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Nº 774 - 11 de febrero de 2008

El “supermartes” no resuelve el pulso Obama-Clinton

Duelo histórico en las primarias USA

La esperada celebración de las elecciones de precandidatos en 24 Estados del pasado 5 de febrero –el famoso “supermartes”- no ha aclarado demasiado la situación de cara a la designación de los cabezas de cartel para los comicios presidenciales de la nación más poderosa del planeta. Especialmente reñida queda la situación en el Partido Demócrata –cuyo candidato/a definitivo/a tiene muchas papeletas de sentarse en el Despacho Oval tras los comicios del próximo noviembre. Una ligera ventaja de la ex primera dama, Hillary Clinton, frente al primer aspirante negro de la historia, Barack Obama, deja las cosas casi tal y como estaban antes de esta cita con las urnas. Algo más claro está el panorama en el Partido Republicano, donde ya parece muy difícil que se le escape la designación a John McCain, que ya ha conseguido más de la mitad de los compromisarios necesarios, y quien, curiosamente, al principio de la larga carrera electoral, aparecía en las encuestas como el “patito feo” que contaba con menos posibilidades.

PorPedro Antonio Navarro

Los demócratas se veían las caras en 24 estados este pasado 5 de febrero. Las espadas estaban en alto y, como viene siendo tradicional, se esperaba que de esta diputa electoral interna saliese un claro vencedor. Un candidato o candidata prácticamente definitivo, que hubiese marcado las distancias con su oponente. Pero los resultados de esta gran cita apenas han aclarado nada en la reñida disputa que libran Hillary Clinton y Barack Obama. Empate técnico, una expresión muy socorrida en los últimos tiempos, ha sido la más empleada por los expertos para explicar en qué punto queda, de momento, la carrera por la candidatura demócrata a la presidencia de Estados Unidos.

Clinton conseguía un puñado más de delegados, y la victoria en los Estados más poblados: Nueva York, California, Nueva Jersey. También se alzaba con el triunfo en  Massachussets, Oklahoma, Tenesee y Arizona.

Sin embargo, Obama conseguía imponerse en un mayor número de territorios, 13 de los 22 en disputa. Así, vencía en Illinois –donde es senador–, Delaware, Missouri, Minnesota, Idazo, Utah, Colorado, Kansas, Georgia, Alabama, Connecticut, Dakota del Norte y Alaska.

A diferencia de lo que sucede en las primarias del Partido Republicano, el número de delegados obtenidos por los precandidatos demócratas es directamente proporcional a sus votos, en cada circunscripción. El vencedor en un territorio no obtiene todos los delegados, sino el porcentaje obtenido. La victoria en algunos Estados del uno o de la otra ha sido por escaso margen, y ambos tendrán un buen número de compromisarios de esos lugares. Una situación tan disputada como la actual después de un supermartes no se veía desde 1952.

En estos momentos –este texto se redacta antes de conocerse los resultados de las primarias en Louisiana, Washington, Nebraska y las Islas Vírgenes, que habrán tenido lugar el pasado 9 de febrero–, la senadora Clinton cuenta con 845 delegados, mientras que Barack Obama tiene 765. Para conseguir directamente la nominación son necesarios un total de 2.025; ninguno de los dos ha conseguido ni la mitad, y el pasado 5 de febrero estaban en disputa el 42 por ciento del total.

Según los analistas norteamericanos, Obama ha conseguido más éxito con el voto negro y el voto joven. Clinton encuentra mayores respaldos entre los votantes de más de 40 años, que valoran su experiencia, frente al mensaje de “cambio” exhibido por su oponente. También ha resultado decisivo en estas primarias del 5 de febrero el voto latino, que ha dado su apoyo mayoritario a la candidatura de Clinton, en buena medida por el papel de la senadora en defensa de una nueva Ley de Inmigración que pretendía legalizar la situación de 12 millones de inmigrantes en situación irregular (aunque la norma fue rechazada).

De todos modos, la campaña demócrata ha abandonado el perfil de enfrentamiento de los primeros momentos. En el último debate entre Clinton y Obama,celebrado antes del supermartes, en el Teatro Kodak de Los Ángeles –lugar de celebración de la ceremonia de los Oscar–, ambos reconocían públicamente su amistad personal, y ambos aceptaban que sería muy posible que quien quedase segundo en esta carrera hacia la Casa Blanca, seguramente acompañaría al otro en su candidatura, como eventual vicepresidente, y formando, en todo caso, un potente tándem en las elecciones de noviembre.

