Hemeroteca Esta semana
 
Nº 774 - 11/2/2008

Joan Clos, ministro de Industria

"LA "LA ECONOMÍA NO NOS VA

A AMARGAR LA CAMPAÑA"

Tiene bajo su tutela la industria y el turismo del país y, a pesar de reconocer que nos hayamos inmersos en una desaceleración económica, está convencido de que los resultados de la gestión de los últimos cuatros años han sido tan buenos que no van a amargar la campaña electoral al Gobierno. Candidato por primera vez al Congreso de los Diputados, no cree que la crisis del AVE o las Cercanías de Barcelona vaya a restar votos a los socialistas ya que los problemas llegaron, justamente, porque el Gobierno está haciendo lo que los anteriores no hicieron: subsanar el déficit en infraestructuras de Cataluña. Asegura que no hay ningún problema entre el PSC y el PSOE y se niega hablar de CiU como posible socio ya que él sólo trabaja por lograr una mayoría suficiente para gobernar.

Por Inmaculada Sánchez

Le va a amargar la economía al Gobierno la campaña electoral?
— Creo que no, porque el resultado global de la economía durante todo el mandato ha sido muy positivo, con unos crecimientos importantísimos, con generación de empleo... Ahora hay una desaceleración evidente, fruto de una coyuntura internacional, pero ésta no puede empañar, de ninguna manera, una gestión que ha sido, yo creo, buena, como se puede ver en las cifras de generación de empleo o de superávit.

— A pesar de esas cifras, sin embargo, muchas voces apelan ahora a la necesidad de un cambio en el modelo productivo de nuestro país. Por lo que conoce el ministro de Industria, ¿Es eso posible en el medio plazo? ¿Puede la industria asumir los desempleados de la construcción?
— Lo que se va a dar es una adecuación del tamaño de los sectores. Seguramente, el de la promoción inmobiliaria va a tener durante un tiempo un crecimiento menor. Sabemos que el número de casas que se han hecho durante los últimos años ha sido espectacular y es lógico que esto no sea eterno. Es imposible.
Lo que prevemos, por tanto, es una adecuación de este sector. En cambio, nuestra economía está generando muchísimos empleos en servicios, además de una forma constante y permanente. El gran motor de la creación de empleo en los últimos años ha sido una economía más terciaria, más de servicios, más de valor añadido, más de conocimiento. Y esto, previsiblemente, va a continuar siendo así en el futuro. Por su parte, la industria, como ocurre en el resto de Europa, se caracteriza por un incremento constante de la productividad. Este es el modelo general que vemos en las economías más dinámicas y que han pasado por situaciones parecidas a la nuestra. Esto es lo que prevemos que va a pasar en los próximos años.

— Mariano Rajoy ha acusado al gobierno 'de no hacer nada. De dejar que la economía siga su curso sin hacer nada. ¿Puede hacer algo ahora el Gobierno para atenuar la desaceleración que se nos viene encima?
— Naturalmente. El ritmo de inversión que estamos promoviendo desde el Gobierno en infraestructuras y en investigación y desarrollo, por ejemplo, son dos componentes espectaculares en nuestros Presupuestos. Son cantidades que nunca había visto nuestro país. Y hacen referencia, por un lado, a la generalización del AVE por todo el territorio nacional y a continuar el ritmo de inversión pública en la red de carreteras, y, por otro, a la I+D+i. En el Presupuesto de este año tenemos más de 9000 millones de euros dedicados a esta partida. Es, además, una forma de contribuir a cualificar el valor de nuestra economía haciéndola más productiva. Por tanto, sí tenemos políticas públicas. Y, especialmente en estos momentos de una cierta desaceleración, consisten en contraprogramar con más inversión pública y más I+D+i.

