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Cuatro años más por la izquierda Los ciudadanos han firmado a Zapatero un
contrato para que siga gobernando España por cuatro años más. La ciudadanía ha
confirmado a Rajoy, que ha obtenido unos resultados dignos como líder de la
oposición. Ha sufrido una dulce derrota que, a diferencia de la infligida a
Felipe González en 1996, le permite reafirmar el liderazgo en su partido. Es
verdad que es su segunda derrota y que habrá quien apueste por devolverle al
Registro de Santa Pola pero creo que los resultados le permitirán ganar la
batalla interior. Ello significa desprenderse de la sombra de Aznar y de la
mala sombra del balcón de Génova, una militancia de derecha extrema que en su
día gritaba “Pujol, enano...” y que ahora coreaba el “¡Oé Oé , a por ellos!” y
“¡Zapatero, dimisión!”. Con esa tropa el PP no necesita adversarios. Rajoy
deberá aprender la lección y apearse del tremendismo.
El Partido Popular ha crecido en votos y en escaños y ha conseguido penetrar en Cataluña manteniendo Madrid, Valencia y Murcia como territorios imbatibles. No es de esperar la desbandada popular ni tampoco hay razones para la euforia socialista aunque sí para la razonable satisfacción por la victoria. El PP ha empezado con buen pie al reconocer franca y reiteradamente la victoria socialista liquidando así, aparentemente, un estilo de oposición que partía de la ilegitimidad de su victoen 2004. Los socialistas tendrán que valorar como se merece este cambio que debiera traducirse en acuerdos con el principal partido de la oposición en los grandes asuntos de Estado. Así lo ha prometido Zapatero en su primer intervención tras las elecciones. Creo que Zapatero esperaba más pero ha ganado y eso es lo que cuenta, aunque hubiera sido por un escaño. No creo que se le escape, sin embargo, que si ha conseguido cinco sillones más de los que tenía, Rajoy ha sumado seis, y si mantenía casi millón y medio de votos de diferencia ahora se ha reducido a 900.000. El pueblo ha hablado y ha puesto a cada cual en su sitio sin lugar para las prepotencias y esperemos que tampoco para la crispación. Me ha gustado que el presidente prometiera corregir sus errores, lo que no es fácil desde la victoria. Lo dijo en 1993 Felipe González: “He aprendido la lección”, pero no pudimos comprobar a qué lección se refería ni dónde estaba la corrección. Creo que no le será difícil a Zapatero sacar consecuencias más precisas. Este hombre tiene principios y el talante tranquilo y dialogante no es una mera pose, sino algo muy sentido. Ha pecado de inexperiencia pero aborda una segunda legislatura con una experiencia muy valiosa. La inexperiencia es una enfermedad que, como la juventud, se cura con el tiempo. Como decía la semana pasada en mi columna, Zapatero cometió algunos errores de bulto como el del primer Estatuto catalán y la desinformación respecto a ETA; no estuvo fino con lo de la memoria histórica y mostró deficiencias como gobernante, fallos en la coordinación del Gobierno, especialmente en los aspectos económicos, cierto abandono de la presencia de España en la Unión Europea, flojedad en las relaciones internacionales, improvisaciones y ocurrencias oportunistas, iniciativas que se lanzaban a golpe de fanfarrias y que se desvanecían en la nada, a lo que habría que añadir un mal casting de ministros y una discutible selección de los amigos que, móvil en mano, le ayudan a tomar decisiones. Pero ZP tiene una cualidad muy apreciable en un político: sabe salir airoso de los embrollos en los que él mismo se mete. Y es lo que hizo con la reconducción del Estatuto catalán, con la eficaz persecución de ETA y con la confirmación clamorosa del vicepresidente Solbes, a quien tenía marginado. En la noche electoral el presidente ha reafirmado sus principios, a los que no se puede poner objeción. Falta saber cuál será su política y cuáles los compañeros de viaje. No ha conseguido la victoria suficiente que reclamaba pero estará menos atado que en la anterior legislatura o al menos podrá asociarse con gente más fiable y desde una posición más confortable. La caída estrepitosa de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), nada sorprendente, es de lo más aleccionadora y tendrá consecuencias en un partido que se rige de forma asamblearia. Tampoco sorprendió la caída de Izquierda Unida, cuyas consecuencias han sido inmediatas cobrándose la cabeza de Gaspar Llamazares. Éste habría merecido mejor suerte. Se ha quejado con razón de la Ley Electoral que encarece sus diputados, pero esta ley ha acompañado al desarrollo de la democracia y en otras épocas su formación había obtenido mejores resultados. Lo que le ha perjudicado es lo que estas elecciones han tenido de gran movilización contra un Rajoy muy radicalizado. También es significativo el sostenimiento de Convergència y del PNV. El hemiciclo queda ahora más equilibrado y más bipartidista que nunca. José García Abad |
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