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AGUA VA...
Ramón O'Pina
Nº 775- 18 de febrero de 2008
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De fuera e ilegales

Son una invasión. Nadie sabe cuántos son, sólo que hay demasiados. Y en aumento, se reproducen como los hongos. Hay quienes los ve con temor, miedo; otros con un cierto repelús; muchos con repulsa; algunos los vemos con preocupación. Y yo, asco. Preocupación porque acaban con lo más nuestro. Y asco por que lo guarrindonguean todo (del verbo guarrindongar: enmierdar; fig.:/ cagarla.) Hay quienes también piensan así de los inmigrantes, y esos sí (los que así piensan) me dan asco y vergüenza ajena. Pero yo me estaba refiriendo a los loros (cacatúas, o lo que sean) que están invadiendo Madrid (Casa de Campo, Parque del Oeste, El Pardo, Pozuelo...) Los hay a millones. Se comen todo bicho viviente, o cualquier cosa donde puedan hincar el pico. No dejan ni rastro de los pájaros de siempre: gorriones, mirlos... sólo se les resisten las urracas. Viven en grupo, en enormes nidos con múltiples compartimentos (como un bloque de pisos). Oírles chillar dentro te pone los pelos de punta. Es como oír La mañana de la COPE. Resultan parecidos: igual de agresivos y fuera de lugar. Ojo, que el último grito (como les es propio) va de anti-inmigración. Los que conocimos la Europa de los años sesenta y sufrimos el espectáculo de nuestros emigrantes, españoles, arrastrando sus morriñas por los andenes de las estaciones; aguantando desprecios, abusos y vejaciones para ganar unos francos, libras o marcos que mandar a su pueblo, entendemos que, hoy en día, nuestros pueblos y calles se llenen de inmigrantes con idéntico afán que nuestros paisanos de entonces por Europa (por no hablar de las generaciones anteriores embarcadas rumbo a las Américas). Por suerte para nuestros inmigrantes, los de la oposición (PP) seguirán en esa posición tras las elecciones del 9-M y, como los loros, repitiendo lo que se les va ocurriendo a sus mentores de la derecha europea como solución a sus (de cada país) distintos problemas de integración con sus turcos, sus árabes u otros originarios de sus antiguas colonias (o sus vecinos del Este europeo) bajo el liderazgo de Sarkozy en todo su esplendor, es como para echarse a temblar. Sin negar la mayor: la integración y las tensiones sociales derivadas de un fenómeno nuevo, y en cierto modo repentino, lo cierto y sustancial es que gracias a nuestros emigrantes los españoles viven mejor y España disfruta de un envidiable (e envidiado) desarrollo económico como nunca, ninguno de nuestros emigrantes de los sesenta por Europa pudo soñar. A diferencia de Francia, y resto del núcleo duro europeo, en España, cara a la integración de muchísimos de nuestros inmigrantes, contamos con una ventaja importante: son como nosotros. Tenemos un mismo idioma, una misma religión, infinidad de afinidades culturales, e igual raza (o igual de mestizajes bien avenidos). Ahí es nada, ya le gustaría a Sarkozy algo así cuando arde París a manos de sus marginados inmigrantes. Y Sres. del PP, porfa: dejen ya de amenazar (en vano). •

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