— El presidente Zapatero llegó a hablar hace unos meses de conseguir el pleno empleo en España. ¿Cree el ministro de Industria ahora que esto pueda ser posible?
— Bueno, hemos demostrado un dinamismo en la generación de empleo en España en este mandato espectacular con la creación de tres millones de nuevos puestos de trabajo y superando, por primera vez en nuestra historia económica los veinte millones de personas empleadas. Aquí, el futuro del empleo dependerá del dinamismo de nuestro sector económico a la hora de competir en los mercados europeos y globales a la hora de generar riqueza. En los últimos años hemos constatados que nuestras empresas son capaces de hacer este esfuerzo y de conseguir arañar estos puestos en el comercio mundial. Curiosamente, España, junto con Alemania, somos los dos únicos países europeos que no hemos perdido cuota de mercado en el comercio internacional a pesar de la eclosión de China e India. Nos mantenemos en el 1,8 por ciento de comercio mundial. Esto quiere decir que el ritmo de nuestra internacionalización es muy competitivo.

— ¿En qué sectores tiene usted puestas mayores esperanzas? ¿Dónde tenemos las empresas más fuertes?
— Hay un gran sector, del que normalmente no hablamos, pero que es la espina dorsal de nuestra industrialización, el automóvil. Nosotros seguimos fabricando alrededor de tres millones de coches al año. Y lo estamos haciendo con gran esfuerzo porque competimos en el seno de las propias marcas para que ubiquen fabricación en España. Es una competencia durísima y dice mucho de la excelencia de nuestras fábricas y de la competitividad de esta estructura productiva. Además, nuestro primer sector industrial es el agroalimentario. Hace unos cuantos años estábamos admirados por la potencia de Italia en este sector en el mundo. En estos momentos podemos decir que hay empresas españolas que han entrado en el mercado italiano y estamos liderando mercados mundiales, por ejemplo, en el sector del aceite o en el de preparados y envasados. Otro sector en el que tenemos una fuerza reconocida es el químico. Pero luego tenemos los servicios. El turismo continúa siendo una fuente de estabilidad y de buenas noticias. Y la banca, que tiene un nivel de saneamiento y una competitividad internacional muy reconocida. También las empresas constructoras y de infraestructuras, y las de energías renovables. Todos estos sectores que he mencionado han demostrado su valía en los mercados globales. Ya están curtidos en la competencia internacional. Ahora, no debe atemorizarnos una posible desaceleración de las economías occidentales. Como será común a todas, lo que va a quedar es la capacidad de unos para competir con los otros. Creo que en estos sectores hemos dado pruebas de esta capacidad, estemos en situación de crecimiento acelerado o en situación de desaceleración.

— A pesar de ello, empresas españolas importantes siguen siendo presa de compañías internacionales. lberdrola, a la que pretende la francesa EDF, es el último caso sonado. ¿Cree el ministro que Iberdrola debe mantenerse tal como está o puede trocearse?
— Lo primero es que no se trata de lberdrola. No hay ninguna propuesta, ni oferta, ni negociación política establecida con Iberdrola. No hay caso aún, por tanto. Los comentarios que hay ahora son precipitados. No se ha hablado de ninguna empresa en concreto. Ya veremos cómo se concreta la pretensión de EDF de entrar en el mercado español, pero ni hemos hablado con ellos aún.

— Pero si EDF pretende negociar su entrada en el mercado energético nacional, cuál es la posición del Ejecutivo al respecto? ¿Estaremos ante otro problema político, como, en su día fueron los intentos de compra de Endesa?
— Espero y deseo que no. Porque, además, el gobierno francés y EDF han dejado muy claro que pretenden una presencia en el sector energético español pero de acuerdo, de la mano, y negociando con el Gobierno. No será, por tanto, una situación hostil ni conflictiva. Sino, eventualmente una situación amistosa y basada en el diálogo y el compromiso. No preveo que tengamos una situación dramática y conflictiva como tuvimos en el caso de Endesa. EDF tampoco ha especificado ni en qué empresa ni de qué manera quiere entrar en el mercado español. No es necesario ni obligatorio que sea en Iberdrola. Puede ser a través de otros mecanismos. De todas formas, lo que más me interesa es que a nuestras empresas también les apetecen empresas extranjeras. ACS compró recientemente una de las constructoras alemanas más importantes, Ferrovial se quedó con los aeropuertos de Inglaterra, Sos Cuétara se ha quedado con no sé cuantas empresas en Italia... Estamos en un mercado global y las inversiones son en las dos direcciones. Esto forma parte de una nueva realidad.

