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| Nº 775 - 18 de febrero de 2008 |
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Esos modos, chicos
por Miguel Ángel Aguilar En plena carrera con la campaña electoral lanzada sin esperar al escrutinio de las urnas del 9 de marzo, en la prensa se ha generalizado el cambio de caballo, o de jokey. En el diario Abc ha sido fulminado el director José Antonio Zarzalejos que había encontrado un largo acomodo de subsistencia en las discordias de los accionistas de referencia y que llevaba meses sin dirigir la palabra al presidente del Consejo Diego Alcázar. El run-run de su destitución se había hecho crónico desde octubre pasado y parecía que esa mala salud de hierro le permitiría esperar en su silla el resultado de la pugna Zapatero-Rajoy y arreglarse después según salieran las cartas. Pero como tantas veces en España después de la parálisis ha sobrevenido la epilepsia: destitución del Consejero Delegado, que sólo llevaba unos meses, y enseguida, la del director, jugando con el factor sorpresa, y los nombramientos de los que encabezaban el equipo de La razón y formaban como contertulios de Losantos como plana mayor del Abc. Dice un buen amigo vasco de muchos apellidos, buen conocer de los vocentos, que en esta ocasión se les ha ido la mano. Recuerda que el campo del Volantín y en Neguri siempre se ha rendido culto a las formas y que ya Alfonso Churruca y Calbetón, abuelo de Santi y Emilio Ybarra, solía refrenar los excesos de sus cachorros bajo el lema de "esos modos chicos". Se ha comprobado que tanto el día del relevo del director como el del fichaje del equipo de "La Razón" sólo estaban al corriente el presidente Diego Alcázar, la editora de Abc Catalina Luca de Tena y Vargas, el nuevo consejero delegado. Zarzalejos lo supo cuando ya se había enviado la nota de la empresa a las agencias de noticias sobre las cinco de la tarde, hora taurina cuando no se alteraban los relojes. Julio Cerón describió con exactitud en la II Lección Conmemorativa Pascual Madoz que "cuando murió Franco, el desconcierto fue grande, no había costumbre". Ese mismo desconcierto, ahora por lo desacostumbrado de los modos empleados, se expandió en el mundo periodístico y entre los lectores que resisten en el diario Abc. Cuando unos días antes se había dado cuenta del relevo de Belarmino como consejero delegado sólo se subrayó la recuperada unanimidad del Consejo de Administración. En el caso del director el dato no constaba. Los dos fueron despedidos con flores, es decir elogios a su gestión y a los resultados alcanzados en términos de circulación creciente que los colegas de la competencia desmentían invirtiendo las gráficas. Belarmino se iba por motivos personales pero de los motivos de Zarzalejos nada se decía. Ni tampoco de la situación en que quedaba a partir de entonces respecto del Abc. |
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