Nº 777 - 3 de marzo de 2008
 
Hemeroteca Esta semana

Del cardenal Cañizares y las raíces cristianas de España

El cardenal Cañizares, primado de España y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, es un férreo defensor del nacionalcatolicismo, aunque él eluda el término. Está empeñado, por ejemplo, en sostener con terquedad sin límites las raíces cristianas de nuestro país. Según el criterio de tan fundamentalista clérigo, “perder esta memoria histórica y negar la dimensión trascendente de esta historia (la historia de España) es exponernos a hacer una historia contra nosotros”. Lo dijo muy ufano el otro día, cuando ingresó solemnemente en la Real Academia de la Historia, acompañado, entre otras personalidades, del vicepresidente primero de Castilla-La Mancha, Fernando Lamata, y la líder del PP de esa región, Mª Dolores de Cospedal, así como del alcalde de Toledo, Emiliano García Page, aparte del vicepresidente tercero de la Generalitat Valenciana, Juan Cotino, miembro  del Opus Dei. No sólo sorpresa, sino estupor causa ver a tan destacados socialistas en un acto semejante. Por su parte, Cospedal, alter ego de Esperanza Aguirre, es la patrocinadora de un candidato a senador, Dimas Cuevas, periodista cavernario, machista, provocador y presto a la sal gorda y repugnante cada vez que se refiere a los homosexuales.

Se remontó Cañizares al  III Concilio de Toledo para consagrar al cristianismo como progenitor de España. Barrió este Concilio a los herejes arrianos y fecundó “el gran proyecto político de crear una monarquía hispana”. Proclamó el cardenal y arzobispo de Toledo, amigo personal de Benedicto XVI, que “aquel Concilio ha constituido España; más aún, ha constituido Europa, produciendo unidad a partir de la fuerza del espíritu”.  Y es que Cañizares afirma que “el cristianismo, la fe católica, se profese o no por las personas, y se quiera o no, constituye el alma de España”. En su discurso,  incluyó párrafos como el siguiente: “¿Será cristiana la España de mañana? Lo será en tanto se mantenga en sus raíces, en cuanto mantenga viva su memoria y su identidad (…) Si deja de ser cristiana, si sucumbe a fuerzas disgregadoras, y olvida, o peor, suprime las raíces cristianas que le dan unidad e identidad, España dejará de ser España (…) Dejará sencillamente de ser; será otra cosa u otras cosas; no seremos, con toda certeza, lo que somos, la nación que nos ha identificado y que nos identifica como unidad en la diversidad del conjunto que constituimos ni se nos identificará como unidad en el conjunto de los pueblos”.

Advierte también del riesgo de desaparecer: “La herencia del esplendor visigótico y el rostro que lo identifica, la memoria y la identidad de lo que allí nace, España, se quiera o no son inseparables de la fe cristiana que lo ha hecho posible (…) Nuestra historia es nuestra historia, y nuestras raíces somos nosotros; olvidar esta historia o desfigurarla, erradicar o dejar morir nuestras raíces, sería dejar de ser lo que somos, sería desaparecer y carecer, por tanto de futuro”. Y, como era de esperar, el cardenal patriota cargó contra el Gobierno de esta guisa: “Sería todavía peor que la historia nos la hagan otros, o que nos la impongan en la ejecución de su proyecto quienes detentan el poder o están cercanos a él”.  Vayamos de la Real Academia de la Historia a la Real Academia Española de la Lengua. Y leamos lo que dice la Academia de la Lengua acerca del vocablo “detentar”: “Retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público”. Es decir, que los actuales gobernantes españoles, según este cardenal, son ilegítimos. Cañizares elogió, eso sí,  a Recaredo, el primer rey católico de lo que era entonces el embrión de España. Recaredo fue un rey legítimo, por lo visto, que llegó al trono a golpe de espadón, como la mayoría de sus colegas. En aquel tiempo las autoridades empezaron a perseguir a los judíos. Más tarde los llamados reyes católicos, Isabel y Fernando, persiguieron a los musulmanes. Ni judíos ni musulmanes, que fueron vilmente expulsados, ni con anterioridad los romanos y los griegos forman parte, por lo visto, de las raíces de España, según Cañizares. ¡Qué peligro el de los monseñores actuales; son más españoles que Don Pelayo!

Luis G. del Cañuelo

Hemeroteca Esta semana
© El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril, 37 duplicado - 28045 Madrid.
Tfno: 34 91 516 08 14/15/08        E-mail: siglo@elsiglo-eu.com