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Nº
778 -10 marzo de 2008 |
Apertura económica y continuidad política, claves del nuevo equipo de Gobierno CUBA DESPUÉS DE FIDEL El tercer encuentro de Las sobremesas de El Siglo, la sección inaugurada el pasado verano donde los colaboradores de esta revista intercambian impresiones sobre temas políticos de actualidad, ha versado, como no podía ser de otra manera, sobre las generales del 9 de marzo. Seis de nuestras firmas habituales han diseccionado las muchas variables que rodean la convocatoria electoral. Desde el resultado del primer debate entre los candidatos José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy hasta lo que cabe esperar del segundo cara a cara, la convulsa legislatura que precede a los comicios, los pactos con los que ha gobernado el presidente socialista, los apoyos que podría recibir de otras formaciones parlamentarias en la próxima legislatura si, como predicen las encuestas, gana por un ajustado margen de votos, o la necesidad de una refundación en la izquierda. Por Fernando Ravsberg (La Habana), Resulta decepcionante que ahora, con la existencia de moderadas posibilidades para el comienzo de cambios en el sistema totalitario que durante casi 50 años ha imperado en Cuba; cuando, como nunca antes, la población se pronuncia por transformaciones económicas, un mayor rango de libertades y la erradicación de absurdas e injustas prohibiciones; y la más prestigiosa institución religiosa del país, la Iglesia Católica, a través de la Conferencia de Obispos, llama al gobierno a llevar adelante con decisión medidas trascendentales que “deben de ser progresivas”, la Administración estadounidense, en vez de alentar la apertura, recurra nuevamente a declaraciones que entorpecen ese proceso, brindándole argumentos a los sectores conservadores e inmovilistas dentro del régimen. (…) El mensaje equivocado surge con esta declaración del Presidente Bush, que contribuye a la crispación y favorece a los fundamentalistas en Cuba, quienes la reciben con júbilo, como un ejemplo de que con Estados Unidos no puede haber ningún tipo de arreglo, por lo que es menester continuar la represión y la política de fortaleza sitiada frente al supuesto enemigo imperialista. Lamentablemente, esta repetición de una política conocida por tantos años, más que fracasada, puede calificarse de absolutamente errada y de valioso apoyo a los sectores intransigentes en Cuba. Una paradójica y contradictoria actitud, pues al mismo tiempo se sostienen conversaciones con el tiránico régimen de Corea del Norte, se envían cartas al dictador Kim Song Il, y la Orquesta Filarmónica de Nueva York toca en Pyongyang, mientras se considera un mensaje equivocado efectuar contactos con dirigentes del actual régimen cubano, y levantar las actuales restricciones de viajar a la isla a nuestros compatriotas residentes en Estados Unidos, o que ayuden económicamente a sus familias y amigos”. Quien esto afirma es el disidente cubano Óscar Espinosa Chepe, uno de los 75 presos encarcelados en 2003, que, recientemente ha sido excarcelado por las autoridades cubanas por motivos de salud. La visión de este economista, uno de los escasos representantes de la oposición cubana en el interior, es coincidente con la de la mayoría de sus compañeros ideológicos, a la hora de juzgar el proceso que está atravesando la República de Cuba. La otra oposición, la que se encuentra en Miami, sigue enquistada en una radicalización absoluta frente a los acontecimientos que se producen en la isla, y alberga y alimenta sentimientos muy próximos a la venganza y a la revancha, habiendo perdido, desde hace mucho tiempo, una conexión real con su país de origen, que les impide realizar un análisis realista de la situación. La reclamación de las propiedades incautadas, el odio ideológico y la lógica de bloques imperan en el discurso de una ruidosa comunidad que, sin embargo, constituye un poderoso lobby que ejerce una enorme influencia en las decisiones que ha de tomar la Administración norteamericana, no sólo la presente, sino casi todas las que le han precedido, aunque, en el horizonte aparece un nuevo discurso, el del candidato del Partido Demócrata, Barack Obama que, caso de legar a sentarse en el Despacho Oval de la Casa Blanca, podría iniciar un giro en la estrategia estadounidense con respecto a sus relaciones con