Nº 776 - 25 de febrero de 2008
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Escisión de los fidelistas

por Miguel Ángel Aguilar

S e ocupaba un buen amigo periodista en su sección En voz baja del informativo Hora 14 de la cadena SER de la noticia de la renuncia de Fidel Castro a ser reelegido presidente del Consejo de Estado y Jefe de las Fuerzas Armadas, puestos que había cedido provisionalmente desde el 31 de julio de 2006 a su hermano Raúl. Decía que algunos seguirían gritando ¡viva Fidel!, mientras otros pretenderían que el problema pendiente es que está muerto políticamente pero todavía mal enterrado. Pronosticaba que de sus actuales sucesores unos buscarán refugio en el búnker, como hicieron los franquistas de Gi rón de Velasco, para defender con uñas y dientes la Revolución; los demás propiciarán reformas anticipadas para no padecer la ruptura y obtener su pasaporte al futuro. Sentenciaba para concluir que "el fidelismo sin Fidel es un imposible".
Fuimos testigos de la imposibilidad de un franquismo sin Franco, que desmintió la ensoñación del "Movimiento continuo" proclamada por su permanente colaborador, el almirante Luis Carrero Blanco. Tampoco tuvo futuro el stalinismo sin Stalin, ni el salazarismo sin Salazar, ni el maoísmo sin Mao. Porque es ley histórica inexorable que los regímenes personales se extinguen con la vida del fundador que los encarna. Ahora es el turno de otro imposible, el del fidelismo sin Fidel. Otra cuestión es la cuerda que pueda tener Raúl y sus equipos. Pero sabemos también que a una figura del toreo nunca la releva el peón de confianza de su cuadrilla. Raúl como Caetano, como Arias Navarro tiene un tiempo breve, su eclipse ya ha empezado. El público de a pie que más o menos hambriento seguía hipnotizado al líder está claramente indispuesto a seguir por el camino del sacrifico a cualquiera de sus sustitutos.
En la Habana, José Oneto y el abajo firmante tuvimos ocasión de decírselo a la altura de abril de 2006 al entonces presidente de la Asamblea del Pueblo, Eduardo Alarcón. Lástima que al concluir la entrevista no nos entregaran copia de la grabación que a buen seguro harían. Sus réplicas se atuvieron al catecismo castrista pero el interés residía en todo lo que se dejó decir, por emplear la expresión reiterada de Manuel Azaña en sus diarios cuando da cuenta de sus encuentros políticos. Hablaba Alarcón de las nuevas generaciones revolucionarias y se refería con insistencia a un estudiante universitario al que llamaba Enriquito. Lamentaba que los periodistas siempre buscaran los mismos interlocutores y orillaran a los valores jóvenes. Subrayamos que bastaría publicar una entrevista con Enriquito para que su estrella decayera. Comentamos que mientras la Revolución quiso terminar con la condición de Cuba como prostíbulo de los norteamericanos nuestra experiencia de una semana es que cincuenta años después había pasado a ser el prostíbulo de los canadienses, los italianos o los españoles.
Ahora la cuestión que incumbe a España es la de ayudar con inteligencia a los cambios que van a producirse en Cuba para que vayan en la buena dirección y sean pacíficos y reconciliadores. Porque a España le corresponde liderar la posición de la Unión Europea que es clave para evitar que sea el primitivismo y el rencor de los norteamericanos el que marque el paso. Nos jugamos mucho en el envite y deberíamos adoptarlo todos unidos, cualquiera que sea el Gobierno y la oposición. Quien haya visitado Cuba sabe que los cubanos son de todos los ibe roamericanos los que más nos quieren. Tenemos una deuda con ellos que ahora debemos honrar. •

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