F abián
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Nº 778

10/3/2008

Lecciones del proceso kosovar

Por Joan Tardà i Coma*

Quién le iba a decir al señor Solana que le tocaría a él, que había formado parte de aquella gene k n de jóvenes socialistas re-descubridores del orgullo español, que además de tener que encabezar el trágala de la OTAN tendría que apadrinar la independencia de Montenegro?

¿Quién hubiera sospechado que los ingleses darían un extraordinario ejemplo de cultura democrática manifestando, las encuestas así lo demuestran, que aceptarían como una conquista de los valores democráticos que en el año 2010 los escoceses, en respuesta a la convocatoria comprometida por Alex Salmon, decidieran optar por la independencia?

¿Quién negará que desde la prepotencia del mundo académico jacobino se tildaba de estúpidos a aquellos que cuestionaban la corona belga como solución definitiva al conflicto flamenco-valón y no como lo que realmente ha sido, es decir, puro pegamento?

¿Desde qué argumentos democráticos se va a frenar la voluntad del pueblo de Euskadi, representada democráticamente en su Parlamento y en su Gobierno, cuando el lehendakari convoque a la ciudadanía a una consulta? ¿Acaso será posible utilizar la fuerza? ¿Tal vez alguien imagina escenarios represivos en contra de los representantes populares?

Evidentemente, la sociedad europea se halla inmersa en un proceso de cambio vertiginoso. Incluso uno no tiene ni tan siquiera que remontarse más allá de diez años. Si lo hiciéramos, nos encontraríamos con una serie de realidades nacionales que hoy día han hallado un nuevoencaje: desde la liberación de las repúblicas bálticas, o Eslovenia, Che-quia y Eslovaquia hasta llegar a la nueva realidad de Kosovo.

Precisamente en este último caso, ante la declaración de independencia pronunciada por el Parlamento kosovar hace tan sólo unas semanas, la Administración española ha vuelto a responder atenazada por los viejos fantasmas que ya les llevaron a actuar inútilmente contra el resto de procesos antes mencionados de nacimiento de nuevos Estados europeos en la última década.

Ciertamente, el proceso kosovar tiene algunas particularidades. La principal, que se trata de un territorio autónomo que accede a su plena soberanía. Y ello, sin duda, tiene un profundo calado. Quizás por ello la respuesta del Gobierno español ha rayado el esperpento aliándosecon el genocida Putin y una Serbia acorralada en el infierno del legado de Milosevic.

Por supuesto, aun a pesar de todas las singularidades históricas, lo cierto es que el Parlamento kosovar ha tomado una decisión democrática, lo cual es susceptible de comparar con otros procesos que se han dado y que se van a dar. De igual manera, Serbia se asemeja al Estado español invocando realidades patrias que los nuevos tiempos van haciendo añicos. En definitiva, el proceso kosovar nos ha vuelto a demostrar que nadie –y menos en la Europa rica y culta en la que vivimos– puede frenar la voluntad democrática mayoritaria de un pueblo que quiere ejercer su plena soberanía, que quiere ejercer su derecho a decidir. •

*Portavoz del Grupo Parlamentario Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso

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