Cuba. Mientras, en el interior de la isla, la dimisión irrevocable de Fidel Castro, después de casi medio siglo al frente del timón, no parece haber producido ningún sobresalto. Más allá de que su presencia sigue siendo palpable a través de sus constantes comunicaciones en el diario Gramma, de su permanencia como secretario general del Partido Comunista, de la reciente obtención –por enésima vez- de su acta de diputado, y de la promesa efectuada por Raúl Castro de que seguirá consultándole acerca de los grandes asuntos de Estado, todo parece indicar que la principal preocupación del ciudadano medio en Cuba no radica en la posibilidad de poder elegir entre un abanico de opciones partidarias, sino en mejorar su maltrecho nivel de vida. Mientras Fidel, aunque enfermo, continuaba oficialmente ejerciendo como presidente de la República, las estructuras administrativas y del Partido Comunista abrían un debate público invitando a la participación abierta de toda la ciudadanía, para encontrar nuevas fórmulas que permitiesen avanzar y salir de la crisis económica que limita el desarrollo del país y de cada uno de sus habitantes. La propuesta ha encontrado un eco extraordinario y, por primera vez en mucho tiempo, en diversos ámbitos, todos muy abiertos a la participación, la ciudadanía ha expresado sus puntos de vista y ha aportado sus propuestas, sin que se haya tenido conocimiento de actos de represión, pese a las muchas críticas recibidas. En la Cuba real es ahora la economía la gran protagonista. Las conversaciones giran en torno a esa cuestión que tan cotidianamente afecta a la vida de todos. Las recientes elecciones no han deparado prácticamente ninguna sorpresa. El sustituto directo ha resultado ser quienes todos esperaban. Raúl Castro, de 76 años, hermano de Fidel, ha recogido su testigo con un planteamiento –y una larga práctica- de cambios, pero en continuidad. Fidel ya había escogido a Raúl como su sucesor tras el triunfo rebelde sobre el dictador Batista y ha sido segundo al mando en todos los frentes políticos e institucionales. Fidel Castro, de 81 años, continuará jugando un decisivo rol como jefe del gobernante Partido Comunista, el único legal en la isla. Conservará además el aura de última leyenda viviente de la izquierda mundial. Raúl se ha afirmado en el poder y prometido mejoras en el deteriorado nivel de vida de los cubanos. El general dejó claro que no renegará del sistema socialista que levantó junto a su hermano a pocas millas de Estados Unidos. Tras casi medio siglo gobernando Cuba, Fidel Castro, convaleciente de una dolencia intestinal, decidió entregar la presidencia provisional a Raúl hace 19 meses, antes de su dimisión irrevocable, en la que alegaba su incapacidad física. El actual presidente de Cuba anunciaba la reestructuración de la Administración y anticipaba que se producirá una reducción de los organismos del Estado para “hacer más eficiente la gestión” del Gobierno. “Hoy se requiere una estructura más compacta y funcional, con menor número de organismos de la Administración Central del Estado y una mejor distribución de las funciones que cumple”, aseguraba. Al tiempo anunciaba la intención de actuar en política monetaria, aunque, nuevamente, aparecía la gran figura en la sombra: “Estamos estudiando las ideas de Fidel acerca de una revaluación progresiva, gradual y prudente del peso cubano”. Mientras tanto, tenían lugar las elecciones legislativas en las que se dilucidaban los 614 escaños del Congreso, denominado Asamblea Nacional del Poder Popular, en el que una mayoría de sus integrantes –y no es la primera vez- no son miembros del Partido Comunista. De entre ellos se elegía a los miembros del Consejo de Estado. En votación a mano alzada elegían a Raúl Castro para ocupar el puesto de presidente del Consejo de Estado. Como primer vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros resultó electo José Ramón Machado Ventura, quien hasta ahora ejercía como vicepresidente del Consejo de Estado. Como vicepresidentes del Consejo de Estado, Juan Almeida Bosque, Julio Casas Regueiro, Esteban Lazo Hernández, Carlos Lage Dávila y Abelardo Colomé Ibarra, en tanto queJosé Miguel Miyar Barrueco continúa como secretario. Como integrantes fueron elegidos José Ramón Balaguer Cabrera, Ramiro Valdés Menéndez, Pedro Saez Montejo, Luís Herrera Martínez, Iris Betancourt Téllez, Roberto Fernández Retamar, Francisco