poco podemos saber en elcaso improbable de que el Partido Popular gobierne, si bien tratarán de impulsar más el mercado limitando el papel del Estado, algo que responde a su ideología simple basada en el fundamental ismo de mercado.
Si el partido socialista es el ganador sabemos que contará con la necesaria intervención del Estado para impulsar el declive de la inversión privada, sobre todo en la construcción.

Esta medida, si bien es necesaria en un proceso de desaceleración, fundamentalmente cuando las cuentas públicas lo permiten, no sirve a un plazo medio y largo. Porque lo que realmente está en juego en el futuro es la consecución de la mejora de la productividad en la economía española. Para ello se requiere un impulso mayor de la investigación, pero no sólo vale con esto, aunque sea una condición necesaria, sino que estos avances investigadores se tienen que vincular en mayor medida al aparato productivo, cuestión ésta que es una cuenta pendiente y que se tiene que impulsar desde los diferentes gobiernos y desde las distintas instancias que intervienen en la toma de decisiones, como universidades, empresas y otras instituciones. No cabe duda de que contar con un aparato productivo más eficiente resulta necesario para conseguir un desarrollo sostenible y más equitativo.

Otro problema a dilucidar es que si bien se está produciendo un alza de precios a nivel internacional, por qué la subida de los precios en España es superior a la de otros países de la zona Euro. Los economistas no se han puesto de acuerdo en determinar las causas de la inflación. Se han dado distintas interpretaciones que van desde las monetaristas, a los que ponen el énfasis en la expansión de la demanda, o bien en los costes, hasta los que consideran que se deba a causas estructurales.

En el caso actual, considero que la inflación mayor que se padece en nuestro país se debe a una inflación de costes, resultado de la subida del precio del petróleo, y su repercusión en el resto, como consecuencia de una mayor dependencia energética del crudo que tenemos en relación con otros países, lo que nos hace más vulnerables. Además, el problema de la productividad empuja a su vez los precios hacia arriba en coyunturas como ésta. A lo que hay que añadir las deficiencias estructurales en los procesos de comercialización que diferencia los precios que se pagan a los productores de los finales que pagan los consumidores.

En definitiva, los desafíos que nos esperan son muchos, como la apuesta por la productividad, por la adecuada cualificación profesional, por la apuesta a favor de las energías alternativas al petróleo, por la mejora del sistema educativo en todos los niveles y por la necesaria interacción de la investigación con el sistema económico. ¿Cómo hacer esto? Es lo que los diferentes partidos se deberían plantear con seriedad. •

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid.

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