—En todo caso, ¿Cuál es la posición de principio del Ministerio de Industria en relación a la entrada de empresas extranjeras en el mercado energético español?
— Lo más importante es que tenemos que garantizar el buen funcionamiento del mercado interno y la competencia. Por tanto tenemos que tener mayor número de operadores y mayor competencia en el mercado eléctrico. Para seguir el modelo de energía previsto por la Unión Europea de establecer un mercado fluido, transparente y de. verdad, es decir, que haya competencia entre las compañías. Este es un punto fundamental porque nuestro primer objetivo es conseguir una energía a precios competitivos con el resto de países europeos. No nos preocupa tanto de quién es una empresa u otra sino que haya competencia y que haya energía a precios baratos. Esto será la guía y el norte de la actuación del ministerio.

— Manuel Pizarro fue el protagonista del último culebrón económico-político por el intento de compra de Endesa. Ahora es el número dos de Rajoy en la lista al Congreso. ¿Qué opinión le merece el salto de Pizarro a la arena política dada su anterior actuación?
— Es una decisión personal del señor Pizarro. Todo el mundo puede dedicarse a la política. Estamos en un país libre. Lo que yo no creo muy adecuado es que el mundo del dinero y el de la política estén entremezclados. Los empresarios tienen que trabajar y conseguir que sus empresas sean eficientes y competitivas y los políticos, que el país funcione lo mejor posible.

— ¿No les inquieta, por tanto, la llegada de Manuel Pizarro como gurú económico del PP enfrentado a Solbes?
— Los españoles tienen la oportunidad, ahora, de escoger entre dos modelos diferentes. Nosotros defendemos el modelo que hemos desarrollado estos cuatro años, que se ha caracterizado precisamente por un gran crecimiento económico, por una excelente gestión de las cuentas públicas, por la generación de un verdadero superávit y por una sociedad más relajada y optimista frente a la visión apocalíptica, hiperdramática y angustiada que nos plantea el PP. Por tanto, no me cabe ninguna duda cuál elegir. Espero que los españoles también lo tengan claro el próximo 9 de marzo.

— ¿Creen haber conseguido, entonces, que los ciudadanos no piensen que la economía la gestiona mejor la derecha?
— Evidentemente que no la gestiona mejor. Hemos probado justamente lo contrario. A nosotros nos interesa el sector público y tenemos interés en que la economía funcione de forma perfecta, sincronizada y excelente, en defensa de un país integrado y cohesionado. La única gestión económica que hace la derecha es la reducción de los servicios públicos y la disminución del peso del Estado, sin pararse en detalles. Por eso hemos tenido, por ejemplo, que incrementar las fuerzas de seguridad en unos 18.000 agentes más porque, en la etapa del PP, en contra de lo que predicaban, lo único que hicieron fue disminuir las fuerzas de seguridad del Estado. Nuestra buena gestión económica nos permite invertir en infraestructura y hemos multiplicado por tres lo que invirtió el PP en su mandato. Esto es de una evidencia palmaria. Es evidente que gestionamos mejor la economía que la derecha.

— Hablando de gestión, la obras de infraestructura en Cataluña, desde el AVE a las cercanías, les han dado más de un disgusto últimamente. ¿Cree usted que los socialistas van a pagar caro estos problemas en cuestión de votos el próximo 9 de marzo?
— Yo, sinceramente, espero que no. Y que nuestros ciudadanos entiendan lo que es obvio: que los problemas han surgido porque se están haciendo las obras. En tiempos del PP no los hubo porque no se hacían las obras. Es precisamente el compromiso por resolver el déficit de infraestructuras de Cataluña el que nos ha generado estos problemas. Pero se están investigando y subsanando. Sería bastante paradójico que el gobierno que se ha decidido a resolver lo que los anteriores no habían resuelto tenga que pagar por ello. Nuestros ciudadanos son maduros y conscientes y espero que comprendan la verdad de las cosas.

