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Nº 774
11/2/2008
D N
Repolitizar la economía

Por José María Benegas

Con creciente importancia está planteado el debate sobre si la globalización está produciendo, entre otros múltiples efectos, un debilitamiento importante de lo que podríamos considerar con mayúsculas La Política, con todas las consecuencias negativas que esta pérdida de espacio supone en todos los órdenes. Parece evidente que la respuesta a este interrogante es afirmativa.

La democracia representativa ve acotados sus márgenes por la democracia mediática o de opinión y por los poderes económicos que, además, pueden situarse en campos difusos o actuar sin transparencia. De los tres poderes tradicionales, el político, el legislativo y el judicial, sólo los dos primeros están sometidos a verdaderos controles o contrapoderes. El judicial camina también cada día más suelto sin responder más que ante sus órganos de gobierno o de casación que no dejan de formar parte del mismo poder. De los nuevos poderes, el mediático tiene escasos controles, y el económico y financiero desborda, como hemos podido comprobar, en las últimas semanas, una vez más, de manera muy amplia a los poderes políticos que son sorprendidos una y otra vez por ingenierías financieras que aquéllos no controlan y sólo pueden reaccionar cuando el tsunami económico se viene encima con efectos imprevistos y consecuencias todas muy negativas para las economías nacionales.

El actual proceso de globalización es económico, como ya hemos señalado. El dinero se desnacionaliza. En mi libro El socialismo de lo pequeño (Editorial Temas de Hoy, año 1.997) citaba a Richard Petre-
Ila que describía ya entonces la situación de manera clarividente: "Las estructuras de poder emergentes diseñan una organización del mundo dominada por nuevas oligarquías, fundadas en grupos sociales y élites que han adquirido un poder de decisión y de control fuera de las formas de representación y de legitimación política y sociales de los estados–nación".

Determinados economistas progresistas hablan ya de supercapitalismo o de turbocapitalismo en el que el viejo esquema del capitalismo organizado con sus reglas de competencia, sindicatos potentes, patronos preocupados por el bien público ha muerto definitivamente a manos de la financierización (El vocablo es horrible) de la economía, como señala Bob Reicha, profesor de política pública en la Universidad de Berkeley.
La despolitización de la economía ha llevado a aceptar la autonomía plena de los Bancos Centrales nacionales o en su caso regionales, sin que los poderes políticos conserven capacidad de influencia sobre sus decisiones, muchas de las cuales, como las oscilaciones de los tipos de interés, afectan a millones de ciudadanos. La especulación financiera, en cuanto traspasa las fronteras del estado-nación, carece de mecanismos mínimos de control de los movimientos de capitales. A este respecto no quiero dejar de mencionar, desde la perspectiva de la necesidad de controlar al nuevo capitalismo desnacionalizado, o si se prefiere, internacionalizado, la propuesta de James Tobin consciente en fijar impuestos para las tasaciones de cambio, a fin de permitir a los gobiernos tener un mínimo control sobre los movimientos de capitales. La idea fue aprobada en su día por personalidades como Francois Mitterand, Jacques Delors, Boutros Ghali, etc. Sin embargo, una conspiración de silencio ha rodeado el proyecto. El principal obstáculo es de orden político, ya que la idea va en contra de todos los grandes principios neo-liberales –reducción de impuestos, consecución de la liberalización financiera, retirada de los poderes públicos– que son defendidos por los gobiernos neoconservadores.

La izquierda debería plantearse la necesidad de la repolitización de la economía, de frenar la libertad del capital, de establecer mínimos controles para corregir los efectos perversos de un mercado global que opera sin ningún tipo de reglas en cuanto a la economía financiera y determinados sistemas económicos como los que se están desarrollando en el modelo asiático de producción capitalista. Richard PetreIla, citado anteriormente, se plantea el debate sobre sin con incontrolables los nuevos poderes económicos transnacionales y planetarios. Apunta ideas tales como la posibilidad de crear nuevas instituciones en el marco de Naciones Unidas, como un Consejo de Seguridad Económica o una Alta Autoridad Mundial de Seguridad Informática, así como instancias capaces de administrar los bienes comunes de la humanidad y velar por la aplicación de las convenciones de la Organización Mundial del Trabajo o de las medidas aprobadas en la Cumbre de Río de 1992. Repoli-tizar la economía debe ser un objetivo que la izquierda debe plantear y debatir con la finalidad de extraer unas primeras conclusiones operativas. •

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