Hemeroteca Lista La trinchera de papel
Nº 776 - 25 de febrero de 2008

 

Un rayo de luz


por Joaquín Leguina

Cconfirmando el apotegma castellano según el cual "no hay mal que 100 años dure", Georges W. Bush se esfumará de la vida pública el próximo noviembre. Este firme partidario de Laffer: bajar los impuestos y, a la vez, reducir el déficit, ha llevado a los Estados Unidos a unos déficits (público y exterior) de garabatillo... y nadie lo echará de menos, porque ha sido el más alto representante de la trivialidad ("la trivialidad del mal") en la Historia de los presidentes norteamericanos. No creo que haya habido desde Georges Washington un presidente más prescindible y, a la vez, más nefasto. Un desastre sin paliativos que deja a su patria (y a todo el mundo) sumida en una guerra de nunca acabar y a un país (Iraq) —al que pretendió "liberar"— metido hoy de hoz y coz en el maremágnum del asesinato sistemático. Deja a Oriente Medio hecho unos zorros y un Pakistán a punto de estallar en mil pedazos... y para acabarla de amolar, ahí lo tenemos impulsando la independencia de Kosovo, saltándose, una vez más, la legalidad internacional. Un país que hace un tiempo se llamó Yugoslavia se ve hoy convertido en el paradigma de los males que traen aparejados los nacionalismos disgregadores, pero de esto último no tiene la culpa Bush, sino la Unión Europea y, muy especialmente, Alemania.
En fin, contemplando a Georges W. Bush —y aunque, probablemente, su primera victoria fuera directamente tramposa— uno no puede pormenos que poner en duda las virtudes de un sistema electoral que aupó tan alto a un personaje tan ramplón... y, sin embargo, el sistema electoral norteamericano es —con toda seguridad— el menos malo de los existentes.
Para comenzar, el sistema americano mejora claramente al europeo, que apostó, hace ya muchos años, por "una democracia de partidos" (García Pelayo). Unos partidos que —más temprano que tarde— han acabado por secuestrar la democracia participativa, negándola incluso a sus propios afiliados. Weber y Michels lo detectaron ya en los inicios del siglo XX y —pasada la purga a la que fue sometida la democracia europea por parte de los total itarismoshan vuelto a ser visibles las jaulas de hierro construidas por los aparatos partidarios, dedicados con alma y vida a volver estéril cualquier sombra de participación directa en la cosa pública.
Grupos de presión —disfrazados o no de ONG's— han sustituido a los militantes de los partidos, que ya sólo sirven como claque o atrezzo en las representaciones mitineras donde se exhiben unos líderes fabricados a base de técnicas elementales de marketing. Y este mal es español, sí, pero también es francés, italiano... en fin, una epidemia partitocrática europea.
Es en ese sentido en el que las primarias y la elección directa norteamericanas resultan envidiables... con unos partidos que aparecen en un discreto segundo plano y con una participación popular directa y decisiva. ¿O no es relevante, porejemplo, quién vaya a ser el candidato del Partido Demócrata a la Presidencia?
Se dice, con razón, que para ganar unas elecciones primarias en los Estados Unidos se necesita mucho dinero. Es cierto. Pero también lo es que esos dólares pueden obtenerse sin recurrir a la General Motors ni a la Coca-cola. Lo está demostrando Barack Obama con sus bonos, que le han permitido financiar holgadamente su campaña.
Obama y Hillary Clinton representan hoy, sin lugar a dudas, la izquierda "posible" norteamericana y, si uno de ellos está destinado a ganar las presidenciales y sustituir al "nefasto" y a sus neocons, mejor será que quien llegue a la Presidencia lo haga con las ideas claras y con la mayor experiencia posible... y esa persona se llama, a mi juicio, Hillary Clinton, aunque su adversario dentro del Partido Demócrata reúne —es cierto— una indudable calidad personal y un carisma que nadie le niega.
"Mi oponente pronuncia bonitos discursos, pero los discursos no dan de comer, no llenan el depósito de gasolina ni pagan los medicamentos", ha dicho la Clinton. "Obama vende esperanza como quien vende agua del grifo embotellada", lo ha criticado el analista Charles Krauthammer.
Mas, sea como sea, si cualquiera de los dos es capaz de ganar a John Mc Cain (que, por suerte, tampoco es como Bush y su cuadra de radicales), bienvenidos sean ambos. •

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