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3/3/2008

Emoción desbordante y garantizada

Lo dijo Mariano Rajoy, el 25 de febrero del año en curso, al final del primer debate y ante cerca de 14 millones de españoles, e insistió en ello. Acusó al presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, de "agredir a las víctimas". En el Congreso de los Diputados, el 12 de mayo de 2005, Rajoy manifestó: "Usted, Sr. Zapatero, traiciona a los muertos y revigoriza una ETA moribunda".

O sea, que Rajoy continúa empecinado en el error. O, para ser más exactos, empecinado en el horror dialéctico que, a modo de zarpazos, este hombre –al que complace presentarse como "moderado, equilibrado y razonable"– practica sin complejos. ¿Puede un tipo así, que además ha alentado –durante la legislatura terminada– siete manifestaciones o más para criticar la política antiterrorista del Gobierno, convertirse en presidente del Ejecutivo?

A pocos días de los comicios, la fiebre electoral se ha disparado, entre otras razones gracias a los debates televisivos, iniciados con un saldo negativo para Manuel Pizarro y para Mariano Rajoy. ¿Qué puede ocurrir, por consiguiente? Pues todo o casi todo, siempre partiendo de la hipótesis más probable, la de una victoria del PSOE, porque lo contrario –un triunfo del PP, siquiera ajustado– sólo parece a día de hoy un episodio de política ficción.

¿Puede el PSOE alcanzar la mayoría absoluta? Puede, sin duda. El sprint de última hora puede producirse. En buena parte, tal probabilidad depende de los calentones, las sobredosis y, en definitiva, los excesos a los que nos tienen acostumbrados estos aguerridos genoveses. Rajoy y su estruendosa muchachada tienden a pasarse de frenada. Toman carrerilla, no paran, siguen y siguen pasándose unos cuantos pueblos más desde la línea de meta. Calientan a sus fieles, reciben apoyosentusiásticos de sus palmeros mediáticos, pero se alejan de miles y miles de ciudadanos –no necesariamente de izquierdas–que no se reconocen en una derecha tan asilvestrada.

Puede suceder también que la mayoría socialista no sea absoluta. En el caso de que le falte únicamente un puñado de diputados, la solución podría ser una alianza con IU (si el huracán del bipartidismo, o del voto útil, no provoca demasiados desastres numéricos en cuanto a diputados dentro de la formación que lidera Gaspar Llamazares). Otra fórmula sería repetir la situación habida hasta ahora con pactos poliédricos con las distintas izquierdas, como ERC, y los nacionalismos periféricos, donde se encuentra asimismo Esquerra Republicana con su etiquetaje independentista.

De entre todos los posibles socios del PSOE, uno es el que se juega su futuro. Se trata de CiU. A diferencia del PNV –al que, no obstante, amenaza un subidón socialista en Euskadi–, CiU carece de un sólido sostén propio. Le es urgente, por tanto, regresar al territorio del poder. Le esperan aún cerca de tres años para pensar en la reconquista de la Generalitat, su feudo perdido. Le queda sólo, pues, ser decisivos en Madrid. El mejor resultado para CiU sería el de tener la llave de la gobernabilidad con capacidad de hacer presidente a Zapatero o a Rajoy. No es fácil; tampoco imposible.

Emoción desbordante y garantizada el 9 de marzo y tal vez muchos días después. No se trata únicamente de quién gana y de quién pierde. Se trata de saber cómo y con quiénes se gobierna. Sin descartar a priori ninguna opción y sin olvidar una mayoría suficiente y cómoda para ZP. Claro que los partidos minoritarios –tan desdeñados sobre todo por el PP– pueden ser clave. Vocablo que viene del latín: clavis= llave. •

Enric Sopena

 
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