Soberón Valdés, Felipe Pérez Roque, Carlos Valenciaga Díaz y Orlando Lugo Fonte. Los nuevos miembros son Yolanda Ferrer Gómez, Salvador Valdés Mesa, Juan José Rabilero Fonseca, Julio Martínez Ramírez, María del Carmen Concepción González, Tania León Silveira, Regla Dayamí Armenteros Mesa, Inés María Chapman Bou, Dignora Montano Perdomo, Zurina Acosta Brook, Guillermo García Frías, Leopoldo Cintra Frías y Álvaro López Miera. Como símbolo de la continuidad, la Asamblea aprobaba formalmente, a propuesta del recién elegido presidente del Consejo de Estado, que las principales decisiones que han de afectar al conjunto de la población, sean consultadas con el dimitido Fidel Castro. Los más optimistas creen que la leve flexibilización de las importaciones es un gesto de reforma económica. Algunos incluso sostienen que la revolución se dirigiría hacía el modelo chino, que Raúl ha estudiado. También ha habido algún gesto de apertura en derechos humanos con la liberación de cuatro presos políticos que luego viajaron al exterior en los últimos días. Pero en Estados Unidos no parece valorarse positivamente lo que está sucediendo en Cuba. John Negroponte, el número dos del Departamento de Estado, ha asegurado que por el momento no ve perspectivas para levantar el embargo económico. Sin embargo, un centenar de congresistas han enviado una carta al presidente George W. Bush en la que le han solicitado que revise su “obstinada” política hacia Cuba tras la dimisión de Fidel Castro. No parece que en el tiempo que le queda a la actual Administración republicana este cambio vaya a producirse, para regocijo del lobby, pero a pesar de la voluntad de la minoritaria oposición que sigue en el interior del país. Óscar Espinosa Chepe se dirigía recientemente, con pocas esperanzas, al inquilino de la Casa Blanca, para tratar de convencerle de una modificación esta política hostil que ya dura casi medio siglo contra el régimen de La Habana: “Con respeto sugerimos al Sr. Presidente Bush que tome más en cuenta los planteamientos de senadores y representantes republicanos y demócratas llamando a la reflexión sobre las relaciones con Cuba, y al término de una política que ha resultado altamente improcedente, solamente útil para mantener una crispación que nunca ha beneficiado la causa de la libertad. En particular, sugeriríamos que se considere la última carta de 24 senadores, encabezados por el Sr. Max Baucus, donde se reflejan criterios que pudieran contribuir a la democratización de nuestro país, y a un futuro de buenas relaciones entre las costas que separan el Estrecho de la Florida”. LOS NUEVOS HOMBRES FUERTES Tras la renuncia irrevocable del hombre que ha dirigido los destinos del país durante casi 50 años, la transición tranquila o la dirección hacia la continuidad ha recaído en las manos de Raúl Castro. En la tarea que tiene por delante no estará solo. Un grupo de nuevos hombres fuertes tendrán la responsabilidad directa sobre las áreas más sensibles de la política y la gobernabilidad en la República de Cuba. Pese a la visibilidad casi exclusiva durante décadas del Comandante en Jefe, lo cierto es que la dirección efectiva ha sido una tarea de equipo, prácticamente desde el triunfo de la revolución, en 1959. Con un nuevo líder, el equipo también ha experimentado transformaciones perceptibles. Las mayores responsabilidades vana recaer en estos cinco hombres. JOSÉ MACHADO VENTURA “Machadito”, como se le conoce en Cuba a pesar de sus 77 años, tiene un largo historial revolucionario, comienza sus actividades en la Federación de Estudiantes Universitarios en 1952, apenas Fulgencio Batista da el golpe de Estado. Poco después se relaciona con el Movimiento 26 de Julio, el frente clandestino organizado para apoyar la lucha de los “barbudos” en la Sierra Maestra. Más tarde es enviado a las montañas donde se incorpora a la columna de Ernesto Ché Guevara, después en la de Fidel Castro, y termina fundando el “II Frente Oriental Frank Pais”, bajo las órdenes del Comandante Raúl Castro. Tras el triunfo revolucionario y durante siete años, José Ramón Machado Ventura fue ministro de Salud Pública, organizando la sanidad nacional en un momento en el que la mitad de los médicos habían abandonado el país. Miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) desde 1965, en 1968 fue delegado del Comité provincial de Matanzas y en 1971 Secretario