Hemeroteca Esta semana
 
Nº 774 - 11/2/2008

Ricardo Blázquez, aún más debilitado de cara a las elecciones de los obispos

ROUCO MARCA EL PASO

El sector más conservador de los obispos está tomando posiciones de cara a la elección de su nuevo presidente, que tendrá lugar la misma semana en que los españoles acudirán a las urnas para votar al próximo Gobierno. El comunicado de la Conferencia Episcopal criticando la negociación con ETA lleva el sello de un grupo que todavía no tiene, al menos oficialmente, candidato para disputar el cargo al obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, cabeza visible de los moderados. Aunque todas las miradas apuntan al derrotado por Blázquez hace tres años, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, éste todavía no se ha postulado públicamente. En juego están las relaciones de la Iglesia con un futuro Gobierno del PSOE, que parece haberse plantado ante los ataques de un colectivo al que ha hecho muchas concesiones esta legislatura.

Por Manuel Capilla

Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, ni puede tenerla como interlocutor político". Esta frase, reflejo del sector del obispado afín al PP y publicada el 30 de enero en la nota de la Conferencia Episcopal que fija los principios sobre los que los cristianos deben ejercer su derecho a voto el próximo 9 de marzo, ha sido la gota que ha colmado la paciencia socialista con los obispos.

En Ferraz se entiende que la Conferencia Episcopal ha cruzado una línea roja grave, no tanto por hacer el juego una vez más a Génova, sino por intervenir en el proceso electoral aludiendo a un asunto que no les compete directamente y negando el voto a un partido. Un suceso ante el que ya no es posible mirar hacia otro lado. Así las cosas, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco ya ha mandado un aviso a navegantes, advirtiendo a los obispos de que "nada será igual después del 9-M en las relaciones de la jerarquía eclesiástica con el Gobierno". Blanco, sin dar detalles de cómo se verían alteradas esas relaciones, sí ha hecho referencia a que la Iglesia lleva tiempo anunciando que camina hacia la autofinanciación, pero ese camino no se termina de definir, por lo que habrá que consolidarlo, "dando pasos definitivos hacia esa dirección". Aunque, "es verdad que cada vez lo tiene más difícil porque cada vez son menos los seguidores de esta jerarquía eclesiástica".

Aunque Zapatero ha demostrado que continúa con la mano tendida tras el anuncio de que se reunirá este martes con el representante del Vaticano en España, desde el Gobierno se entiende que a lo largo de la legislatura se han hecho demasiadas concesiones a la Conferencia Episcopal. Se aumentó en casi dos décimas, del 0,52 por ciento al 0,7 por ciento, la aportación voluntaria del IRPF a cambio de la supresión de la dotación directa del Estado a la Iglesia. También se permitió que la asignatura de religión, el instrumento principal con el que transmitir el evangelio a los futuros ciudadanos, sea de oferta obligatoria en los centros y, en la práctica, igual que cualquier otra asignatura, aunque posteriormente no compute en el expediente académico. Y sin embargo, a cambio sólo se han recibido ataques constantes en relación a la reforma del Código Civil que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, la asignatura de Educación para la Ciudadanía o, incluso, la reforma de los estatutos de autonomía.

Quizá la dureza de las palabras de Blanco atienda a que en el PSOE se da por hecho que el ala dura se terminará por imponer, haciéndose de nuevo con la presidencia de la Conferencia Episcopal en la Asamblea Plenaria que se celebrará entre el 3 y el 7 de marzo. Si no, es difícil de entender que el secretario de Organización socialista no haya tenido un gesto para Blázquez, que posee un talante más proclive al diálogo y menos exaltado que el sector representado por, además de Rouco, el portavoz de la CEE, Antonio Martínez Camino, el arzobispo de Toledo y vicepresidente de la institución, Antonio Cañizares y el arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco.

Daría la razón a Blanco el hecho de que las únicas voces disidentes con un comunicado tan políticamente posicionado sean las de quienes han venido desmarcándose de las posiciones conservadoras episcopales a lo largo de la legislatura: la del cardenal arzobispo de Sevilla, Carlos Amigo, y la del abad de Montserrat, Josep Maria Soler. Amigo, en su tono conciliador habitual, ha defendido la unidad "para buscar el bien, la paz y la concordia entre todos", haciendouna llamada a "mirar hacia lo alto y ver que hay valores por los que merece la pena siempre esforzarse por buscarlos". Por su parte, Soler ha seguido una línea parecida a la del cardenal de Sevilla, indicando que la Iglesia debe perseguir sus ideales "a través del diálogo y de la misericordia, y no de la confrontación", pero ha añadido un punto de crítica explicando que "los cristianos, respetando las conciencias de las personas y la autonomía de la comunidad política, hemos de ser servidores de la sociedad de la que formamos parte".

Blázquez ya ha mostrado su disposición a volver a optar al cargo, pero en principio sería difícil que pudiera continuar en él porque la mayoría en la cúpula eclesiástica simpatiza con los postulados conservadores de Rouco. En 2005 consiguió acceder a la presidencia con un margen muy apretado, 40 votos frente a 37, y en tercera votación. Fue decisivo el hecho de que su rival, el cardenal de Madrid, necesitara dos tercios de los votos para hacerse con la victoria al presentarse a un tercer mandato consecutivo, según estipulan los estatutos de la Conferencia Episcopal. El que Rouco sólo se quedara a falta de uno para salir reelegido y que esta vez le baste con la mayoría simple para volver al cargo dan algunas pistas acerca de cuál puede ser el desenlace.

