Hemeroteca Esta semana
 
Nº 776 - 25/2/2008

Agustí Cerdá, presidente del Grupo de ERC en el Congreso y candidato el 9-M

"UN MINISTRO DE ERC CONSOLIDARÁ UN

ACUERDO CON EL PSOE"

Los diez diputados de ERC que han pasado esta legislatura por el Congreso han coescrito El més calent... al front de Madrid, un volumen en el que narran sus experiencias a lo largo de estos cuatro años, y en el que se detienen en diferentes
momentos, iniciativas parlamentarias, acuerdos, anécdotas, y hasta en un capítulo dedicado íntegramente al PP, titulado "PP: hooligans vestidos de Armani". El que ha sido presidente de este grupo parlamentario, Agustí Cerdá, nos explica las pretensiones de este libro y analiza la coyuntura ante las inminentes elecciones generales.

Por Pedro Antonio Navarro

C uál ha sido la intención de este libro?
—La intención era aquello que comentábamos, especialmente con alguna gente que colabora en vuestra publicación, especialmente, Joan Tardá, que se quejaba muchas veces de que desde el Partido Socialista no había habido una teorización, un relato de qué había supuesto para el socialismo español, para la izquierda española este encuentro con los independentistas catalanes. Nosotros pretendíamos levantar acta y dar la cara, sobre todo, ante nuestra gente, de lo que ha sido la legislatura; qué era para nosotros todo el mundo ilusionante que suponía una posibilidad de acuerdo a largo plazo con el socialismo español, y las posibilidades de cambio y de reforma que esto suponía. Y luego, no lo voy a esconder, una cierta frustración por el poco recorrido, por el poco vuelo que ha tenido esta alianza.

—Está claro que no es un simple anecdotario.
—No, aunque tiene muchas anécdotas, porque está muy pensado para nuestra gente, para dar explicaciones, porqués. Pero también manifiesta muchos momentos de euforia, de tristeza, de rabia, de expectativa, deilusión. Está escrito con bastante corazón, y procurando no hacer doctrina ni sentar cátedra. Es más bien dar algunos porqués de algunas batallas que se han ganado, otras que, sencillamente, hemos hecho suficiente con plantearlas, porque hacía 30 años que no se hacía, como el tema de la opacidad de la Monarquía; y otras que, simplemente, hemos perdido. Una especie de crónica parlamentaria que, al final, alguien me recordó que era como un homenaje a Carandell. Todo, sin ninguna voluntad de objetividad, ex-
plicando nuestro punto de vista y, sobre todo destinado –y esto no excluye a nadie– a nuestra gente, lo que le suponía tener un grupo parlamentario después de muchos años, desde la época republicana. Era un momento especial para nosotros, y creo que también lo ha sido para la política española.

—El libro se detiene en batallas de causa nacionalista, como el Estatut, pero también mucho en los impulsos a políticas de izquierda que se han dado con el apoyo de ERC.
—Mucha de la gente de Esquerra no es estrictamente nacionalista. Nosotros pensábamos que el Estatuto no sólo era un buen instrumental político para nosotros, sino que, además –y en eso les faltaba razón– no era, como algunos habían dicho malintencionadamente, una reforma encubierta de la Constitución, pero sí una visión, una interpretación amplísima del texto constitucional. Y, por tanto, mucho más allá de una ley básica para la convivencia en Cataluña, implicaba también la posible aportación de un modelo de Estado al que las comunidades autónomas podrían haberse apuntado y, por tanto, tener una visión diferente de la que, hasta ahora se ha tenido de la estructura territorial del Estado. Pero, al mismo tiempo, nosotros somos gente de izquierdas, con un componente de socialdemócratas radicales, convencidos y, por tanto, en toda la parte de leyes sociales nos hemos encontrado con el Partido Socialista y con Izquierda Unida. También para nosotros era importante empujar en esta dirección, y el libro también lo refleja, todo lo que fue, básicamente, derechos, como la Ley de Dependencia, o saltos cualitativos tan importantes como la ley de matrimonios homosexuales. Incluye tambié temas como el caso del Plan Ibarretxe, que es un capítulo específico y que tiene su valoración específica. El libro se puede leer por capítulos separados.

—El Partido Popular también se ha merecido un capítulo especifico: "Hooligans vestidos de Armani".
—Tampoco es una visión cruel; más bien, resignada a tener una derecha que se resiste a ser homologable con la derecha europea. A mí me parece que ese capítulo transmite más tristeza por tratar de expresar que también nos merecemos otra derecha un poco más presentable en la Europa del siglo XXI que la que tenemos, con tantos ribetes franquistas. Más que una crítica cruel contra el PP, yo creo que lo que destila es el pensmiento de por qué no puede haber una derecha con la que se pueda hablar tranquilamente.

—¿En qué casos, y con quiénes se han producido las mayores complicidades?
—Evidentemente, con la gente del Partido Socialista. Con muchísima gente, yo creo que tanto a nivel político, como personal. Son la gente con la que, al menos, una parte de su mochila ideológica, compartimos; compartimos modelo de sociedad. Esquerra es un partido socialdemócrata, el PSOE también y, por tanto, había un buen escenario inmediato en el que podía haber acuerdos. Evidentemente, la visión de lo que es un Estado es lo que nos separa. Por tanto, ellos son la gente con la que más complicidades tenemos. Por tradición y por muchas cosas -había estado en él una legislatura anterior el secretario general, Joan Puigcercós- las relaciones con el Grupo Mixto, las relaciones personales y también políticas con Eusko Alkartasuna, y con la gente de Nafarroa Bai y, especialmente con Labordeta, son de las más cercanas.