Mucho más claro parece haber quedado todo en las filas republicanas, aunque no con una diferencia definitiva. El candidato que al comienzo de esta larga carrera partía con menos posibilidades, el senador por Arizona, John McCain, se perfila como el claro triunfador final de este proceso. Con el aval personal de personajes como el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, que se ha retirado de la carrera y le ha brindado su apoyo, o el gobernador del Estado más poblado del país, California, Arnold Schwartzeneger, McCain se alzaba con un claro triunfo este 5 de febrero y conseguía el doble de delegados que los dos competidores que le quedaban en liza, el ex gobernador de Massachussets, Mitt Romney, y el ultraconservador ex gobernador de Arkansas, Mike Huckabee.

McCain necesita 1.191 delegados para conseguir la designación automática, y ya cuenta con 613. Pese a todo, aún quedaba algo de espacio para las sorpresas, y Huckabee se alzaba con el triunfo en los Estados de Alabama, Arkansas -donde fue gobernador hasta 2006-, Georgia, Tenessee y Virginia Occidental. Por su parte, Romney se hacía con el triunfo en Massachussets, Colorado, Utah, Alaska, Minnesota, Dakota del Norte y Montana. Pero, a pesar de marchar segundo en la carrera, el ex gobernador de Massachussets decidía tirar la toalla el pasado 7 de febrero, tras tomarse una jornada de reflexión. La ventaja de John McCain ya parece insalvable a estas alturas, mucho más después de que su inmediato seguidor le haya dejado el campo libre. Romney, que había gastado de su propio bolsillo algo más de 35 millones de dólares en su campaña para conseguir la presidencia, afirmaba que sentía que había llegado el momento de hacerse “a un lado”. En su discurso de despedida no desveló para cuál de los dos contendientes que aún siguen en la pelea sería su apoyo, pero todo apunta a que será McCain el beneficiario de los delegados de Romney.

El triunfador de la jornada, McCain, además de los que más delegados aportan, California y Nueva York, se hacía con la victoria en Delaware, Conecticut, Oklahoma, Nueva Jersey, Missouri, Arizona e Illinois. Sólo una catástrofe podría privarle ya de la denominación como candidato presidencial por los republicanos en noviembre de 2008.

Muchos en su partido verían con muy buenos ojos una candidatura liderada por McCain con Mike Huckabee como cartel para la vicepresidencia, pues de ese modo se abarcaría todo el arco ideológico que hoy tiene cabida en el Partido Republicano. McCain aporta la visión más liberal y ofrece una imagen más moderada después de ocho años de Gobierno Bush, que ha aplicado las recetas más conservadoras en los social y las más neoliberales –neocons- en lo económico, lo que ha producido un considerable desgaste en el electorado estadounidense, especialmente tras la invasión de Iraq y sus catastróficos resultados, y la crisis económico-financiera que amenaza el fin del mandato de Bush jr.

Por otro lado, Huckabee es el referente perfecto para los ultraconservadores y fundamentalistas cristianos, especialmente en el sur del país.

Mientras, los demócratas parece que ampliarán el suspense, y de seguir así las cosas, podría llegar hasta la convención final, que tendrá lugar en Denver, a finales de agosto de este año. Allí, podrían tener un peso decisivo los conocidos como “superdelegados”, destacados miembros del partido, una especie de “club de notables” que tienen garantizada su presencia en la votación final y que, es posible que sean al final los que tengan en sus manos el peso de la decisión final. Para evitar esta situación aún quedan numerosas confrontaciones de primarias en muchos Estados, empezando por las que se producirán el próximo día 12 de febrero en Virginia, Washington y Maryland. Les seguirán las primarias en Texas –otra auténtica plaza fuerte con un gran número de delegados en disputa-, Rhode Island, Vermont y Ohio, todas el día 4 de marzo. Más tarde, el día 9, la cita será en Wyoming, y el Estado de Mississippi celebrará sus primarias el 11 de marzo. Buena parte de la suerte de Clinton y Obama se decidirá en estas fechas.

A día de hoy, según todos los estudios demoscópicos, cualquiera de ellos dos que consiga la nominación a la candidatura, tendrá muchas posibilidades de ser el próximo presidente de los Estados Unidos y, por tanto, el próximo emperador/emperatriz; el político más influyente del planeta.

Los aspirantes a gobernar el mundo

HILLARY CLINTON

Pese a una disputa muy igualada, tanto por el número de delegados cosechados hasta el momento, como por los sondeos, la ex primera dama norteamericana mantiene una ligera ventaja sobre su más firme competidor, el senador por Massachussets, Barack Obama.

