F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 775

18/2/2008

Pactos

Por Francesc Homs i Molist*

Hace unos días el señor Zapatero emplazó públicamente a CiU para que decidiéramos si queríamos o no entrar en el Gobierno. Y no era la primera vez que se dirigía a CiU en términos parecidos, cosa que sorprende a propios y extraños. Es tanto como reconocer públicamente que no ve clara su propia victoria electoral, contradiciendo así el sentido común de cualquier candidato que tiene la elemental obligación de insuflar moral de victoria a los convencidos para sumar a los que no lo están.

Y sobre este envite quería aprovechar esta tribuna para reflejar nuestra humilde opinión, por si pudiera interesar. De entrada, un comentario lógico y de imprescindible respeto democrático: lo fundamental y prioritario ahora es que la ciudadanía hable el próximo 9 de marzo y atribuya con el voto las responsabilidades que le parezca a cada cual. Será sólo a partir de aquí que CiU tomará las decisiones sobre los eventuales pactos que puedan establecerse. Y lo hará en función del programa electoral que habrá sometido a juicio del pueblo catalán, que es a quién únicamente debe su razón política de ser y de actuar. En este sentido, si alguien –como parece ser el caso del señor Zapatero– quiere especular sobre pactos, debe de saber cuáles son los aspectos fundamentales, que no únicos, del programa de CiU:

• Primero. Fijar un calendario detallado para aplicar el Estatut, aprovechando todo su potencial, derechos históricos incluidos.
• Segundo. Publicar las balanzas fiscales antes de cualquier investidura.
• Tercero. Introducir en la LOFCA
una cláusula de excepción para Catalunya con el fin de que no le sea de aplicación –como ya sucede en el caso del País Vasco y de Navarra–, y que el título de financiación del Estatut se pueda desarrollar con toda su amplitud.
• Cuarto. Establecer un acuerdo marco sobre la educación, permitiendo el desarrollo de una ley de educación catalana.
• Quinto. En aspectos económicos, desde revisar la política fiscal para disminuir la presión que padecen las clases medias, hasta impulsar el trasvase de agua del Ródano o modificar la política energética actual.
• Sexto. Potenciar las ayudas a las familias.
• Séptimo. Modificar el trazado del AVE en su paso por Barcelona.
• Octavo. Introducir medidas para incrementar la calidad democrática, entre las que debe de haber listas abiertas, limitación de mandatos o que quien gane las elecciones pueda formar gobierno.

Todo lo demás me parecen conjeturas a tener en cuenta, pero ni mucho menos definitivas. Incluso las que recientemente ha hecho el mismo Jordi Pujol en un interesante artículo publicado en un periódico de Barcelona. Los pactos en democracia se deben poner al servicio de los ciudadanos y no de los cargos o del poder que puedan asumir los políticos. Y en el caso de CiU no es un secreto desvelar que los ciudadanos y ciudadanas a los que nos debemos son los de Cataluña, con perdón y sin molestar a nadie.

Estoy seguro de que en su momento esta nítida posición política se comprenderá y se respetará. Algunos no la compartirán, y estarán en su derecho. Pero la democracia exige –que no es poco- respeto a los demás. Ni obliga a actuar contra la voluntad de nadie, y ni mucho menos puede imponer o suplantar. Requiere, eso sí, espacios de confianza, capacidad de comprensión y un profundo respeto. Y en este terreno vamos a ser claros: sólo puede haber pactos con quienes haya confianza, comprensión y respeto mutuos, es decir, no se puede actuar solidaria y conjuntamente en Madrid, y hacer lo contrario en Barcelona. Pero en este terreno CiU ha demostrado sobra damente tener las ideas claras. Los que francamente parecen estar confusos son los socialistas. Por ello contesto al señor Rodríguez Zapatero que pregunte primero en su casa: ¿con quién quiere pactar el PSC-PSOE?•

*Diputado al Parlament de Catalunya por CIU.

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