—¿Y la relación con Izquierda Unida?
—Muy fría, creo. Con Iniciativa per Catalunya nos conocíamos más, pero con Llamazares ha habido una cierta coincidencia, pero también una cierta distancia, digamos más química que otra cosa. No hemos llegado a establecer aquellos puentes de confianza que, a veces permiten hacer algunas cosas juntos. Siempre, bastante mediatizado por los acuerdos con el Partido Socialista.

—Cambiando un poco de tema, acercándonos a la coyuntura, ¿cómo se plantea la campaña electoral?
—Pues para nosotros es un reto consolidar, de alguna manera, el salto que dimosen las elecciones pasadas. Pasar de un diputado a ocho era una proeza que realizamos, y que también somos conscientes de que era un momento político muy especial, con algunas peripecias interesantes que daban un escenario de cambio -que se produjo-. Ahora, para nosotros el reto es mantener el grupo parlamentario y consolidar el salto importante que dimos; mantener la posición y consolidarla. Partiendo, además, de la hipótesis de que, probablemente los encuestantes mienten, y nosotros partimos de la posición de que muy posiblemente el Partido Socialista gane las elecciones y, por tanto, esto nos permite, de alguna manera, seguir trabajando.

—¿Hay alguna posibilidad real de que el PP pueda ganar, o como dice Llamazares, esa amenaza es una maniobra del PSOE para hacerse con el voto útil?
—Bueno, si el PP se presenta, puede ganar. Y ese riesgo siempre está. Yo tengo la sensación de que el PSOE tiene las elecciones ganadas, y que está trabajando para lo que es legítimo hacerlo, para mantener el mayor número de escaños posibles que le permitan hacer política lo más cómodamente posible y aplicar su programa. Es legítimo.

—Claramente, entonces, persiguen la mayoría absoluta.
—Hombre, y yo, si pudiera, también. Cuando te presentas es para ganar, y si no lo haces para ganar, pues, seguramente empieces a perder. Es legítimo que un partido que tiene muchas posibilidades de hacerlo ponga todo el instrumental en su mano para conseguirlo.

—Lo que sucede es que las experiencias históricas han demostrado que las mayorías absolutas crean legislaturas menos dinámicas.
—Bueno, son menos interesantes para los otros. El que busca la mayoría absoluta trata de no tener que convencer a nadie. Una mayoría absoluta da la posibilidad de vencer, vencer, vencer y, muchas veces, eso te cambia la perspectiva. Una mayoría -evidentemente, estoy hablando desde un punto de vista interesado- simple, para nosotros es mucho mejor; es mejor contar que no contar. Pero para cualquier gobierno es interesante contar con una mayoría que le permita gobernar con tranquilidad y con holgura. El PSOE está en su papel, en su salsa, y si puede conseguirlo, podrá hacerlo. Más con un Partido Popular que tiene muy fosilizados sus votos, que no perderá muchos, tampoco ganará muchos, pero consolidará una posición que le permitirá parar reformas y hará su papel. ¿Es mucho más aburrida una legislatura con mayoría absoluta? Para la gente de la prensa y para los grupos que no somos los grandes partidos estatales, sí, es mucho más aburrida. De todas formas, esta última legislatura ha sido en exceso divertida. Cada semana que iba a Madrid me encontraba con un escenario absolutamente nuevo.
—En caso de una probable victoria del PSOE sin mayoría absoluta, ¿cree que elegirá un acuerdo con las fuerzas a su izquierda, o preferirá pactos con las derechas nacionalistas?
—No sé que harán. Yo espero que algunos temas que han quedado embarrancados se puedan abordar desde una óptica de izquierdas, y con la voluntad de no dejar el camino demasiado llano para que algún día, cuando venga la derecha tampoco recorte o tenga mucho que recortar y deje algo que quede ya permanentemente en la vida cotidiana. Eso es lo que deseo.
—Si se dieran las circunstancias adecuadas, ¿estaría dispuesta ERC, como ha afirmado Izquierda Unida, a formar parte del Gobierno del Estado español?
—El candidato número uno de ERC –Joan Ridao– ha dicho que no. Yo creo que uno nunca debe decir 'de esta agua no beberé' y, por tanto, vamos a ver qué es lo que quiere cada uno, cuál es la situación y, a partir de ahí, veremos lo que sea más interesante. Pero, particularmente, y es una opinión personal, uno nunca debe cerrarse posibilidades. Incluso en nuestra tradición, ya ha habido ministros de Esquerra Republicana en el Gobierno de España. Sería' una cosa rara, pero depende de los acuerdos a los que se llegue, y poco más. Me parece un error lo de Duran i Lleida lo de postularse como ministro, y me parece también un error negarse a ser ministro. Una entrada de un ministro de ERC consolidaría y solidificaría más un acuerdo con el PSOE y nos implicaría más en la gobernabilidad del Estado. Eso para nosotros también tiene un precio que hemos de calcular, pero, cuando uno puede elegir con garantías es cuando tienes todas las puertas abiertas.•


Hemeroteca Esta semana
© El Punto Prensa, S.A. c/ Ferrocarril, 37 duplicado 280045 Madrid.
Tfno: 34 91 516 08 14/15/08        E-mail: siglo@elsiglo-eu.com