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10/3/2008

ZP se lo merecía

Ni empate técnico, ni Gobierno de Gran Coalición a la alemana ni, por otra parte, barrida y descalabro del PP. Las encuestas del 9 de marzo para la mayoría de cadenas de televisión y de radio no acertaron. Volvieron a equivocarse.

Zapatero repite legislatura, pero necesitará aliados. Los partidos ubicados a su izquierda –en buena parte víctimas del voto útil– ya no suman como antes. Los dos, IU y ERC, han quedado seriamente dañados como consecuencia de la contienda. Ha desaparecido también el único diputado de la Chunta, hasta ahora José Antonio Labordeta.

CiU ha aguantado el chaparrón, pero Artur Mas sigue clavado en el mal resultado de hace cuatro años: pasó de los 15 diputados del último Pujol a diez. Y allí continúa después del 9-M. CiU no tiene la llave, porque con el PP no alcanza la mayoría. Pero sí tiene el número de diputados que le bastarían al PSOE para formar Gobierno estable.

Artur Mas, sin embargo, tendría que archivar su ansia –comprensible– por recuperar la Generalitat perdida en 2003. Se fue Pujol y se acabó la racha. No debe olvidar Mas –tampoco Duran Lleida– que el PSC sí ha barrido en Cataluña con 25 diputados, la cifra más alta desde 1982.

Es decir, que uno de los triunfadores de la jornada electoral ha sido Montilla. Sale reforzado como presidente de la Generalitat. Y también sale reforzado –a ojos de Ferraz y de Moncloa– como líder del PSC. Nada ha afectado a la victoria del socialismo catalán: ni los retrasos del AVE, ni las averías penosas en los trenes de Cercanías, ni los apagones de Endesa, disimulados para proteger  Pizarro, quien luego fue recompensado con el número 2 de la lista de Rajoy por Madrid.

Zapatero le debe en gran parte su triunfo al PSC. “¡Visca, visca, visca, l´Espanya socialista”, se oía entre la euforia desbordada en Ferraz. Si  Mas y Zapatero consiguen pactar un espacio de coincidencias en el Gobierno de España –sin resquebrajar por ello al Gobierno catalán– CiU está destinada a desempeñar de nuevo su vocación de ser decisivos en Madrid.

Algo parecido le ocurre con el PNV. El PSE de Patxi López ha descabalgado al PNV. El segundo se ha convertido en primero de la clase. Buen momento para plantear acuerdos, incluso a dos bandas. En todo caso, los éxitos socialistas tanto en Euskadi como en Cataluña tienden a confirmar que la política territorial de Zapatero –como la de su lucha contra ETA– son la mejor y más eficaz terapia para mantener la unidad de España, diversa y plural. Y es el más rotundo desmentido a los salvapatrias que tanto gustan a la derecha.

¿Qué le pasará ahora a la cúpula del PP? Rajoy ha conseguido en cierta medida blindarse y hay que decir que lo ha logrado. Pero sin horizonte de cambio en los próximos cuatro años –salvo episodios hoy por hoy imprevisibles– no le será fácil permanecer como líder de la oposición. Quienes aspiraban a sucederle –léase en primer lugar el nombre de Esperanza Aguirre– no parece que cejen en su empeño. Las conspiraciones pueden multiplicarse. La oposición genera malestar y pone nerviosa a los ambiciosos que sueñan con tocar moqueta cuanto antes.

Rajoy juega bien atrás y protege su área. Defiende pero no entusiasma. Y lleva dos derrotas consecutivas sin que la del 9 de marzo le haya proporcionado satisfacciones tangibles o, si se prefiere, concretas. Sea como fuere, Zapatero ha vuelto a ganar. Se lo merecía.

Enric Sopena

 
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