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Nº
776 - 25 de febrero de 2008 |
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| Hemeroteca | Esta semana |
De cómo Pedro Jota clava su puñal a la credibilidad de Zapatero Dice el editorial de El Mundo (18 de febrero de 2008) que “Zapatero bailaba con lobos (en alusión a ETA) y lo supo desde el principio”. En la portada, Pedro J. Ramírez le volvía a hacer una jugarreta infame a su amigo el presidente del Gobierno al publicar: “ETA pidió por escrito una ‘negociación política’ y el Gobierno accedió a ello”. Yo no sé si cuando empezaron los contactos entre la banda terrorista ETA y el entorno de Zapatero, el presidente sabía o no que iba a bailar con lobos. Lo que sí parece claro es que Zapatero tiende con demasiada frecuencia a bailar con Ramírez ignorando que se trata periodísticamente de un lobo y creyéndose que él puede incluso llegar a amaestrar. Ese ha sido uno de los más graves errores de Zapatero a lo largo de esta finiquitada legislatura. A pocos días de las elecciones, El Mundo ha difundido que el presidente del Gobierno había aceptado negociar con ETA en términos políticos: “Tras varias reuniones, coordinadas por el director de la Fundación Henry Dunant, que ejerció de intermediario, la Fundación levantó acta en julio de 2005 de un principio de acuerdo: “El Gobierno español respetará las peticiones que sobre su futuro adopten libremente los ciudadanos vascos”. Pero, naturalmente, Ramírez utilizó en portada una versión sesgada del supuesto preacuerdo entre Zapatero y los jefes etarras. El texto íntegro, que puede leerse en la letra pequeña de las páginas interiores, es el siguiente: “El Gobierno español respetará las decisiones que sobre su futuro adopten libremente los ciudadanos vascos. Dichas decisiones deben ser adoptadas en ausencia de violencia o coacción, respetando las normas y los procedimientos legales, los métodos democráticos y los derechos y libertades de los ciudadanos”. ¿Dónde está la clave de la manipulación? Cuando se elude en portada la afirmación de que las “decisiones deben ser adoptadas (…), respetando las normas y los procedimientos legales”. Porque tales normas y tales procedimientos es evidente que impedirían o retrasarían durante muchos años la independencia de Euskadi y más aún la de Euskalerría que afecta también al Estado francés. Todas las reformas necesarias para ajustar a la legalidad vigente las pretensiones de los separatistas vascos son muy complejas con las Constitución en la mano, de modo que para que se produjera ese ajuste tendrían que participar de forma positiva los diputados y senadores del PP, algo más bien impensable e imposible. Como impensable es que la República francesa diera luz verde a las reivindicaciones independentistas. En todo caso, ese párrafo, omitido en la portada del periódico mencionado, salva del todo a Zapatero de la insidia de que se hubiera comprometido a otorgar unilateralmente a los partidos favorables a la independencia de Euskadi precisamente el camino hacia la independencia. El puñal clavado por Ramírez a Zapatero, o que le ha intentado clavar, es perceptible con facilidad si se lee el editorial citado. Veamos: “Fue un planteamiento estratégico insensato y frívolo con el que el presidente se metió en una negociación política con ETA y acabó como ya se sabe (…) Fue ETA quien llevó la iniciativa en todo momento. La banda terrorista escribió hasta tres cartas a Zapatero, aprovechando su buena acogida al planteamiento de Anoeta en el que Otegi apareció con una rama de olivo que después resultó ser falsa (…) El Gobierno no sólo no disponía de dato alguno para alimentar la tesis de que la banda terrorista podía abandonar la violencia sin cobrarse un precio político a cambio, sino todo lo contrario. Las cartas de ETA explicitan que la banda quería una “negociación política”. Es decir que Zapatero estuvo bailando con lobos, sabiendo desde el principio lo que buscaban sus interlocutores. Otra cosa es que fingiera ignorarlo. Esta negociación política del Gobierno con la banda terrorista pesa y pesará como una espada de Damocles sobre la credibilidad personal del presidente y debe ser, desde luego, un elemento a tener en cuenta a la hora de votar el 9-M”. El veredicto de El Mundo es rotundo y contundente. Alcanza de pleno a la credibilidad personal del presidente, a quien se presenta habitualmente y desde la derecha como un irresponsable en el mejor de los supuestos o un inmoral vendepatrias, dispuesto a impulsar la segregación de Euskadi del conjunto de España. Esta teoría contribuye a reforzar la leyenda negra que la derecha ha fabricado durante estos últimos cuatros años y que le ha colgado a Zapatero como una especie de sambenito. Zapatero sería, pues, un traidor a España, en manos de los terroristas o, si se prefiere, de los asesinos que actúan a cuenta de ETA. ¿Podría por consiguiente haber más noble justificación que la expuesta para que las víctimas se levantaran contra un Gobierno efectivamente rendido ante ETA? Pedro Jota es un experto en este tipo de artes malévolas. Su objetivo es ahora mismo echar a Zapatero de La Moncloa y no regatea ni esfuerzos ni golpes bajos. En este sentido, es ciertamente coherente. Y la ingenuidad de Zapatero al respecto de Ramírez resulta incomprensible. Y si no lo es, lo parece; que aún sería, según se mirara, bastante peor. Luis G. del Cañuelo |
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