|
Los debates y el valor de la democracia
por Juan Antonio Barrio
El valor de la democracia
es, además, del título de
un ensayo de Amartya
Sen (El Viejo Topo, 2006) algo de lo que se habla mucho y en muchos foros diferentes sin que se pueda evitar la sensación de que, a veces, se trata tan sólo de una retórica vacía. Y sin embargo, el tema es decisivo. En las llamadas sociedades occidentales y en las otras. Se trata de la "determinación popular por disponer de una voz efectiva en materia de participación política". De la posibilidad de disponer de información libre y plural, con medios de comunicación independientes, de la posibilidad de celebrar elecciones con pluralidad real de opciones. Amartya Sen explica la imbricación (véase también su nuevo libro, en colaboración con Bernardo Kliksberg Primero la gente, Editorial Revista) de la democracia con la resolución de problemas sociales, la correlación entre democracia e inexistencia de hambruna y muchos otros parámetros socioeconómicos. No es que –como se nos decía por algunos exegetas del franquismoque la implantación de la democracia exija un previo bienestar económico.
A menudo es lo contrario: la democracia es la condición de un mínimo bienestar económico y de avances socioeconómicos más allá de ese mínimo. Y es.algo a defender internacionalmente sin escepticismos frente a sus comienzos ni gestos de superioridad.
Por ejemplo, en Kenia. Es importantísimo lograr un acuerdo que consiga hacer trascender la democracia incipiente del actual momento crítico.
O en Birmania, donde la presión interna y externa parece obligar a la Junta Militar que gobierna el país aconvocar elecciones "libres", pero sin admitir a la ganadora de las últimas (1990) Aung San Suu Kyi, que probablemente volvería a ganarlas. Reforcemos la presión, exijamos la pluralidad real.
O en Pakistán: el resultado de las recientemente celebradas elecciones deja al autoproclamado presidente Musharraf en una posición absolutamente minoritaria. La presión internacional es muy importante para que se acepte de verdad el resultado de las elecciones: el PPP de la asesinada Benazir Bhutto y el partido islamista moderado de Sharif son los ganadores y juntos pueden formar gobierno. Aceptar de verdad el resultado no debe significar sólo la retirada de Musharraf a un segundo plano sino la efectiva subordinación del poder militar al poder civil democráticamente elegido.
Kenia, Birmania, Pakistán, sólo son tres ejemplos pero, sin duda importantes. Apoyo a la construcción política de la democracia: es una exigencia irrenunciable para la comunidad internacional.
Con observadores y mediadores, sin imposiciones por la fuerza. Y también, apoyo socioeconómico a la construcción de la democracia como señala Edgar Morin: "políticas de civilización". Lucha por los objetivos del milenio, por la educación infantil, por la vacunación, por el agua potable. Por la equidad de género.
La democracia debe ser un proceso
continuo. En nuestros países occidentales la tensión sobre cómo mejorar la calidad de nuestra democracia debe existir siempre. En ese sentido, la existencia de debates en campaña (después de 15 años sin ellos) en nuestro país es, sin duda, una buena noticia. Ciertamente, otros debates con más participantes, deben existir. Por otra parte el formato del debate parece excesivamente encorsetado. Pero, con todo, la existencia de esos debates fomenta el interés por la política y, posiblemente, la participación. En este último aspecto, probablemente, radicaba la reticencia inicial del PP a celebrarlos.
Con casi todo su electorado movilizado algunos asesores áulicos habrán pensado que incluso "ganando" el debate, el efecto movilizador no salía a cuenta. Entonces ¿por qué hacerlos? En mi opinión, porque Rajoy sabe que esa es la única posibilidad de conservar el liderazgo del PP, incluso con una derrota, siempre que no sea una catástrofe. Seguramente, sin debates no podría hacerlo. Nuevamente, el valor de la democracia. •
*Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso.
|