Rajoy no tiene quien le cante
Mariano Rajoy se enfadó mucho con los titiriteros –que
es un vocablo que manejan
los genoveses a modo de vituperio– y les ha insultado diciendo que apoyan a José Luís Rodríguez Zapatero porque están untados. Esta derecha extrema desprecia y hasta odia, quizá por envidia, a los creadores, a los intelectuales, a los artistas, a los actores, a las actrices, a los cómicos... El macartismo, en los cincuenta del siglo XX, llegó a perseguir a los famosos de Hollywood de tendencia progresista. Para el senador McCarthy eran comunistas o filocomunistas. Sucede que –entonces y ahora– los conservadores norteamericanos tienden a ser ultramontanos. Se parecen en este punto a los españoles. No hay que olvidar las estrechas relaciones entre el neocon George W. Bush y el antiguo falangista José María Aznar.
Joan Manuel Serrat compuso una hermosa canción titulada, por cierto, El titiritero. Oyéndola o leyéndola pronto se da cuenta uno de las razones por las cuales los reaccionarios emplean esta palabra con desdén. Porque el titiritero de Serrat es un espléndido bosquejo de la humanidad transitando entre sueños y miserias: "De aldea en aldea/el viento lo lleva/ (...) su patria es el mundo/ como un vagabundo/va el titiritero (...) de feria en feria/ siempre risueño/canta sus sueños/y sus miserias (...)/ y al caer la noche/en el viejo coche/guardará los chismes/y tal como vino/sigue su camino/solitario y triste (...)".
La derecha, desde su soberbia genealógica, desprecia a tipos que proclaman que "su patria es el mundo" o que deambulan como "un vagabundo", o que combinan estar "risueños" y a la vez "solitarios y tristes". ¿Los llama Rajoy untados porque cuando tuvo Aznar su troupe de artistas algunos sí fueron untados? ¿O no lo fue Julio Iglesias mediante las amistades peligrosas con Eduardo Zaplana, en aquellos valencianos mítines de Mestalla?
Pero además Rajoy no tiene quien le cante. ¿Dónde están Norma Duval o el mencionado Iglesias o el ventrílocuo José Luis Moreno, importante hombre de negocios televisivos al amparo de la TVE pepera y que felizmente parece restablecido tras haber sido víctima de un asalto domiciliario? ¿Dónde está Lina Morgan? ¿Y Plácido Domingo, quien en 1996 le regaló una pista de pádel a Aznar para que la disfrutara en La Moncloa? ¿Y Bertín Osborne, que bailaba con Esperanza Aguirre y pedía el voto para la lideresa?
A Rajoy le quedan los obispos, los arzobispos y los cardenales. No tiene titiriteros, pero tiene a los curas de las manifestaciones. Como tiene –en ocasiones a regañadientes– a José Francisco Alcaraz, inasequible al desaliento, agitador infatigable, montando bronca hasta el minuto último antes de que se abran las urnas del 9 de marzo Y luego ya se verá.
No tiene Rajoy, sin embargo, ni a Emilio Botín ni a José María Cuevas, el patrón de patrones. Se jubiló por fin, Cuevas, el amigo de Manuel Fraga y de Martín Villa. Gerardo Díaz Ferrán, el actual presidente de la CEOE, no corteja al candidato del PP. Marca distancias o incluso hace guiños a Zapatero. Es un hombre próximo a Esperanza Aguirre. ¿Dato significativo? ¿Espera el turno hereditario de la presidenta madrileña? Aguirre, mientras, ya ha lanzado un mensaje a CiU por si acaba siendo nombrada sucesora de Rajoy. Si éste muere políticamente, lo que es seguro es que la Iglesia de Rouco Varela, que tanto ha protegido a Rajoy, le hará un funeral por todo lo alto. Y si vence al PSOE, el Te Deum resonará por todos los confines de la cristiandad.•
Enric Sopena |