Provincial de La Habana. En 1975 es elegido miembro del Buró Político del PCC, máxima instancia de poder en Cuba, cargo que ha ocupado hasta el día de hoy sin interrupción. Es además Secretario de Organización del Partido, lo que le da un enorme control sobre su estructura interna y en las provincias. Además es miembro del Consejo de Estado -poder ejecutivo colectivo- desde 1976. José Ramón Machado Ventura pertenece a la vieja guardia, es un hombre muy cercano a Raúl Castro, con quien le une una antigua relación de amistad. A pesar de ello, el propio presidente reconoció en su discurso de investidura que Machado “es exigente, ¡es muy exigente!. A fuer de ser sincero, a veces le he dicho personalmente que exige no con los mejores métodos”. Está considerado, además, como una de los políticos más ortodoxos del Partido. Fidel Castro parece comprenderlo cuando lo defiende afirmando: “Qué rabia les provoca (a los enemigos de la Revolución), en especial, la elección, como Primer Vicepresidente, de Machadito”. Sin embargo, el pasado año en un discurso en provincia Machado fijó su posición en apoyo a las reformas, “Con ese espíritu debemos apropiarnos de las ideas expuestas por el compañero Raúl y por el propio Comandante en Jefe en sus reflexiones, con la convicción de que lo único que no admite cambios es nuestra decisión de construir y defender el socialismo”, dijo entonces. ABELARDO COLOMÉ IBARRA A sus 68 años, el General Abelardo Colomé Ibarra, es el miembro más joven de la generación “histórica” de la Revolución Cubana. Hijo de obreros se incorporó muy joven a la lucha en la Sierra Maestra donde fue miembro del “II Frente Oriental Frank País”, al mando del Comandante Raúl Castro. Allí fue un hombre de acción que participó en casi todos los combates y llegó a ser capitán, grado inmediatamente inferior al de Comandante. Después del triunfo revolucionario luchó contra la invasión de Playa Girón y se incorporó a las guerrillas creadas en Argentina por Ricardo Masetti. Ya como militar de carrera combatió en Argelia, y en 1975 se convierte en jefe de las tropas cubanas que peleaban en Angola contra los sudafricanos y la UNITA. Colomé Ibarra es graduado en Ciencias Militares de la academia soviética “Frunze”, donde estudió, entre otras cosas, Inteligencia y Contrainteligencia, tarea que desarrolló en Cuba dentro de las Fuerzas Armadas y más tarde desde su cargo de Ministro del Interior. En 1989, a raíz de la vinculación de oficiales de inteligencia con el tráfico de drogas, se desarticula el Ministerio del Interior en una operación que terminó con varios fusilamientos y la detención del titular de la cartera. Raúl Castro pone en manos de Colomé Ibarra el Ministerio del Interior para que lo limpie y reestructure, con lo cual éste queda de hecho bajo el control del las Fuerzas Armadas (FAR). En la actualidad el General Abelardo Colomé Ibarra controla la policía, la Seguridad del Estado, los Guardafronteras, Migración, bomberos y la seguridad personal de las más altas figuras del país. Se trata de un hombre de total confianza de Raúl Castro, tanto, que fue su escolta en la Sierra Maestra y durante años su segundo al mando en las FAR. Tiene el grado militar mayor después de Raúl, es miembro del Buró Político del PCC, vicepresidente de la nación y ostenta el título honorífico de “Héroe de la República de Cuba”, entregado a muy pocas personas en el país. JULIO CASAS REGUEIRO Julio Casas, de 72 años, pertenece también a la generación de los “históricos”, los que combatieron en la Sierra Maestra contra el dictador Fulgencio Batista. Luchó primero en la clandestinidad y después se incorporó en el “II Frente Oriental Frank País”, bajo el mando del Comandante Raúl Castro. Sin dejar de participar en los combates, Casas, ya en la montaña comienza a realizar tareas de abastecimiento. Al triunfo revolucionario ostentaba el grado de teniente y cumple diferentes funciones en la recién nacida policía (PNR). Pero con los años vuelve a su perfil de la Sierra convirtiéndose en viceministro de las FAR y Jefe de Retaguardia. En la guerra de Etiopia fue quien garantizó el aseguramiento logístico de las tropas cubanas. Sobre esta especialidad estudió en la Academia de estado Mayor General de la extinta Unión Soviética. En 1988 es nombrado Primer Sustituto del ministro de las FAR para la Actividad Económica. Desde ese puesto ha desarrollado una