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Nº 774 - 11 de febrero de 2008

Reconoce al nuevo PSOE y hará más campaña que nunca

Felipe se rinde a ZP

 


Se rinde a la evidencia de que el equipo renovador de Zapatero tenía un proyecto que ha sabido sacar adelante,
a pesar de sus recelos iniciales y los de otros dirigentes de la vieja guardia. A las posibilidades del líder socialista
de volver a ganar las elecciones después de haber sabido sortear una implacable oposición política y mediática.
Y al consabido baño de multitudes que le recibirá en los mítines previstos a lo largo y ancho de la geografía española, donde volverá a sentir un hormigueo que sólo los líderes más aclamados han llegado a experimentar.
A Felipe González no le duelen prendas por implicarse más que nunca en la tarea de que José Luis Rodríguez Zapatero gane de nuevo las generales; tras pronunciar algunos famosos reproches a su gestión, el sevillano
ha introducido notables matizaciones en su discurso contemporizando con el leonés por el bien de un fin
común: la victoria del PSOE.

Por Virginia Miranda

Por primera vez desde 2004, Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero compartirán escenario en un mitin electoral. Será este sábado 16 de febrero en Hospitalet de Llobregat (Barcelona), donde volverán a protagonizar un mano a mano en uno de los mayores caladeros de votos socialistas.

Y es que el ex presidente está a disposición de lo que la dirección del PSOE le pida. Lo asegura una persona próxima a González, quien asumirá mayor protagonista en esta campaña que en la de 2004. En la anterior convocatoria, “se recorrió gran parte del país. Estuvo en casi todas las autonomías y cerró en Sevilla; este año también estará allí el último día”. La de entonces fue una participación “bastante amplia con más de 20 actos”, y para estas generales, “andaremos por ahí, quizá un poco más”. Además, mientras en otras ocasiones la intervención de González se centró en los 15 días de campaña, “hará más precampaña” que antes. “Excepto por una conferencia comprometida en Panamá alrededor del 20 de este mes, el resto de los días los pasará aquí para dedicar todo el tiempo a la campaña”, aseguran estas fuentes.

Se lo pidió personalmente José Luis Rodríguez Zapatero. Fue el pasado 19 de diciembre, cuando este último convocó en La Moncloa al ex dirigente socialista con la excusa de su responsabilidad como presidente del Grupo de Reflexión sobre la Unión Europea. Durante el almuerzo, el jefe del Ejecutivo le pidió su colaboración en la campaña y su invitado le manifestó desde el primer momento que estaba “totalmente a su disposición”.

Desde Ferraz han diseñado su participación “como la de uno más” y confían en que sabrá arreglárselas para intervenir en los mítines. “A Felipe le han dejado absoluta libertad. Es él, cuando llega al lugar donde se van a celebrar, quien pide reunirse con los candidatos y la dirección para tomar el pulso, escuchar los temas e inquietudes de cada autonomía”, dicen. Y por supuesto, “según avanza la campaña, su intervención está muy pegada al terreno y a las noticias del día”. Así será en Galicia, en Castilla-La Mancha, en Castilla y León, en Andalucía –sobre todo en esta autonomía, donde coinciden las generales con los comicios de esta Comunidad– o en Cataluña, donde aún le quedan un par de actos contando con el del próximo sábado después de haber intervenido en la presentación de la cabeza de lista por Barcelona, Carme Chacón. Fue el 20 de enero, en el pabellón del Valle de Hebrón de la Ciudad Condal. Allí se dieron cita más de 7.000 personas; había tanta gente dentro como fuera, donde los que no lograron acceder al recinto se conformaron con ver al ex presidente en las pantallas instaladas en el exterior. Y allí se pudo escuchar a un Felipe desprovisto de reproches, a pesar de haber sido uno de los socialistas de la vieja guardia que más se han significado contra algunas de las políticas clave del Gobierno de Zapatero. Contestando a CiU, que comparó al presidente con Mariano Rajoy, achacó su estrategia a “intereses mercantiles”, alejados de lo que debería ser “un proyecto de país” para Cataluña. Significativa referencia a un concepto identitario como el del país catalán después de haber manifestado sus recelos al respecto en anteriores ocasiones. En abril de 2005 dijo que “eso que a veces se llama derecho a la propia identidad no se puede contraponer a la ciudadanía” y “los derechos universales, que son de ciudadanía y no de identidad, no están ligados a un territorio”.

