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Nº
778 - 10 de marzo de 2008 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
Del ser de España, de la crisis de la Nación A l redactar este artículo, faltan aún algunos días para las elecciones. Y cuando sea publicado en El Siglo, si los dioses lo autorizan y el director de esta revista, José García Abad, cree pertinente mi texto, como tan generosamente ha venido haciendo desde hace más de quince años, ya se conocerá el resultado de las votaciones. Como no soy adivino ni gozo de dotes proféticas, considero que no estoy en condiciones de aventurar con rotundidad un pronóstico, aunque todo parezca indicar ahora mismo que Mariano Rajoy pronto tendrá que dejar la política para regresar, sin tapujos y abiertamente, a su despacho de registrador de la propiedad, que es un oficio casi tan bien remunerado como el de presidente de Endesa en el momento de ser despedido y, si no, que se lo pregunten a Manuel Pizarro, por otra parte una nueva estrella fugaz en el PP, según todos los síntomas. En fin, que no es fácil escribir de este modo sobre unas elecciones. No obstante, no deja de sorprenderme nunca, cumplidos los noventa años hace tiempo, el sentido dogmático con el que se pronuncian ciertos colegas de profesión, no pocos de ellos tránsfugas o conversos, que han hecho el itinerario de ser de izquierdas para terminar de palmeros entusiastas de la derecha. Me refiero en este punto a César Alonso de los Ríos, quien saltó del comunismo al socialismo y, más tarde, al aznarismo, a la que olfateó que el PSOE podía perder el poder, tal como acabó aconteciendo, en 1996. El faro y guía de los periodistas rojos de los años sesenta y setenta del siglo pasado se ha transformado en un conservador acérrimo y escribe en ABC cada día, situándose incluso a la derecha del periódico monárquico. Acerca de los comicios generales del 9 de marzo, sostiene César Alonso de los Ríos lo que sigue: “Una victoria electoral del PSOE sería una terrible desgracia. Nunca mejor dicho que una desgracia “nacional”. Ninguna de las elecciones celebradas hasta la fecha fueron tan decisivas como éstas de ahora. Ni siquiera las primeras de Suárez. Es el ser de España lo que está en juego. En parte ya nos lo hemos jugado y lo hemos perdido. Ahora se trata de contener y enmendar. De recuperar. Y quizá por eso yo soy tan exigente con el PP. Y con Rajoy. El PP y los nuevos pequeños partidos (debe de referirse a Ciudadanos y al de Rosa Díez) es todo lo que tenemos frente al bloque que dirige el PSOE. Un bloque arrasador”. Confieso que en ocasiones envidio la capacidad de tales colegas para proclamar sus firmes convicciones, como demuestran estos periodistas que trabajan sin descanso en la órbita del PP. No se andan con rodeos ni se distraen yéndose por vericuetos enrevesados. He dicho firmes convicciones, pero subrayo que ellos son quienes siguen siendo firmes, tal es el caso de César Alonso, pero sus convicciones, no. Sus convicciones han cambiado. Ellos han pasado de la noche al día. Han cambiado de chaqueta, ya mayorcitos, muy mayorcitos. Y dicen Diego donde decían digo o al revés. Probablemente, como les ocurre a menudo a los conversos, tienen necesidad de alejar cualquier sospecha acerca de si continúan, en su fuero interno al menos, creyendo en su antiguo credo o en parte de él. Fíjense, mis pacientes y queridos lectores, en este otro párrafo: “La única fuerza política que se puede oponer con eficacia a esta estrategia del PSOE (la de aliarse con nacionalistas y comunistas, apunta el autor), antinacional y amoral, es el PP. La derrota del PP en estos momentos abriría una crisis muy superior a la partidaria. Como decía al comienzo, se trataría de una crisis de la Nación”. “Terrible desgracia”, “desgracia nacional”, “crisis de la Nación…” ¡Qué tremebunda dialéctica la que acostumbran a emplear estos gurús derechistas, conmovidos siempre, atormentados siempre, ante el riesgo de que desaparezca España; es decir, la Nación con mayúscula! El porvenir de España depende, por tanto, de si Zapatero vence o si vence Rajoy. ¡Pobre y flaco porvenir! Ciertamente todo esto parece una pesadilla insoportable. “Es el ser de España lo que está en juego”, advierte César Alonso de los Ríos. Me gustaría preguntarle en realidad qué es el ser de España. Me agradaría escuchar su argumentación. Me temo mucho, sin embargo, que sus razonamientos serían similares a los que utilizan los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos cuando les da la vena de poner por delante de cualquier otra consideración el ser de Cataluña, el ser de Euskadi o el ser de Galicia. Lo siento pero el ser de España (y el del resto también, claro) me importa más bien poco. Me importan más, muchísimo más, los españoles, los catalanes, los vascos y los gallegos. Y de ellos, de los seres humanos, de los ciudadanos y ciudadanas, se preocupa más la izquierda que la derecha. Todo lo demás son cortinas de humo o, lo que es peor, tomaduras de pelo con fijador incluido. Luis G. del Cañuelo |
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