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La lucha por Iberdrola tras la traumática experiencia de Endesa La lucha por Endesa no sólo se cobró la
pieza de Pizarro, sino que también afectó al prestigio de los órganos
reguladores como la Comisión Nacional del Mercado de Valores(CNMV) y la
Comisión Nacional de la Energía(CNE). En la primera se llevó por delante al
presidente, Manuel Conthe, y puso en un brete a su vicepresidente, Carlos
Arenillas. La segunda, la CNE, sufrió un doloroso desgarro que afectó a la
autoridad de la presidenta, Maite Costa. El Gobierno tampoco salió indemne al
mostrar embarazosas discrepancias en los mensajes emitidos por Miguel Sebastián
desde Moncloa y Pedro Solbes desde la calle de Alcalá. Y, naturalmente, afectó
al propio presidente del Gobierno, que apoyaba a Gas Natural con la patriótica
intención de poner en pista un campeón nacional de la energía. Ahora, con
Endesa en manos de una empresa pública italiana –el adversario la pretendía
alemana– y con la segunda gran eléctrica a punto de caer en manos del Gobierno
francés, su sueño nacionalista ha sufrido un serio percance. En realidad, quien
mejor ha quedado en todo este culebrón ha sido el equipo directivo de Gas
Natural. Cualquiera es capaz de explotar un triunfo pero para gestionar un fracaso
se necesita un fuerte liderazgo y su consejero delegado, Rafael Vilaseca, lo ha
ejercido con excelencia; ha llevado a la empresa de la calle de la amargura a
la autopista de una internacionalización prometedora.
Ahora la pregunta es si en la lucha por Iberdrola los distintos actores aprenderán la lección o no podrán resistirse a la atracción fatídica de repetir los errores. La diferencia más significativa entre ambos casos reside en el talante de sus protagonistas: Florentino Pérez, Ignacio Sánchez Galán y Julio Segura, fundamentalmente. Otra diferencia es la incertidumbre que plantean las elecciones. El ex presidente del Real Madrid está consiguiendo que Iberdrola no entre en la pugna electoral. En la batalla por Endesa se enfrentaron el PP, que apoyaba a calzón quitado a Manuel Pizarro, y por tanto al presidente de la alemana E.ON, Wulf Bernotat, contra el PSOE, que tomaba partido por José Manuel Entrecanales y el consejero delegado de Enel, Fulvio Conti. En esta ocasión el enfrentamiento político no se produce de forma abierta pues Florentino Pérez tiene muy buena entrada con socialistas y populares e intenta seducir al Gobierno vasco, donde reside Iberdrola. No hay tampoco razones serias que indiquen vinculación alguna del presidente de esta compañía, Ignacio Sánchez Galán, con uno u otro partido. Mariano Rajoy no ha dicho nada al respecto, aunque Cristóbal Montoro, ex ministro de Hacienda con Aznar, ha denunciado el intento de la francesa como una muestra de la “peor Europa”. Por su parte, Zapatero se refugió en la típica frase de circunstancias: “EDF deberá negociar en un clima de “buen entendimiento” y Solbes se limitó a expresar su preferencia “de que Iberdrola no se venda y se trocee”. Nada concluyente salvo la evidencia de que el próximo Gobierno tendrá que ocuparse del asunto y negociar con Sarkozy aunque la Comisión Europea se rasgue las vestiduras. Pasado el 9-M no podrá evitarse la politización del asunto pero ésta se desarrollará en un plano más alto. La cuestión no residirá entonces en qué partido coloca al presidente de la empresa, sino la conveniencia o inconveniencia de que las dos grandes eléctricas del país sean manejadas por empresas públicas extranjeras. El debate se centrará o debería centrarse en la relevancia del “factor sede”, en la conveniencia de que persistan los nacionalismos, en si interesa a los ciudadanos una competencia libre y un verdadero mercado único de la energía y, sobre todo, en si, siendo deseables libertad y mercado único, está garantizado el juego limpio. EDF puede comprar a Iberdrola pero ésta no puede adquirir aquélla porque es propiedad del Estado francés. Se advierte, finalmente, otra diferencia significativa: el distinto talante de Manuel Conthe y de Julio Segura, su sucesor al frente de la CNMV. El prestigioso profesor seguirá en su puesto gane quien gane, y ya ha avisado que vigilará con lupa para que nadie utilice o transmita información errónea al mercado para favorecer unas posiciones u otras. Misión imposible. Si es difícil detectar, probar y castigar la información privilegiada, es prácticamente imposible impedir las intoxicaciones por muy obvia que sea la fuente envenenada que las hace manar. Conthe también lo intentó y solo consiguió revueltas periodísticas. Segura tiene otro carácter: al paradójico Conthe le perdía la dificultad para embridar su brillantez de polemista mientras que al titular actual le horrorizan el protagonismo y las paradojas y es más partidario de hacer y callar. La experiencia enseña que la batalla psicológica es la madre de todas las batallas y que la primera víctima de toda guerra es la verdad, pero no es fácil tomar decisiones que afecten a la libertad de expresión. José García Abad |
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