Felipe González parece ciertamente haber contemporizado con Zapatero. En este y otros temas. Yendo incluso más allá que el jefe del Ejecutivo. Asumiendo más riesgos, desde la libertad del que no tiene responsabilidad de Gobierno, de los que él mismo llegó a afrontar cuando era inquilino de La Moncloa. El pasado 12 de enero, en una entrevista en el programa A vivir que son dos días de la cadena Ser y después de que el PSOE desestimara la posibilidad de modificar la ley del aborto, González consideró que sería conveniente “una ley de plazos, con un protocolo de aplicación, susceptible de interpretación”. Y aunque no ha sido tan osado como quien fuera su vicepresidente, Alfonso Guerra, pidiendo la revisión de los acuerdos de España con la Santa Sede tras los recientes ataques de la Conferencia Episcopal al Ejecutivo, días después de la concentración en la Plaza de Colón del 30 de diciembre contra las políticas sociales de Zapatero organizada por el arzobispado de Madrid, el ex presidente, tras recoger en San Sebastián el premio Ramón Rubial a los valores socialistas, dijo estar “harto de que nos salven los obispos” y les acusó de demostrar una “actitud integrista”.

Ha sido en estos últimos meses cuando Zapatero ha advertido con cierto alivio que su antecesor socialista en el cargo había decidido sumar, y no restar, en su campaña electoral del 9-M. Porque haya reconocido que el presidente sí tenía un “nuevo proyecto, con contenido e ideas”, a pesar de haberlo dudado públicamente en mayo de 2002. O porque enfrente está el Partido Popular y a fin de cuentas el objetivo es que el Partido Socialista gane las elecciones. Pero el desenlace no tenía por qué haber sido feliz, después de una legislatura de desencuentros y de no haber hecho nada por solventarlos: en una reciente entrevista con Iñaki Gabilondo en Cuatro, González reconoció que apenas había hablado “dos o tres veces” con Zapatero a lo largo de 2007.

El Siglo ha dado cuenta de esos desencuentros a lo largo de estos últimos años. A finales de 2004, pocos meses después de ganar las elecciones, Zapatero le negaba a su admirado antecesor socialista en el cargo el indulto a Rafael Vera, después de haberlo solicitado en un escrito público firmado con otros veteranos dirigentes del PSOE. Aquello no le cayó nada bien a Felipe González, que comprobaba cómo la fortaleza del joven equipo de Zapatero ponía en evidencia la debilidad de la vieja guardia. Sin embargo, no puede decirse que le pillara con el pie cambiado. Porque era consciente de la dificultad política que implicaba y porque ya acusaba las consecuencias de haber dejado de ser el principal referente en el partido y, por tanto, del ahora líder. En abril de 2004, a pocos días de las generales del 14-M, dijo: “Me siento como el último mohicano y me duele”.

A partir de entonces, quien gobernara durante más de 13 años iría acumulando con el tiempo otra serie de reproches, relacionados esta vez con las decisiones y omisiones políticas –no haberle consultado en asuntos clave– del día a día, que no dudaría en airear en más de una ocasión.

