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Nº 776 - 25 de febrero de 2008

Más allá de lo imaginable

Esto va mas allá de lo que nunca hubiera podido imaginar...". Así calificaba la canciller Angela Merkel el escándalo fiscal que desde hace algunos días sacude a los medios financieros y políticos.
No es para menos. De momento, el presidente de Deutsche Post, los Correos alemanes, ha tenido que dimitir, después de que la policía registrara su domicilio, acusado de haber evadido un millón de euros de impuestos. Pero las autoridades alemanas disponen de información sobre centenares de otros defraudadores que habrían ocultado sus rentas y patrimonios a través de fundaciones domiciliadas en Lienchtenstein, diminuto país situado entre Suiza y Austria, que ofrece maravillosas vistas sobre los Alpes y la absoluta discreción de sus bancos.
En uno de ellos, el LGT-Treuhand, propiedad de la familia de los príncipes que gobiernan el Principado, se concentra la mayor parte de la evasión fiscal denunciada por las autoridades alemanas. Lo que vaya a ocurrir puede provocar la caída de todo el sistema financiero de Liechtenstein, basado en el mantenimiento del secreto bancario, que genera el 30% del PIB de sus 35.000 habitantes.
El Principado de Liechtenstein está calificado de "paraíso fiscal no cooperativo" por la OCDE y hace tiempo que la Hacienda Pública alemana trataba de atravesar ese secreto consciente de que por allí transitaba una parte muy importante del fraude fiscal.
Esta vez parece que lo ha conseguido, gracias a un informador, presumiblemente un empleado del banco en cuestión, que ha vendido, por la módica cantidad de cinco millones de euros, un CD-Rom con información relativa a 600 de sus clientes y unos 4.000 millones de euros de patrimonios ocultos.
No es la primera vez que ocurre una cosa así. En2003 otro banco evitó, pagando más que el Fisco, que éste conociera una lista de sus clientes potenciales defraudadores que estaba en poder de un antiguo empleado.
Por eso, a fin de cuentas, que se haya destapado este fraude es una buena noticia. La mala es que aquello "que va más allá de lo imaginable" está produciendo una crisis de confianza en la opinión pública alemana. El ministro alemán de Hacienda ha denunciado el comportamiento asocia! de las élites, esos nuevos "amorales", que provocan la pérdida de confianza de los ciudadanos en el orden social.
Que un demócrata cristiano como el ministro del Interior, W. Schauble, tenga que decir que la economía so- " cial de mercado está hoy menos amenazada por los sindicatos que por el comportamiento de las élites económicas, dice mucho del estado de ánimo de un país que discute de los salarios abusivos de los dirigentes empresariales, del establecimiento de un salario mínimo y de las deslocalizaciones de empresas buscando menores costes laborales.
La traición de las élites duele más porque han estado defendiendo la moderación salarial y la necesidad de reformas dolorosas del sistema de protección social mientras practicaban el fraude fiscal a gran escala.
Con los datos de los que dispone, la Fiscalía alemana puede empezar a verificar la situación fiscal de centenares de presuntos ricos defraudadores. Éstos pueden, para escapar a sanciones penales, declarar voluntariamente su situación y pagar su deuda, con los correspondientes recargos, antes de que sean citados por la inspección de Hacienda, el mismo
sistema de las declaraciones "complementarias" que existe en España.
Quizás ahora que saben que Hacienda sabe, correrán a hacerlo para evitar males mayores, pero cuando en 2005 Schroeder aplicó una especie de amnistía fiscal para intentar llenar un poco las escuálidas arcas públicas, sólo afloró la cuarta parte de los 5.000 millones de euros que se esperaban de una medida que fue tan controvertida como inútil.
El caso de la fuga de información fiscal de un banco que produce un terremoto político en Alemania sigue de poco al no menos rocambolesco del empleado del banco francés Société Générale, que invirtió 50.000 millones de euros (¡sí, 50.000 millones!) en ese gran casino en el que se han convertido los mercados financieros mundiales, al margen de todos los controles y sin que aparentemente nadie se enterara hasta que causó una pérdida de 5.000 millones.
Ésta es una cifra equivalente a toda la ayuda oficial al desarrollo que da el mundo rico a los países pobres y menos de la mitad de lo que costaría eliminar el analfabetismo en América Latina.
Pero, ¿cómo es esto posible?, se pregunta uno. A pesar de que el director general de Société Générale se esfuerce en convencernos de que su banco no se dedica a especular y el príncipe de Liechtenstein ponga cara de no saber la situación fiscal de sus clientes, estos dos casos deberían hacernos plantear seriamente a qué se dedica y a quién sirve el sistema financiero mundial.
Por lo visto a cosas inimaginables, dignas de la mejor novela de ficción pero desgraciadamente bien reales y que sólo una sana reacción política puede intentar resolver. •

José Borrell

*Miembro de la Comisión de Energía (ITRE) del Parlamento Europeo

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