Nacida en Chicago (Illinois -donde, curiosamente es actual senador Obama-) como Hillary Diane Rodham, en 1947, estudió Derecho en la Universidad de Yale, donde conocería a su marido, William Clinton. Ejerció como abogada en la Children’s Defense Fund y, en 1974 se trasladó a Arkansas, en cuya universidad pública impartió clases de su especialidad. En 1975 se contraía matrimonio con Bill Clinton, y casi simultáneamente, abría su propio bufete, donde continúo ejerciendo su profesión hasta 1992 –años de la primera elección de Clinton como presidente-..

Como primera dama, formó parte de una comisión especial encargada de poner en marcha una completa reforma del sistema sanitario norteamericano. En su propuesta se incluía la cobertura universal a través de un seguro médico obligatorio y que, finalmente, resultaba rechazado en instancias parlamentarias.

Poco antes de concluir el primer mandato de su marido, se vio envuelta en  un escándalo de fraude inmobiliario, dado a conocer por la prensa estadounidense como “Caso Whitewater”, aunque, pese a ello, los Clinton volvían a ocupar la Casa Blanca por otros cuatro años. En 2001 lograba el triunfo en las elecciones al Senado por Nueva York, consiguiendo un escaño que a día de hoy mantiene por esta circunscripción. Dos años más tarde publicaba una autobiografía, “Historia viva. Memorias”, en el que hacía especial hincapié en lo acontecido durante sus ocho años como primera dama, sin obviar el escabroso “Caso Lewinski” ni el Whitewater. Consiguió que el Estado de Nueva York destinase 21.400 millones de dólares para atender a las necesidades de las familias de las víctimas de los atentados del 11-S, así como para ofrecer compensaciones a las empresas afectadas y a los voluntarios, bomberos y policías que vivieron en directo los efectos de la tragedia.

Su posición con respecto a la Guerra de Iraq ha ido cambiando. En 2003 votaba a favor de la invasión, aunque ahora se opone y se defiende aduciendo que no hubiera obrado igual de saber lo que ahora es público y notorio. Se opuso al envío de más tropas en 2007, y defiende una retirada gradual de los soldados allí desplazados, aunque defiende con fuerza la actuación en Afganistán.

Con respecto a Irán, apuesta por una política de sanciones y presión diplomática contra el régimen de Teherán, oponiéndose a una acción militar si no cuenta con un amplio respaldo de las Cámaras. En su programa se encuentra una reforma en profundidad de las leyes migratorias, que incluye medidas para conseguir en diversos plazos la legalización y regularización de los cerca de 12 millones de inmigrantes no regularizados que se encuentran en territorio estadounidense.

En cuanto a las acciones para combatir el cambio climático, su propuesta pretende incrementar la investigación en energías renovables y la firma por parte de su país de un acuerdo global en el que se compromete a que Estados Unidos disminuya de forma considerable sus emisiones de gases contaminantes.

Defiende con firmeza el derecho de elección de la mujer en cuanto al aborto, mientras que su apuesta económica estratégica no contempla el desarrollo del ALCA ni de ningún otro acuerdo internacional de libre comercio.

BARACK OBAMA

Es la gran sorpresa de la larga campaña electoral norteamericana. Hijo de un economista de Kenia licenciado en Harvard y de una ciudadana estadounidense, a sus 46 años es el candidato más joven en liza. Senador por Illinois, es el quinto legislador negro en la historia de Estados Unidos.

Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Columbia, especializándose en Relaciones Internacionales y, tras un primer paso por Chicago, donde ya comenzó a implicarse en política de base en diversos distritos. Se marchó durante tres años para realizar sus estudios de Derecho en la Universidad de Harvard, graduándose con magna cum laude, y donde fue elegido el primer presidente negro del Harvard Law Review. A su retorno a Chicago trabajó en una Consejería Jurídica de Defensa de los Derechos Civiles, simultaneándolo con la docencia como profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Chicago.

Tras ocupar varios cargos locales desde 1996, con fama de ser uno de los más liberales de su partido, en 2004 se presentó como candidato para el puesto de senador en Illinois. En el proceso de primarias obtuvo más votos (el 52 por ciento) que sus otros seis adversarios demócratas juntos. Elegido candidato, barría en las elecciones locales consiguiendo casi el 70 por ciento de los votos (el 69,97) en el Estado y derrotando con suma claridad a su oponente republicano, Alan Keyes.

