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Lo que nos jugamos Nadie es perfecto. Zapatero no es
precisamente el mejor gobernante desde los Reyes Católicos como ironizara Rajoy
pero la alternativa que representa éste es inquietante. Con Mariano Rajoy, de
apariencia tranquila y buena gente, llega el neofranquismo, digamos las cosas
por su nombre. “No pido el voto para mí, lo pido para España”, enfatizó en el
primer cara a cara con Zapatero. España, señor Rajoy, somos los españoles.
España, señor Rajoy, no se presenta a las elecciones. España son todos los que
se presentan ante los ciudadanos.
Jeanne-Marie Philipón, de casada Madame Roland, gritó al pie de la guillotina: “¡Libertad, libertad cuantos crímenes se cometen en tu nombre!”. Ahora podríamos decir: ¡España, España, cuantos desvaríos se cometen en tu nombre! Mucha retórica y mucha banderita, banderita, pero la España de Rajoy no sería la más patriótica, sino todo lo contrario: la más insolidaria, la de los neocon, la patria del sálvese quien pueda, o sea, del pudiente. Si gobierna Rajoy “quien quiera seguridad que se la pague”, como dijera Astarloa cuando era secretario de Estado del Gobierno Aznar. Si gobierna Rajoy habrá buenos colegios para quien pueda pagarlos pues extenderá los convenios con los centros privados Si gobierna Rajoy tendrá buena sanidad quien la pague, pues la sanidad pública seguirá empobreciéndose como hemos visto en el Gobierno piloto del PP, el de la Comunidad de Madrid empeñada en la privatización camuflada. Si gobierna Rajoy, a juzgar por lo que se deduce de la posición de Pizarro, su número dos por Madrid, se privatizará parcialmente el sistema de pensiones. Si gana Rajoy pagaremos menos impuestos y los más necesitados disfrutarán de menos atenciones sociales. Si la economía se desacelera, el sálvese quien pueda orientará la política económica. No serán los más débiles los que puedan. Si gana Rajoy tendremos cardenal Rouco hasta en la sopa, retrocederá el estado laico y renacerá el nacionalcatolicismo. Si gana Rajoy volveremos a la gran manipulación mediática que sufrimos con Aznar. Lo digo por sus invectivas furiosas contra Radio Nacional y Televisión Española cuando nunca han sido más imparciales que ahora, pues Zapatero acabó con la correa de transmisión con el Gobierno que sufrimos tanto con Felipe González como con José María Aznar. Cuando Rajoy dice que RTVE es parcial desde el primero al último programa está diciendo que va a meter mano desde el primero al último programa. Recordemos el boicot a los medios del Grupo Prisa. Si esto hizo estando en la oposición qué no hará cuando maneje los instrumentos del poder. Reconozco que me he engañado con Rajoy. Pensaba que era un hombre moderado que se veía obligado a disfrazarse de halcón para complacer a Aznar y los ultras que dominan en su partido. Sin embargo, tras cuatro años de simplismo, demagogia y mentiras me he rendido a la evidencia: Rajoy es en el fondo tan radical como José María Aznar, que por algo lo puso al frente del partido. He llegado a la conclusión de que si estuviera a disgusto con el papel que ha tenido que desempeñar lo habriamos notado. Nadie puede ser tan buen actor para que no se perciba una contradicción que le rompería el alma. Decía al principio que Zapatero tampoco es perfecto. Durante su Gobierno ha cometido errores de bulto como la gestión del Estatuto catalán y la forma en que ha llevado las negociaciones con ETA. Tampoco ha estado muy fino con lo de la memoria histórica. Y ha mostrado deficiencias como gobernante, fallos en la coordinación del Gabinete, especialmente en los aspectos económicos, cierto abandono de la presencia de España en la Unión Europea, flojedad en las relaciones internacionales, improvisaciones y ocurrencias oportunistas, iniciativas lanzadas a golpe de fanfarrias y que se desvanecían en la niebla; habría que añadir un mal casting gubernamental y una discutible selección de los amigos que, móvil en mano, le ayudan a tomar decisiones sobre la marcha. Pero, querido lector, una cosa son las lagunas y los fallos que la experiencia le aconsejará a enmendar en la segunda legislatura y otra muy distinta la alternativa reaccionaria que se nos viene encima. Por lo demás, nadie le puede negar a Zapatero una política social avanzada: salario mínimo, pensiones, becas, promoción de la mujer y, lo más importante, colocar los cimientos para el cuarto pilar del Estado del Bienestar: la Ley de Dependencia. En definitiva, el inmaduro madura, el inexperimentado experimenta, quien erró aprende pero una cosa son los fallos enmendables de un Zapatero y otra cosa la alternativa que representa Mariano Rajoy a lomos de José María Aznar y flanqueado por Acebes, Zaplana, Aguirre y compañía. José García Abad |
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