— No hubiera sido necesario un gesto de asunción de responsabilidad política... quizá la sustitución de la ministra de Fomento, tal como pidieron todos los partidos catalanes, salvo el PSC?
— Según con qué gestos enturbias más el fondo de la cuestión. Y el fondo es que este gobierno es el que ha hecho las inversiones. Esto es lo que tiene que quedar claro. Otra cosa son las peticiones de la oposición. El compromiso que ha hecho el gobierno Zapatero de reconocer en el Estatuto de Cataluña la cláusula adicional tercera y una cierta deuda histórica de inversión de 34.000 millones de euros en siete años es, de verdad, el tema fundamental de las relaciones entre Cataluña y el resto de España.

— ¿Cómo están ahora las relaciones entre PSC y PSOE después de la crisis de las cercanías? ¿Son suficientes para el PSC los dos ministros que actualmente tiene en el Gobierno de España?
— No se trata tanto del número sino de la relación y la capacidad de comunicación. En este sentido creo que en estos momentos no tenemos ningún problema, ni los preveo en el futuro.

Usted va de número dos en la candidatura de Barcelona tras Carme Chacón. ¿Se siente agraviado por la "cuota femenina" o por la exigua cuota dejada para la "vieja guardia"?
Ni por lo uno ni por lo otro. Lo importante de nuestra candidatura en Barcelona es que queremos dar una señal de juventud, ilusión y optimismo. Y esta señal Carme Chacón la da perfectamente. Además es una gran ministra y estoy seguro de que es una lista muy proporcionada y equilibrada. Yo, quizás, aporte más la experiencia, lamentablemente –ya me gustaría aportar juventud- pero la vida es así. Y está muy bien. La presencia de Carmen es refrescante e ilusionante.

—Usted ha trabajado muchos años junto a Pasqual Maragall en el ayuntamiento de Barcelona. ¿Le ha sorprendido, o decepcionado, que ahora pida el voto en blanco en las próximas elecciones?
— Pasqual siempre ha tenido un carácter muy independiente. A mí no me sorprende, aunque, evidentemente, no lo comparto.

— Si, tras el 9-M, el PSOE tiene que contar con socios de gobierno. ¿Sería posible que fuera CiU sin que el gobierno del PSC en la Generalitat se resintiera?
— Yo ya tengo demasiada experiencia como para hacer comentarios sobre alianzas poselectorales antes de las elecciones. Lo importante ahora es centrarnos en que para el gobierno del país conviene una mayoría suficiente para continuar haciendo las transformaciones y las reformas que estamos haciendo en el campo social, de los derechos cívicos y en el campo económico. Tiempo habrá, si es que hay que hablar de ello, de decir con quién y cómo se negocia.

—Usted es médico de profesión y habrá seguido con atención las inspecciones y detenciones en algunas clínicas acreditadas para realizar interrupciones del embarazo en Cataluña. ¿En la polémica que se ha generado, cree que es necesario modificar la actual ley del aborto?
—La ley del aborto ha funcionado bien hasta ahora. Si ha habido conductas incorrectas tenemos, como Estado, mecanismos para corregirlas. Esto no implica que cada vez que surja un problema se tenga que revisar la legislación.

— Pero dentro del propio PSOE hay voces que reclaman una reforma y una ampliación de la normativa hacia una ley de plazos. ¿Cuál es su opinión concreta al respecto?
—La experiencia ha demostrado que la ley ha funcionado todos estos años sin problemas. Por tanto no veo por qué hay que cambiarla en estos momentos.

— ¿Se ve ocupando este mismo despacho después del 9-M?
—Eso lo decide el presidente.•


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