También en 2004 su nombre comenzaba a resonar con fuerza como uno de los líderes de mayor proyección del Partido Demócrata cuando le fue encargado pronunciar el discurso central en la convención de su formación política, justo antes de las últimas elecciones presidenciales.

Desde la presentación de su candidatura, no sólo ha sorprendido por su capacidad de recaudar fondos para su campaña –en los primeros meses había obtenido 25 millones de dólares, casi tanto como Hillary Clinton, sino que ha sido capaz de recabar el apoyo de importantes clanes y líderes destacados del partido, como los Kennedy o el ex candidato John Ferry.

Técnicamente no es un político de izquierdas, aunque sí sostiene un discurso muy progresista en casi todos los aspectos, especialmente en términos de la política estadounidense. Ya en 2003 se opuso con vehemencia a la invasión de Iraq por parte del ejército de su país, posición que hoy en día mantiene, y en su programa de gobierno está contemplada la retirada de todas las tropas en los plazos más breves, y la convocatoria de una convención de Naciones Unidas encargada de propiciar la reconciliación nacional en la nación mesopotámica.

Otro elemento que lo diferencia de las posiciones de Hillary Clinton es su disposición a sentarse a dialogar con los líderes iraníes sin ninguna clase de condición previa, convencido de que puede conseguir cambiar su actual orientación a través de incentivos, y no de amenazas. También se opuso en su momento a la aprobación de la Patriot Act, la polémica ley por la que, entre otras cosas, se justifica la existencia del centro ilegal de detenciones de Guantánamo. Sus planteamientos son igualmente avanzados en lo relativo a medio ambiente y lucha contra el cambio climático. Plantea una drástica reducción de emisiones de gases contaminantes por parte de Estados Unidos en un 80 por ciento para el año 2050, y propone la inversión de 150.000 millones de dólares durante los próximos diez años en el desarrollo de energías renovables y no contaminantes.

Su programa incluye un plan que extienda la cobertura sanitaria de modo universal, empezando por la garantía inmediata de acceso a la salud de todos los menores de edad, y con la prohibición expresa para las compañías aseguradoras de negar la cobertura por un conocimiento previo de los historiales clínicos de los ciudadanos. Igualmente plantea una reforma en profundidad, y en sentido similar, del sistema educativo.

JOHN McCAIN

Al comienzo de la carrera electoral era el precandidato republicano que tenía menos opciones, a tenor de las encuestas. Sin embargo, se ha demostrado como el más fuerte y ya cuenta con más de la mitad de todos los delegados que necesita para ser proclamado candidato y, a estas alturas dobla en número de compromisarios a los dos rivales que aún continúan pugnando con él por la nominación.

Militar e hijo de militares, es de religión baptista y, pese a ciertas ideas conservadoras en materia social, como su oposición a los matrimonios homosexuales o al aborto, su discurso dentro de las filas republicanas ha marcado grandes diferencias con las políticas desarrolladas por la Administración Bush durante los últimos años, por lo que sus respaldos mayoritarios se encuentran en el sector más liberal del Partido Republicano.

Es el candidato más veterano, con 71 años, y ya disputó la opción a la presidencia George W. Bush en 2000. Nació en Panamá, donde su padre estaba destinado. Estudió en la Escuela Episcopal, y posteriormente ingresó en la Escuela Naval. Piloto de la Marina, fue derribado en Vietnam y hecho prisionero, pasando cinco años de su vida en esta condición. Es uno de los sucesos determinantes que han condicionado su posición contraria a los tratos inhumanos a prisioneros y las detenciones sin control judicial, habiendo expuesto en muchas ocasiones su disposición a cerrar el centro de detenciones de Guantánamo.

Poseedor de las más altas condecoraciones militares, fue nombrado enlace de la Marina con el Senado, puesto en el que comenzó a desarrollar su vocación política. En 1992 gana por primera vez el escaño de senador por Arizona, repitiendo en 1998 y en 2005, participando muy activamente en los comités de Comercio, ciencia y Transporte, en el de Relaciones Exteriores y en el de Asuntos Indígenas.

Fue partidario de la invasión de Iraq, y sostiene que no se puede producir una retirada de las tropas en las actuales circunstancias, al menos hasta que se produzca una reconciliación nacional y que la capacidad de autodefensa de este país sea efectiva. En cuanto a la posibilidad de un nuevo conflicto, en este caso, con Irán, McCain aboga por el incremento de la presión diplomática –no sólo estadounidense- y el endurecimiento de las sanciones. Sin apostar tan claramente como sus otros dos rivales republicanos por una intervención militar “en caso necesario”, no descarta esta opción en sus propuestas para evitar que el Estado persa se convierta en potencia nuclear.

