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Primarias de verdad
Eme da exactamente igual que el candidato demócrata sea Obama o Clinton, que el ganador sea cualquiera de los dos o MacCain, me conformo, y es bien fácil, que el nuevo presidente de USA no sea Bush. Pero lo importante no es quién vaya a ser el que mande a la postre, entre otra esencial razón porque no podemos votar ni a uno ni a otro. Lo importante y sin peros es la aplicación al terruño patrio de la experiencia. Hay primarias, y son de verdad. No como aquí, que tras un intento aparente por parte del Partido Socialista, se quedó en agua de borrajas, nunca más se intentó repetir la experiencia después del caso Borrell. Ha pasado como en el último libro de Eduardo Mendoza, de pomposo título Mauricio o las elecciones primarias, que van pasando páginas y páginas y las elecciones primarias anunciadas en la portada no llegan nunca. Cuando se habla de listas abiertas se dice siempre que aquí ya las hay para el Senado, lo que no deja de ser una filfa exculpatoria. ¿Cuántos votantes conocen a los candidatos entre los que pueden elegir? Un porcentaje ínfimo, lo que se traduce en voto al partido. ¿Os imagináis qué pasaría si en las papeletas del Senado no figurase la filiación de cada candidato? Es imposible saber lo que saldría, algo completamente anárquico. Habría infinidad de instancias al Registro Civil para cambiarse los apellidos (en función del orden de colocación de los elegibles en la papeleta) además variadas, si el orden alfabético se modifica, de forma y manera que habría que modificar la legislación de apellidos para limitar el número posible de cambios. Si no, llegaríamos a la pérdida de identidad total de los senatoriales y en la Cámara a la hora de recontarlos o llamarlos, para tener una adecuada identidad, tras la oportuna e imprescindible reforma, también, de su Reglamento interno, habría de ser Don o Doña Fulanite (sin "o" ni "a", no pasa nada por inventar nuevas formas de llamar a un conjunto integrado por persones de distinto género y que nadie se ofenda, en aras de la necesaria brevedad y eficacia del lenguaje. Podría haber el género femenino, el masculino, el neutro y el común. Aunque a mí, desde luego no me importa que se modifique la gramática y que la referencia al conjunto se exprese en femenino en vez de en masculino) y después, en vez de pronunciar un apellido imposible (aaaaa, o zzzzz, o lo que fuere en función del orden de la papeleta electoral) y que no cumple su esencia identificatoria (leyendo el listado de apellidos de senadoros parecería que son todos hermanos parientes cercanísimos), no habría más remedio que decir el número del D.N.I. Y por eso propongo pues, que el orden de colocación en las papeletas del Senado sea por orden númerico del carné de identidad, que es inmutable. Fuera bromas (mas no tanto). Una lista abierta requiere que el candidato se pueda hacer conocer a los electores, que pide mayor tiempo a medida que la circunscripción tiene más votantes. Se traduce en que es imposible que existan listas abiertas si previamente no hay elecciones primarias, que es la única fórmula para que los electores puedan saber, conocer y apreciar quien es el candidato. Todos los partidos se empeñan, sobre todo cuando son bisoños los políticos de las ejecutivas territoriales, en crear Oficinas Parlamentarias. Todas de vida efímera. Si le parlamentarie es un famose, porque siempre está brujuleando en la Capital del Reino, si es desconocide porque le sufride titular del sufragio activo puede confundir a le parlamentarie con le portere. (A partir de ahora escribiré siempre en femenino cuando se refiera a ambos, porque así no hay que cambiar también los artículos). Y porque las parlamentarias poco pueden hacer para resolverle su problema a la ciudadana. Al principio y por ignorancia novata en el mandato, puede que hasta se les ocurra llamar al gabinete de la Alta Carga (suena estupendo en femenino total) o las más osadas a la directora general, y cuando pasa el tiempo, se repite la llamada, sigue sin contestar, vuelta a llamar, el silencio por respuesta. Una se cansa y desiste en el infructuoso empeño, del que las veteranas ya le aconsejaron que era perder el tiempo. Las Oficinas Parlamentarias, sí que deberían ser útiles, con fuerza, mejor poder, sí poder, del electo. Solución única, elecciones primarias. En un país con tantos habitantes como USA es impensable una elección presidencial sin primarias. Caso contrario habría campañas electorales insoportablemente luengas. Con el riesgo de que la candidata designada por el partido pinchase en el medio tiempo. Es, sin duda mejor, que si tiene que pinchar, por lo que fuere, pinche antes de ser candidato, que sería irremediable. • Fernando F. Trocóniz |
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