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Nº 775
18/2/2008
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El Consejo General del País Vasco. 30 aniversario

Por José María Benegas

Sin duda, 1978 fue un año trascendental para la nueva democracia española. No debe extrañar por lo tanto que 2008 esté lleno de efemérides y recordatorios de aquellos acontecimientos. Hace 30 años se constituyó el Consejo General del País Vasco, presidido por un obrero metalúrgico, Ramón Rubial, después de seis votaciones empatadas por Juan de Ajuriaguerra candidato del PNV. Dos condenados a muerte por el franquismo, con muchos años de cárcel a sus espaldas, se disputaron la presidencia del órgano preautonómico vasco al inicio de la transición democrática. Suárez había permitido e impulsado la vuelta de Tarradellas del exilio restaurando con carácter provisional la Generalitat de Cataluña. Tarradellas sostuvo la institución en el exilio identificada con su persona pero sin mantener un gobierno. La parte de los vascos derrotados en la Guerra Civil apoyamos durante más de 40 años un gobierno vasco en el exilio presidido primero por José Antonio Aguirre y después por Jesús María de Leizaola, integrado por el PNV, el PSOE, la hoy ilegalizada ANV e Izquierda Republicana. Adolfo Suárez valoró la vuelta del Gobierno Vasco en el exilio buscando una provisionalidad que pudiera entroncar con el Estatuto de 1936, ajustado a la nueva Constitución que estaba en fase de elaboración. A Jesús María de Leizaola le seducía la idea pero el PNV temeroso de que la transición democrática pudiera fracasar optó por mantener el Gobierno Vasco en el exilio.

No obstante, el Consejo General del País Vasco nació, se constituyó iniciando una nueva etapa. Juan de Ajuriaguerra aceptó su derrota y dio un ejemplo de lealtad política que incrementó nuestro respeto por su persona. Los más jóvenes siempre estábamos atentos a las miradas de aquellos dos condenados a muerte que nos dirigían y al mismo tiempo nos educaban. Aquel Gobierno pre-autonómico lo fue de concentración, PSOE, PNV, UCD, EE y un independiente, quedando al margen del mismo AP, por decisión propia y el aberchalismo violento. No es fácil presidir un gobierno de concentración. Supongo que 20 años de cárcel, además de las penurias, constituyeron una escuela formidable para conocer la condición humana e incrementar la capacidad de entender lo razonable de los otros, de los que piensan de otra manera. La relativización de las propias verdades constituye un elemento básico para el entendimiento y el acuerdo. En aquel Consejo, las decisiones, salvo en dos ocasiones que yo recuerde, se adoptaban por unanimidad.

El Consejo General del País Vasco cumplió su cometido. Durante su existencia se sentaron las bases que permitieron que Vizcaya y Guipúzcoa, provincias declaradas traidoras por Franco, pudieran recuperar el concierto económico suprimido en 1937; se ultimó y pactó el primer esquema de Policía Autónoma; se acordaron las primeras competencias en materia de Administración Local; fue reconocido y desarrollado el Distrito Universitario Vasco y lo más trascendente, Ramón Rubial convocó a la Asamblea de Parlamentarios Vascos, diputados y senadores elegidos el 15 de junio de 1977, urgiéndonos a la elaboración de un Estatuto de Autonomía para presentarlo a la mayor brevedad en las Cortes Generales. Con este motivo se produjo un gran acuerdo vasco cuyo fruto fue el Estatuto de Gernika hoy vigente, que más allá del ámbito competencial que es muyamplio, fue un pacto para la convivencia de la inmensa mayoría de los vascos alcanzado a través de sus legítimos representantes.

Cada época, cada momento que vive un pueblo, tiene sus afanes y metas a conseguir. Creo que la generación política que asumió sus responsabilidades en 1977 con el advenimiento de la democracia cumplió con sus cometidos y fue un ejemplo de capacidad de diálogo y de pacto. Hoy, treinta años después aquel gran acuerdo está cuestionado por otros planteamientos que tienen mucho que ver con supuestas soberanías territoriales y poco con los problemas reales de los ciudadanos vascos. El nacionalismo democrático a través del Lehendakari insiste en plantear un proyecto que lejos de unir, divide seriamente a la sociedad vasca. El nacionalismo violento sigue sin aceptar las reglas del juego democrático y persiste en la utilización de la violencia para conseguir sus objetivos políticos. Como consecuencia de ello los vascos vivimos sumidos en el desacuerdo sobre el marco en que debe desarrollarse nuestro futuro.

Como señalé anteriormente, cada época tiene sus afanes y objetivos, creo que dada la situación actual nuestro reto político consiste en dejarse de proyectos partidistas o personales y lograr para el País Vasco un Pacto para la Convivencia y la Libertad que no debe ser muy extenso porque lo que hay que acordar para civilizar y democratizar nuestras relaciones cabe en un folio. Ésta debería ser la tarea que consumiera el mayor tiempo de nuestra dedicación política y deberíamos empezar por recuperar la cultura del acuerdo.

*Diputado del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso.

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