Propone un gran pacto internacional para la disminución de la emisión de gases de efecto invernadero, pero con la condición indispensable de que se sumen a él India y China. En materia económica repite la fórmula de la bajada de impuestos, acompañada de una reducción del gasto público, del mismo modo que, a diferencia de los planteamientos de sus oponentes del bando demócrata, piensa que los servicios de salud deben mantenerse en el campo privado, aunque pide un pacto de estado para conseguir su extensión con un coste bajo. McCain también ha endurecido su discurso en materia migratoria. En la pasada legislatura, junto a varios senadores demócratas –entre los que se encontraba Hillary Clinton-, trató de impulsar una reforma de la Ley de Inmigración que consiguiera regularizar la situación de los 12 millones de inmigrantes en situación ilegal en el país. Ahora, en plena campaña, ha rectificado y apuesta por un endurecimiento de las condiciones de entrada y un control estricto.

MIKE HUCKABEE

Es el típico producto de la formación ultraconservadora del sur y de la influencia integrista religiosa. Michael Dale Huckabee, nacido en 1955, recibió su educación superior en la Universidad Bautista Guachita, siendo él mismo pastor baptista. Gobernador del Estado de Arkansas desde 1996. Antes de desarrollar su carrera política ejerció como ministro de la Iglesia Baptista en diversas iglesias y fue presidente de la Confederación Baptista de Arkansas.

Se convirtió en un personaje famoso en todo el país cuando consiguió perder más de 50 kilos de peso, al poco de ser elegido gobernador, por prescripción facultativa, ya que le fue diagnosticado un serio problema de diabetes. A partir de ese instante también comenzó una “cruzada” por la vida sana que trataba de ejemplificar en su persona con actos llamativos, como su participación en la maratón de Nueva York. Al comienzo de su mandato ponía en marcha un plan de extensión de los servicios sanitarios a toda la población infantil de su Estado, complementando la asistencialidad del Medicaid y el papel de los seguros privados. Pese a su talante ultraconservador en lo social –es firme opositor al aborto, con independencia de los diversos supuestos, enemigo de los matrimonios entre personas del mismo sexo, e incluso de la concesión de cierto estatus económico-jurídico a estas personas, y además se confiesa partidario de las teorías creacionistas-, sin embargo, a diferencia de los planteamientos tradicionales del Partido Republicano, durante su gestión en Arkansas ha aumentado notablemente los impuestos, y el papel de lo público se ha visto reforzado frente a la iniciativa privada., aumentando el gasto público en más de un 63 por ciento.

Partidario de la invasión de Iraq, de ataques “preventivos” contra Irán y del mantenimiento del centro de detención ilegal de Guantánamo.

Votar vuelve a ser ‘cool’ en EE UU

Una señora llamada Cristina Vásquez lo resumió muy bien en CNN News: “Llevo 36 años en este país y nunca había visto tanto entusiasmo por unas elecciones primarias”. Ese frenesí vivido el supermartes se tradujo en una alta participación del electorado y llegó a resultar en escenas de desbordamiento, largas esperas y caos. En algunas localidades de California fue preciso fotocopiar papeletas para permitir que todos los ciudadanos que acudieron a las urnas pudiesen ejercer su derecho al voto.

En esta afluencia masiva tuvo gran protagonismo la mezcla resultante de “juventud más tecnología” ocurrida durante los meses de campaña. En otras palabras, el papel adquirido por sitios web como Youtube, Facebook o Myspace parece haber sido clave para que los jóvenes se lanzasen a votar en masa. Frente a la apatía de generaciones pre-Internet, votar vuelve a molar entre los más jóvenes. La red se ha convertido en un auténtico foro para el debate político, incluyendo las ocasiones en que los cibernautas han podido formular sus preguntas a los diferentes candidatos políticos. (Una fórmula que utilizará TVE para las elecciones del 9 de marzo en España.)

Fórmulas y formatos aparte, es de justicia señalar que este entusiasmo se debe también a que los candidatos han logrado crear de nuevo interés por la política en un país que es perfectamente consciente de las grietas que tendrá que reparar cuando acabe la era Bush. (Para hacerse uno idea del grado de impaciencia que hay por perder de vista al actual presidente, y no sólo entre los demócratas, baste decir que existe una página en la red, muy popular, con ese nombre en inglés, “el último día de Bush”.)