Su bestia negra han sido las reformas estatutarias. En noviembre de 2005, durante una charla en la UGT de Sevilla, el ex presidente del Gobierno habló sin tapujos sobre sus diferencias con el actual inquilino de La Moncloa. Allí fue donde vertió la hasta entonces mayor crítica contra el Estatut, aunque el ambiente y el contexto propiciaron otras declaraciones igual de reveladoras, como que no mantenía contacto con el actual Gobierno socialista. El Siglo reprodujo algunos de los pasajes más elocuentes [ver número 678: Lo que dijo Felipe, de verdad, en la UGT de Sevilla] sobre las diferencias manifestadas por González: “No estoy de acuerdo con la propuesta que han hecho del Estatuto de Cataluña, no me parece que sea acertada”. “Que se hagan las reformas que sean, pero para fortalecer a las partes y al todo. Si no, habremos hecho un pan como unas hostias”. “No tengo una relación fluida, ni de la otra, con el Gobierno, que considero nuestro”.

También la reforma del Estatuto de Andalucía tuvo su ración de críticas. En el verano de 2006 y en un acto en Sevilla, dijo que el proceso catalán “se ha hecho muy mal” y el término “realidad nacional” que figuraba en el andaluz “ni yo ni el 95 por ciento de mis paisanos entiende qué significa”, aunque tras una charla con Manuel Chaves, rebajó el tono y colaboró en la campaña del referéndum estatutario.

La política antiterrorista del Gobierno, una de las más sensibles de la legislatura por lo que conlleva siempre un proceso de diálogo con ETA y por lo que ha supuesto en este caso la estrategia de oposición del Partido Popular, tampoco ha merecido la aprobación del ex presidente socialista. En febrero de 2006, sobre el fin de la violencia, aseguró: “No comparto ningún ataque de optimismo”. Un día después, remarcó: “la oposición debe apoyar al Gobierno incluso si se equivoca”.

No puede decirse que Felipe González haya cambiado ahora de parecer. Ni tiene por qué hacerlo –no ostenta responsabilidad alguna en el partido–, ni se entendería en época de precampaña. Precisamente, la participación de Felipe González se ha interpretado como un guiño al electorado socialista más receloso de algunas medidas como la reforma del Estatut. Sin embargo, su lenguaje es más moderado. Sobre este último asunto, en la reciente entrevista en la Ser, dijo que “no forma parte de las preocupaciones de la gente de verdad”. Aunque el 8 de enero, en la entrega de premios Ramón Rubial, abogó por “un mayor grado de tolerancia” y de “comprensión de la otredad” para que puedan convivir en España los “distintos sentimientos de pertenencia”. La sociedad española, continuó, es “cada vez más diversa en origen y más diversa porque se está haciendo multiétnica, con sentimientos de pertenencia legítimos distintos”, pero aún no sabe “cómo adaptarse a la globalización y responder a eso”.

De ETA comentó que “está más débil que nunca”, y el proceso de paz fue “probablemente la mejor opción para acabar” con la banda terrorista, aunque durante su intervención en Cuatro consideró que “probablemente” Zapatero “sólo” trabajó con la hipótesis de que el proceso “podía salir adelante”, y en la lucha contra el terrorismo “se debe trabajar con dos, con tres o con cuatro hipótesis”.

González sigue siendo un activo para el PSOE. No en la acción de Gobierno, él mismo ha lamentado no haber tenido la oportunidad de manifestarle a Zapatero su opinión sobre algunos temas de los que sin embargo ha hablado en público. Pero sí en las urnas. Existe toda una generación de electores que siguen profesando admiración a Felipe y Zapatero no puede desperdiciar ni un sólo voto.

Los últimos de la ‘vieja guardia’ en las listas

En septiembre de 2006, el entonces presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, anunciaba su retirada de la política. La marcha del barón socialista daba por cerrada la larga y fructífera etapa de la vieja guardia del PSOE, que años después del ascenso de José Luis Rodríguez Zapatero a la secretaría general del partido primero, y a la presidencia del Gobierno después, se resistía a desaparecer de la primera línea.

A pesar de ello, aún persisten  dirigentes y cuadros intermedios procedentes de la época de Felipe González. Están los que han sabido adaptarse a los nuevos tiempos y sumarse al proyecto de Zapatero, como el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Luego están los que siempre han mantenido cierta independencia aunque asumiendo el liderazgo de uno y otro, como el número uno por Toledo, José Bono. Y por último cabe mencionar a quienes se les sigue  identificando más con el felipismo e incluso con el guerrismo.

