A ver si Rajoy se entera
de qué va la vaina
En un diario digital de la derecha –casi todos los periódicos
digitales se mueven en la derecha–, anunciaban el mitin de José Luis Rodríguez Zapatero y Felipe González juntos, con la ministra Carme Chacón de candidata número 1 por la circunscripción de Barcelona, acto previsto en la ciudad de L'Hospitalet para el 16 de febrero, y lo calificaban de "mitin con mucho morbo". ¿La razón? Podía leerse esto: "ZP, angustiado por un posible batacazo en Cataluña, recupera a Felipe".
Ciertamente, ese mitin catalán en territorio Montilla –territorio de miles y miles de usuarios de trenes de Cercanías– resulta llamativo, aunque no parece que hoy por hoy Zapatero esté preso de ningún tipo de angustia respecto a los resultados en Cataluña. Se celebrará en una ciudad –la segunda en número de habitantes de Cataluña– gobernada por Celestino Corbacho, veterano dirigente socialista, que formó parte de la Comisión Gestora del PSOE durante la delicada transición de Joaquín Almunia a Zapatero, y que es presidente de la Diputación de Barcelona.
Y que encarna en cierto modo, como nada menos que el presidente de la Generalitat, la Cataluña charnega, si se me permite tan conocida como coloquial expresión. Esa Catalunya de la barreja o de la mezcla es uno de los graneros más nutridos de votos socialistas. Pero que nadie se engañe. También muchos catalanes de origen vienen votando desde las generales de 1977 mayoritariamente socialista. Incluso en los comicios de 1996, cuando por la mínima José María Aznar derrotó a González, en Cataluña triunfó el PSC.
González sigue siendo en Cataluña un referente de respeto y admiración. Como lo es –según pudo comprobarse el 14-M y según numerosos síntomas– Zapatero. Parece lógico que Ferraz haya considerado hábil y oportuna la jugada de reunir en un mismo mitin a González y a Zapatero. Máxime después de que las relaciones entre ambos hayan experimentado una enorme mejoría.
A ello también han contribuido, y mucho, los torpes estrategas que pululan por Génova 13. Recuérdese que tanto Mariano Rajoy como sus compañeros de dirección y no pocos portavoces mediáticos de la derecha se han pasado los últimos tiempos ensalzando a González e incluso a Alfonso Guerra con el fin de contraponerlos a Zapatero. Aquellos que, cuando gobernaba el PSOE de González y Guerra, se dedicaron a acribillarlos sin piedad y, en muchas ocasiones, sin fundamento los han alabado ahora.
González y Guerra han sido presentados por el PP como estadistas respetables o como españoles de bien. Mientras tanto, golpeaban a Zapatero como si éste fuera un irresponsable o un "bobo solemne" (Rajoy dixit) y, sobre todo, un enemigo de España. Lo único que han conseguido los voceros populares con tan estúpido recurso dialéctico ha sido el cierre de filas en el interior del PSOE y, más aún, en la cúpula del partido socialista.
González ya protagonizó hace unas semanas en Barcelona un multitudinario mitin de apoyo a Chacón, en el que participó José Montilla, el padrino político de la titular de la Vivienda. Como es sabido, Chacón se casó recientemente con Miguel Barroso, ex secretario de Estado de Comunicación con Zapatero y uno de los hombres más influyentes en el círculo de confianza del actual presidente. Pero Barroso fue hace quince años el preparador –con José Miguel Contreras– de González para su segundo y decisivo debate televisivo con Aznar, el realizado en Tele-cinco. A ver si, poco a poco, Rajoy se va enterando de qué va la vaina.•
Enric Sopena |