Por otra parte, la jornada electoral se vio ensombrecida por los terribles tornados que azotaron los estados de Tennessee, Alabama, Kentucky y Arkansas, donde más de 50 personas perdieron la vida y centenares perdieron sus hogares. Desde este último estado, el republicano Mike Huckabee ponía en práctica ese sentido común que tan lejos le ha llevado en la carrera por la nominación republicana y pedía a la gente que se quedase en sus casas. Votar es importante, pero vivir lo es más.

El propio Huckabee protagonizó días antes una curiosa discusión con Mitt Romney donde ambos trataron de convencer al electorado republicano sobre quién de los dos era más conservador. De chiste, puede pensarse, más aún viniendo uno de Europa donde cualquier partido que pretenda vencer unas elecciones trata de apropiarse de ese espacio político llamado centro, acompañado de guiños a uno u otro lado. Pero esto es América, y auparse como “conservador oficial” de la campaña puede llevarle a uno hasta la Casa Blanca. También declararse liberal moderado, por supuesto, pero esa etiqueta ya se la adjudicó McCain hace bastantes mítines. Y al “bala perdida” de McCain –así lo llaman muchos - le está yendo a pedir de boca, como confirmaron sus importantes victorias del martes 5.

Por el lado demócrata, Hillary y Obama cantaron victoria casi al unísono. La primera, porque cerró la noche con más delegados, y el segundo, porque ganó en más estados. Ambos tienen motivos para el optimismo, y ambos, razones para no bajar la guardia ni medio palmo. Según informó Suzanne Malveaux desde Chicago, el equipo de Obama consideraba un buen resultado acabar el supermartes con una desventaja de 100 delegados por debajo de Clinton, confiando en que ellos subirán y Hillary, como mucho, se mantendrá. Y si de verdad ese era su objetivo, les fue muy bien, ya que Hillary se levantó el miércoles con “sólo” 80 delegados de ventaja.

En cuanto al voto latino, un comentarista televisivo pudo haber dado en el clavo al vaticinar que “si Obama sólo ha ganado el 52% del voto hispano en su estado –Illinois-, que se olvide de contar con el voto latino en otros estados”. El supermartes ha dejado claro que Hillary goza de mayor apoyo entre la comunidad hispana que Obama, pero la fascinación que éste ha levantado por todo el país empieza a no entender de razas, edades ni género.

Eloy Parra (Washington)

Giuliani o el gatillazo ante el ‘momentum’

La retirada de Rudolph Giuliani de la carrera presidencial ha sido explicada por los medios como un tremendo error estratégico del ex alcalde de Nueva York y de los asesores que con tan poco éxito han dirigido su campaña. Una estrategia que, coincidían todos, consistía en ignorar los estados de las primeras votaciones –Iowa, New Hampshire y Michigan, cuyo botín incluía pocos representantes para la suma final - para centrarse en las primarias de Florida del 29 de enero, de donde Giuliani confiaba salir victorioso para llegar al “supermartes” en la plenitud de eso que aquí llaman “momentum”.

Pues bien, en medio de esta unanimidad apenas cuestionada, hay algunos medios norteamericanos que se han preguntado si verdaderamente Giuliani ha prestado tan poca atención a los estados que inauguraban la carrera por la nominación presidencial. Según datos de ABC News, Giuliani fue el segundo candidato que más actos celebró en New Hampshire (126), por delante de McCain (quien se llevó la victoria en este estado) y sólo por detrás de Mitt Romney, con 176 apariciones. Otra cifra: hasta el 1 de enero, Giuliani se había gastado en este estado de la costa atlántica 2,5 millones de dólares en publicidad televisiva. Y en Iowa, donde apenas recibió votos, Giuliani viajó en varias ocasiones y financió a un equipo que gestionó su campaña en este estado. El propio director de campaña de Giuliani, Mike DuHaime, reconoció en otoño que “veían New Hampshire como una gran oportunidad”, y declaró que su equipo había intensificado sus esfuerzos desde finales del verano pasado. Probablemente son indicios suficientes para preguntarse en qué ha fallado realmente Giuliani, a quien se le han atribuido problemas de salud durante la campaña.

Así, cuando Rudy llegó a Florida ya fue tarde y para el electorado del estado soleado la nominación republicana se había convertido en cosa de dos: Romney y McCain. Gran parte de los simpatizantes de Giuliani acabaron votando a McCain, candidato de corte liberal a quien el “alcalde de América” ha decidido dar su apoyo

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