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Nº 776
25/2/2008

¡Menuda tropa!

P or qué esa tan saludable costumbre —practicada en países con acrediatada tradición democrática— de que debatan por televisión los dos candidatos a la presidencia del Gobierno fue iniciada en España el año 1993 y no se ha reanudado hasta 2008? La respuesta es sencilla. Porque en estos últimos 15 años el PP ha prohibido, de facto, que se hicieran tales debates. Se negó José María Aznar a que hubiera debate con Felipe González en la segunda oportunidad, en marzo de 1996, cuando las elecciones fueron adelantadas tras la ruptura por parte de CiU del pacto alcanzado con el PSOE. Ésos fueron los primeros comicios generales ganados por la derecha pepera, aunque lograra la victoria por un punto y una décima de ventaja.
Cuatro años después, tampoco Aznar accedió a debatir con el candidato del PSOE, Joaquín Almunia. Y en 2004, fue Rajoy quien se escabulló e impidió así el debate televisivo con José Luis Rodríguez Zapatero. Esta vez, finalmente, Rajoy ha aceptado el reto, no sin antes reconocer que se había equivocado durante la campaña del 14-M al rechazar el duelo. La conclusión es clara. La derecha procura huir de los riesgos que comporta este género de episodios. Esos riesgos existen. Y, si no, que se lo pregunten a González que no se preparó con el rigor debido su debate con Aznar, tuvo además un percance aéreo el día anterior y perdió el primer asalto frente a Aznar.
En el segundo, el vencido fue Aznar ante un González entrenado de modo adecuado. ¿Influyó el traspiés de Aznar en el veredicto de las urnas? La mayor parte de los analistas coincidieron entonces en que sí, en que Aznar dejó escapar la presidencia ante las cámaras de Tele 5 y que por ello las encuestas erraron de formaclamorosa. Aquel mes de junio de 1993 casi todas las encuestas sufrieron su waterloo. De modo que el PP —sumido en la decepción más absoluta— convirtió la noche electoral del 6 de junio en un penoso espectáculo bananero, protagonizado por Javier Arenas y Alberto Ruiz-Gallardón —con Aznar moviendo los hilos—, quienes denunciaron reiteradamente al Ministerio del Interior por haber manipulado los resultados.
Cuando redacto este comentario, El Mundo ha puesto informativamente una bomba con la voluntad inequívoca de o hundir los dos debates o, al menos, des-legitimarlos. El moderador en 1993 del primer debate televisivo entre González y Aznar fue Manuel Campo Vidal. Nadie cuestionó hace 15 años su labor. Mereció los elogios de tirios y troyanos e incrementó su prestigio como periodista ya prestigioso entonces. Pero ahora, Pedro J. Ramírez —el estratega de Aznar y de la derecha desde hace muchos años, como es sabido y ha confirmado en sus libros el propio director de El Mundo— lo ha acusado de no ser imparcial al ser asesor de dos organismos vinculados al Ministerio de Industria.
Y Olga Viza, otra periodista excelente, encargada de moderar el segundo deba te, también ha sido mancillada porque —según la versión de la prensa afín a Génova 13— en la actualidad trabaja para Campo Vidal en alguna de sus empresas mediáticas. Aquellos que han sido comprensivos y más bien condescendientes con quienes han boicoteado los debates televisivos en el transcurso de 15 años, ahora llevan a la hoguera a Campo Vidal y a Olga Viza. Si Rajoy pierde las elecciones, sus amigos periodistas ya le han fabricado la coartada. La culpa será en parte de Campo Vidal o de Olga Viza. O de ambos a la vez. ¡Menuda tropa!

Enric Sopena

 
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