F abián
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Nº 777

3/3/2008

9-M: pronóstico

Por Francesc Homs i Molist*

Hstoy francamente preocupado. La clase política española de estos últimos años está dando, a mi modo de ver, signos de inmadurez democrática injustificables. Y la actual campaña electoral parece que los resume y los ensalza. No puede ser que después de 30 años de democracia, de progreso económico, de construcción del Estado del bienestar, de paz y libertad (con el único escollo, que no es poco, del terrorismo –local y global–), de convivencia, de internacionalización y de tantas otras cosas positivas, nos encontremos que los dos aspirantes a ocupar la Moncloa tengan sólo como gran objetivo que su contrario no llegue antes que él. Su afirmación es la negación del otro. Y la consigna también es común: ¡no pasarán!
Siendo un simple y modesto nacionalista catalán, alguien podría preguntarse porqué me va a preocupar esto a mí. Y la respuesta es sencilla, pues porque de esta lógica cainita que impregna la política española tampoco queda al margen la política catalana. Al grito de "no pasarán" andan también casi todos los partidos en Cataluña. Eso sí, con el liderazgo y la maestría insuperable de el PSC, que de cada dos palabras que se lleva en la boca, una es para decir pestes del PP. Realmente, ¿no se puede ofreceralgo más?
Estamos ante una clara degradación de la política y de su expresión democrática. E incluso ante un inaceptable menosprecio a la inteligencia de la ciudadanía. Por ello es fundamental responder quién puede salir ganando ante esta situación. ¿A quién le interesa que la democracia pierda calidad y genere desafección? Pues lógicamente a todos aquellos a quienes un Estado democrático les parece un estorbo. Es decir, a buena parte de la derecha española, como es sabido más feliz en otros regímenes de épocas pretéritas del siglo XX. Y, quizás también, a algunos de la izquierda más radical, que aún piensan que la libertad y la democracia es un invento del gran capital americano para controlar y explotar a la clase obrera de turno. Vamos, que esta democracia de políticos mediocres y de baja calidad interesa a todos los conservadores del país –de derechas y de izquierdas–, que a la hora de la verdad les da pánico oír hablar de reformas, de modernización, de pluralidad, de cambio y de futuro.
Por todo esto estoy profunda y sinceramente preocupado. Puedo entender –que no compartir– la estrategia desmovilizadora de la derecha española. Pero lo que no me cabe en la cabeza es la actitud política de Zapatero y del PSOE. ¿Por qué y de qué tienen miedo? ¿Por qué no demuestran y proyectan confianza en ellos mismos? ¿Por qué no piden el voto en función de lo que ofrecen y sí en función de lo que dicen querer impedir? Tienen, o podrían tener, motivos de sobras para ofrecer un proyecto atractivo por encima de estimular el miedo a los del PP. Pero no lo hacen. Sostengo que en realidad el PSOE es un partido sin más rumbo que una intuición banal: simplemente se consideran moralmente superiores al PP, y esto ya les vale. Además Zapatero, su líder, está desnortado, obsesionado por las encuestas, la gestualidad y el caer bien.
Ante este crudo análisis y si nada o nadie lo remedia, creo que el resultado del 9 de marzo en el conjunto del Estado español está principalmente a merced del azar y en buena parte en función de la aplicación de la Ley de Hondt, que tanto puede dar la victoria a los populares como a los socialistas. Por el contrario, en Cataluña esta campaña desmovilizadora y antidemocrática va a surgir un claro efecto: el PP va a ser con toda probabilidad la única fuerza que incrementará claramente su resultado, en porcentaje de votos y en escaños. Concretamente, vaticino que de los actuales 15 diputados de diferencia con el PSOE, el PP pasará a no más de 10.
Sr. Zapatero, ¿no puede hacer algo más en estos últimos días de campaña? Señores de la izquierda española y catalana, ¿no pueden de verdad ofrecer algo más atractivo al conjunto de los ciudadanos? Con toda la modestia, se lo ruego para el bien de todos.•

*Diputado al Parlament de Catalunya por CIU.

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