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Sobre el primer debate Zapatero-Rajoy
por Santiago Carrillo
E
ra de prever... Rajoy, en
el debate con Zapatero,
repitió la misma milonga que durante cuatro años de oposición, con el añadido de su último hallazgo: los problemas de los currantes, la carestía, el paro, las hipotecas, que en boca del jefe del partido de Pizarro, Rato y Aznar suenan a sarcasmo, pero pueden ser una trampa para atrapar ingenuos.
El Rajoy del debate es el mismo de toda la legislatura: un político ambicioso, que ha convertido el mentir en un arte y que se defiende acusando de mentiroso a su oponente. Un político viejo, con una historia de gobernante lamentable –guerra de Irak, Prestige, redondeo del euro, tragedia del 11-M y un largo etc.– , que se presenta a las elecciones negándose a hablar del pasado, como si su historia política fuese virgen e inmaculada. Un hombre que no mira a los ojos a su oponente y que habla mirando hacia abajo o hacia los lados, pero raramente de frente.
Rajoy en sus intervenciones consolidó el voto del sector más duro de la derecha. Por su boca hablaban Aznar, Acebes, Zaplana, la extrema derecha que se ha apoderado del PR Una gente que tampoco se fiaba mucho de él porque le juzgan demasiado blandengue y entre ellos le denominan Maricomplejines. Una gente favorecida por la intolerancia y las tendencias antidemocráticas de la mayoría de las jerarquías religiosas que añora la vieja España del franquismo y los tiempos de la Santa Cruzada. Rajoy apela a las fuerzas que fueron desplazadas del poder por la Transición democrática.
El candidato del PP quiso trasladar la culpa de sus correligionarios, los neocon norteamericanos, responsables de la crisis financiera que ha provocado la desaceleración dela economía mundial, al gobierno de Rodríguez Zapatero. Y así trató de desvalorizar la gestión que ha permitido a España reducir las consecuencias negativas de una situación causada precisamente por las políticas que en nuestro país encarnan, indudablemente, Rajoy, Pizarro y compañía.
Frente a Rajoy, Zapatero dio la
imagen de un hombre honesto, desconsolado por la imposibilidad de mantener un dialogo razonable con el líder del PR Imagen de un hombre preocupado no tanto por los votos que puede ganar o perder, sino por la comprobación de que no es posible una relación normal con el partido de la derecha y superar la fractura profunda que éste ha abierto entre los españoles. Una parte de los oyentes pudo interpretar ese desconsuelo como debilidad. Parecía como si Zapatero, en vez de derrotar a su adversario, quisiera convencerle y encontrar un terreno común de racionalidad. El otro aprovechó
esta actitud para insultar e intentar desacreditar a su adversario.
La experiencia que deja este debate es que con una derecha como la que representa Rajoy no valen sólo las razones y la verdad, la honradez y la sinceridad. Mucha gente ve un debate así como un combate entre gladiadores. Por eso juegan en el juicio que se hace al final, junto con
las razones, la sensación de fuerza y autoridad, la contundencia con que se presentan los argumentos. A quien hay que convencer es a los electores, no a Rajoy.
Rajoy está convencido de lo que va a hacer, si desgraciadamente gana las elecciones. ¿Oyeron ustedes hablar de lo que fue el bienio negro en la II República? Pues lo que nos traería Rajoy sería un cuatrenio negro de revisión y rectificación de las conquistas democráticas de la Transición, la vuelta a las andadas; todo aquello que los demócratas españoles creíamos haber dejado atrás para siempre. •
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