enorme red de empresas con el fin de lograr el autofinanciamiento de las Fuerzas Armadas. Mediante este proyecto la presencia económica de las FAR en el país creció rápidamente y muchos de sus mecanismos empresariales se han mostrado como los más efectivos, por lo que son aplicados en el resto de los sectores. En su presentación ante el pueblo, Raúl Castro dijo en son de broma que la única crítica que le había hecho a Casas Regueiro fue ser demasiado tacaño. El ministro de Defensa, General Julio Casas Regueiro, es hasta ahora el único miembro del Gobierno nombrado por el nuevo presidente. Fue elegido vicepresidente del Consejo de Estado, es miembro del Buró Político del PCC, y ostenta el título de “Héroe de la República de Cuba”. Con él en Defensa y Colomé Ibarra en Interior, Raúl Castro ubica a dos hombres de su entera confianza al frente de los aparatos militares del país. CARLOS LAGE DÁVILA El vicepresidente Carlos Lage Dávila representa, con sus 56 años, a la generación más joven de dirigentes del país, entre los que se encuentran el canciller Felipe Pérez Roque, el ministro de Cultura Abel Prieto y varios de los Secretarios Provinciales del PCC. Son personas con mucha preparación profesional, Lage es Doctor en Medicina, Licenciado en Ciencias Sociales y un especialista en temas económicos. La mayoría de ellos tienen una vasta experiencia, ya que vienen desarrollando actividades políticas desde su adolescencia. El propio Carlos Lage es un buen ejemplo, fue presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, segundo y primer secretario de la Juventud Comunista, integrante del Equipo de Apoyo de Fidel Castro y Secretario del Consejo de Ministros. Fue una pieza clave durante el “Periodo Especial”, la crisis económica de los años 90, producto de la desaparición de la Unión Soviética. Las reformas aperturistas impulsadas por Lage permitieron que el sistema sobreviviera cuando todo el mundo apostaba a que se acabaría la Cuba socialista. Entre las medidas tomadas en aquellos años figuran la despenalización del dólar, la autorización del trabajo privado, la apertura del turismo, de la inversión extranjera y de los agromercados. Formado en una filosofía guevarista, vive sin ostentaciones ni lujos en la casa de su madre en un barrio de clase media de La Habana. Durante el inicio de la crisis económica se le podía ver pedaleando una vieja bicicleta rumbo a la Plaza de la Revolución. Sus hijos mantienen también el mismo estilo, ambos son activistas estudiantiles desde la adolescencia. Mucho se especuló dentro y fuera de Cuba con que Carlos Lage sería el Primer vicepresidente de la nación, sobre todo, porque el gran reto que tiene por delante Raúl Castro es económico. Sin embargo, lo mantuvieron en su puesto dentro del Consejo de Estado y como secretario del Consejo de Ministros. De todas formas, si el nuevo presidente desea hacer cambios económicos, tendrá que contar en primer lugar con la experiencia de Lage y sobre todo con el equipo económico que él dirige. ESTEBAN LAZO HERNÁNDEZ Lazo, de 64 años, es, tal vez el dirigente del gobierno y del PCC de procedencia más humilde. Al triunfo de la revolución era obrero de un molino en el pueblecito de Jovellanos, en la provincia de Matanzas desde donde recorrió casi todos los cargos del partido hasta que fue nombrado Secretario Provincial del PCC. Más tarde ocupó la misma responsabilidad en Santiago de Cuba y, en reconocimiento a su labor, fue trasladado como Secretario Provincial del partido en la capital. Lazo finalmente fue ascendido a miembro del Buró Político y Secretario Ideológico del PCC, un cargo desde el que se dirige la formación de todos los dirigentes y bases del partido. Además el Ideológico es quien controla los medios de prensa nacionales, la mayoría de ellos pertenecientes a organizaciones políticas o de masas. Desde 1992 es vicepresidente del Consejo de Estado, cargo en el que acaba de ser ratificado. El encargado de la ideología es un hombre que ha desarrollado su carrera política dentro de la estructura partidaria, superándose incluso profesionalmente al obtener un título universitario. Goza, además, de la total confianza de Fidel Castro. Tanto, que en el 2006, cuando éste renunció temporalmente a sus cargos, lo nombró entre los dirigentes que estarían al frente del país durante su enfermedad. |
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