En contra de Blázquez juega también el hecho de que el sector duro ha salido muy reforzado tras sobrepasar la teórica autoridad de su presidente, socavando su poder y presentándose de cara a los españoles como la postura oficial del clero. Por ejemplo, su alusión al perdón durante la Asamblea Plenaria del Episcopado celebrada en noviembre dio pie a ser interpretada como un tímido arrepentimiento de la jerarquía católica por su actuación en la Guerra Civil, un extremo que fue totalmente desmentido por su portavoz, Martínez Camino.

A favor del obispo de Bilbao está que, tradicionalmente, todo presidente de la Conferencia Episcopal que se ha presentado a un segundo mandato ha sido refrendado. Además, siendo como ha sido todo este tiempo el más contemporizador en los choques con el Gobierno, no es descartable que se puedan inclinar hacia él ciertos votos en los que pese el hecho de que, probablemente, el Gobierno que salga de las urnas el 9 de marzo esté encabezado de nuevo por Rodríguez Zapatero y sea necesario convivir con él otros cuatro años.

Aunque no haya manifestado su deseo de ocupar la presidencia de la CEE a diferencia de Blázquez, Rouco Varela será, salvo gran sorpresa, el rival del actual presidente para volver al cargo. El que no haya dado un paso al frente se debería, según expertos en temas eclesiásticos, a que no quiera exponerse a una segunda derrota. Y es que el inesperado triunfo en 2005 de la candidatura alternativa de Blázquez ya fue bastante duro como para arriesgarse a volver a digerirlo.

Además, en el haber de Rouco se encuentra el que todavía goza de un enorme predicamento tanto fuera como dentro de la Conferencia Episcopal, midiendo sus palabras para criticar duramente al Gobierno sin caer en la exaltación de Cañizares. Así, mientras éste defendía abiertamente la insumisión y la objeción de conciencia contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, Rouco recomendaba a los padres que utilizaran los medios legales a su alcance para evitar que se les impartiera a sus hijos.

Y es que Cañizares ha encontrado objeciones que poner incluso al 'cheque bebé' puesto en marcha por el Gobierno. Un día después de que Rodríguez Zapatero anunciara la medida, el arzobispo de Toledo afirmó que "no se puede decir que la familia va bien y que se la ayuda con unos cuantos euros cuando resulta que en España" existen "leyes divorcistas que desfiguran la verdad de la familia asentada en el matrimonio de un hombre y una mujer".

Pero por mucho que suavice sus intervenciones, el liderazgo de Rouco entre los sectores más conservadores de los obispos es incuestionable, como se puso de manifiesto el día 30 de diciembre con el acto multitudinario en apoyo de "la familia cristiana" convocado por el Arzobispado de Madrid. El encuentro se convirtió en el foro perfecto para que la cúpula eclesiástica cerrase 2007 reuniéndose para criticar duramente al Gobierno. Tras las intervenciones de Blázquez, Cañizares y García-Gasco, Rouco cerró el acto afirmando que "nos entristece constatar que nuestro ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a lo que la Declaración Universal de los Derechos Humanos reconocía hace 70 años. A saber: que la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegidapor la sociedad y el Estado".

Mientras, desde el Vaticano no llegan señales que apuntalen la débil posición de Blázquez, el único presidente de una Conferencia Episcopal europea que no ha sido nombrado arzobispo por Roma. Lo cual no excluye que el Vaticano se dedique cuando puede a poner una vela a Dios y otra al diablo. Voces expertas en la Santa Sede coinciden en que desde Roma se considera que las cosas en la Conferencia Episcopal están bien como están, con Blázquez como presidente y con Cañizares como vicepresidente, ejerciendo de contrapeso.

El nombramiento de cardenales españoles realizado en octubre demuestra que, de momento, el Vaticano no se moja del todo en la lucha de los obispos por el poder. Así, fueron elegidos para ingresar en el Colegio Cardenalicio Urbano Navarrete, que no tiene una posición política definida, el arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, próximo a Blázquez, y García-Gasco.

Las especulaciones acerca de que estos nombramientos serían el preludio de una reordenación de los obispados españoles han existido en los últimos meses. Blázquez es unos de los nombres que han sonado para pasar a encargarse de una diócesis más importante que la de Bilbao, lo que supondría un gesto de apoyo a su postura ideológica. Según estas especulaciones, Blázquez podría ser enviado a la diócesis de Oviedo o a la de Valencia, la segunda más importante de España en número de fieles.

Aunque al margen de hipotéticas remodelaciones, lo que ha quedado claro es que los nombramientos de nuevos arzobispos se han localizado en las diócesis teóricamente próximas al sector más conservador. Esto ha dado lugar a que en lugares como Málaga, a cargo de un moderado, el nombramiento se haya ido postergando.

Parece claro, por tanto, que Ricardo Blázquez no ha llegado a las elecciones de la Conferencia Episcopal en una posición muy cómoda para renovar su mandato. Aunque deba tenerse en cuenta que sea imposible hacer un pronóstico sobre las elecciones, y más con el precedente del propio Blázquez, los duros han demostrado que están muy reforzados y que, como ha explicado Antonio Cañizares, la Iglesia no callará, aunque esto "le traiga juicios falsos e injustos".•


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