Este el caso de José María Benegas y de Juan Barranco. Aunque Zapatero ha hecho las listas que ha querido, o precisamente por eso, no ha intentado jubilar a quien no haya decidido irse -como Joaquín Leguina, que ha sido presidente de la Comisión de Defensa en el Congreso-. A pesar de los socialistas vascos, que pretendían incluirle en la lista por el Senado, el presidente ha mantenido a Txiki Benegas, quien fuera número tres del Partido Socialista con Felipe González, en la candidatura del PSOE a la Cámara Baja, y de mantenerse en la provincia los resultados de 2004 -los tres primeros de la lista obtuvieron escaño-, el ex secretario de Organización socialista conservaría otros cuatro años su despacho en la Carrera de San Jerónimo.

Juan Barranco, el último alcalde socialista de Madrid, ha dado además un salto cualitativo: abandona la lista por la Cámara Alta, donde ha sido senador desde 1989, para regresar a la del Congreso como número dos por Madrid, un puesto que le garantiza continuar como parlamentario en la próxima legislatura.

Como en el caso de Txiki Benegas, ha sido el secretario de Organización, José Blanco, quien ha hecho el ajuste en la lista aprobada por el comité regional de Madrid para incluir a Juan Barranco, aunque en este caso con el beneplácito del secretario general del partido en la región, Tomás Gómez, discípulo político del hasta ahora senador socialista.

Los compromisos de Aznar en campaña y su pluriempleo

“Aznar hará lo que le diga el partido”, dicen en la fundación FAES, pero a renglón seguido advierten que tiene muchos viajes pendientes al extrenjero en próximas fechas y coincidiendo con la campaña electoral. De hecho, el pasado sábado no pudo acudir a la presentación del programa electoral del PP -al cierre de esta edición, esta era la previsión de la que disponía FAES- porque se pasó la semana en Georgetown atendiendo sus responsabilidades en la Universidad estadounidense. Quien sabe si su menor implicación en la campaña de Mariano Rajoy perjudicará al candidato o acaso le librará de las consabidas críticas a cuenta de la presencia de su mentor por designación digital. Incluso de los problemas que puedan surgir si Aznar decide salirse del guión de “lo que importa es la cesta de la compra” y pone en la agenda política temas que ahora no tocan ni convienen al PP.

En cualquier caso, conferencias y clases universitarias al margen, es probable que el ex presidente también esté ocupado en atender sus nuevas obligaciones recientemente contraídas. El diario Público acaba de publicar que el 1 de febrero, José María Aznar se dio de alta en el Colegio de Abogados de Madrid tras pagar los 915 euros por inscripción pertinentes, además de los 39 euros de cuota trimestral que pagan los abogados ejercientes el primer año de colegiación, que por deferencia al ex presidente ingresó en una entidad bancaria un empleado del Colegio de Abogados. El periódico advierte que el presidente de honor del PP ha indicado que su intención es ejercer la abogacía por cuenta propia, y recuerda que Felipe González siguió el mismo procedimiento, aunque se sabe que el suyo tenía un fin concreto: firmar como letrado defensor la recusación presentada ante el Tribunal Constitucional por el ex ministro del Interior, José Barrionuevo, condenado a diez años por el secuestro de Segundo Marey reivindicado por los GAL.

Se ve que después de ser presidente del Gobierno, un sólo trabajo le deja insatisfecho. Aznar no se ha conformado con dar clases en Georgetown (Estados Unidos) y en el Instituto Tecnológico de Monterrey (México), con asesorar a la inmobiliaria norteamericana J. E. Roberts, con ser consejero de News Corporation y de Centaurus Capital, con administrar la empresa familiar Famaztella, con dar conferencias para FAES y con escribir libros. ¿Qué será lo próximo?

A ver si Rajoy se entera de qué va la vaina por Enric Sopena


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